CON TRUMP, NO

Estoy bastante convencido. Con Trump en la presidencia de los USA, Putin no se habría atrevido a invadir Ucrania. ¿Porque?. Simplemente, Putin respetaba más a Trump que a Biden. Lo respetaba o lo temía. Que a veces el respeto encubre un acusado temor.

Claro que uno puede preguntarse si es suficiente este ingrediente personal, para detener o descartar una determinada estrategia bélica. Creo que sí. Que los aspectos personales pueden ser muy determinantes a la hora de asumir riesgos e iniciar determinadas aventuras.

A Putin le gustaba Trump. Y lo había demostrado en varias ocasiones. Imagino que el paso que dio Trump para iniciar un diálogo con Corea del Norte, le debía parecer una decisión imaginativa y audaz. O decirles a los europeos que tenían en el futuro que asumir más responsabilidades en la financiación de la OTAN, rompiendo una tradición de años.

No hace falta insistir en que Trump fue un presidente tremendamente discutido. Fuera de los Estados Unidos, por supuesto. Y mucho en Europa. Pero me pregunto, con quien estaba Occidente más seguro. ¿Con Trump?. ¿Con Biden?. ¿Qué me contestais?

En política internacional, la iniciativa tiene su importancia. En ocasiones, determinante. La iniciativa vinculada al «timing» en la toma de decisiones y la asunción de un cierto liderazgo. En la actualidad no estoy tan convencido que Biden y sus aliados de la UE lleven la iniciativa en el conflicto de Ucrania. El liderazgo en una u otra vertiente del Atlántico o no existe o es débil, de una absoluta inconsistencia. Putin se aprovecha de ello.

Me preguntareis que todo esto que estoy escribiendo, podría asumirse. Pero que la realidad es la que es. Y no podemos volver atrás. Y que a partir de ahí, lo que interesa es saber, qué se ha de hacer para terminar esta pesadilla. Y con los políticos que hoy tenemos. Porque algún día habrá que terminarla.

No digo que tengamos que apelar a Trump. Pero me resisto a aceptar que tanto la UE como los USA no cuenten con los mecanismos y con la fuerza suficiente para buscar una fórmula que permita el cese de hostilidades. Si nos hallamos ante una pugna entre bloques, habrán de ser los políticos que representen estos bloques, quienes tengan la voz y la palabra en la negociación.Sucedió algo semejante en Yalta, al final de la segunda contienda mundial. El escenario hoy es distinto. Pero existen algunas semejanzas. Pese a todas las insuficiencias que he señalado más arriba, ¿Reunir en una mesa a Biden, Putin, Scholz, Johnson?

¿Porque no? ¿Imposible? ¿Quién da el primer paso?.

24 de abril de 2022

¿VIVIR SIN RUSIA?

¿Vivir sin Rusia, como un hermano proscrito lanzado a las tinieblas?
Muy complicado. Casi imposible. Prescindir de un gigantesco país, de sus recursos naturales, de su posición geográfica en la encrucijada de muchas civilizaciones, va a ser una tarea de difícil ejecución.

Y sin embargo hoy día no parece exista otra opción que olvidarnos de Rusia, abandonarla, condenarla por sus horrendos pecados. Un nuevo telón de acero. Y así que empresas, grupos industriales del bloque occidental renuncien a hacer negocio con Rusia, a estar presentes en sus mercados. A comprar o vender cualquier tipo de mercancía.

Sí, esta es la consigna. La moneda de cambio a tanta destrucción y tanta muerte. Pero, casi todas las afirmaciones por contundentes que sean tienen un “pero”. Y éste simplemente significa, si podemos prescindir de un vecino tan incomodo y a su vez poderoso que nos suministra gas, petróleo, carbón, en cantidades tan importantes. Y si lo podemos hacer mañana o pasado. 

Y la respuesta es que no. No es que hayamos vendido nuestra alma al diablo, pero sí que el diablo ha estado trabajando tenazmente para hacerla suya. Para condicionar la política europea a los designios del Kremlin. Simplemente con una llave mágica. La que abre la espita del gas. Y hasta ahora los resultados no le han sido desfavorables. La Invasion de Ucrania la pagamos nosotros. Y además no podemos dejar de hacerlo.

Pensar por tanto que podremos prescindir de Rusia no es más que una ilusión. Pero hoy toca decirlo. Y quizá empezar a practicarlo. 

Empezar, sí. Pero no mucho más.

7 de abril de 2022

ECONOMIA DE GUERRA

Bien, si no quereis llamarla así, ¿Cómo la llamamos?. Incrementos descontrolados de precios, escasez de materias primas, tensiones en las cadenas de suministro, desajustes en la producción de los distintos sectores productivos. ¿Qué es sino? Y todo ello acompañado de una absoluta incapacidad de predecir el futuro. Mejor dicho del futuro más próximo. Y digo «predicción». En estas horas se corresponde con la pregunta, ¿Cómo se acaba esta guerra?. ¿Quién tiene capacidad de poner a las dos partes en la mesa de negociación y llegar a una acuerdo?. ¿Biden, Erdogan, China?. ¿Y cuándo podría producirse este desenlace?. Porque mientras tanto seguimos en una economía de guerra. Esto es vivir en la anormalidad, en la provisionalidad, en el «entretanto».

Claro que preocupa que los precios y la inflación se disparen. Imposible evitarlo. Y aquí no vale la política económica o la actuación del Banco Central Europeo, aumentando por ejemplo el precio del dinero o reduciendo la masa monetaria en circulación. Tamañas medidas podrían ser aconsejables en una situación de normalidad. Pero en estos momentos una política restrictiva del BCE podría conducir a que miles de empresas, ya contaminadas por la Pandemia, sencillamente dejen de existir. El BCE tendrá que seguir procurando liquidez para no asfixiar la actividad de la iniciativa privada en esta hora tan difícil.

Y ahora, más quizá que nunca, hace falta la inteligencia, la valentía, la audacia y hasta el punto de astucia de la clase política. Todas estas cualidades o virtudes para reconducir esta invasión, esta inmerecida guerra, a un cese de hostilidades y a una paz, por precaria que sea.

Y también ahora mismo no sé, no me atrevo a apuntar qué ingredientes van a ser necesarios o indispensables para alumbrar una nuevo escenario de diálogo. Posiblemente nadie de los hoy implicados, tiene que perder en el empeño. Por muy culpable, por responsable que sea de lo que está sucediendo. No sé si éste es el precio que se tendrá que pagar para restaurar la perdida paz.

Pero aún así, si esta fuera la contribución, habrá que pasar página de este episodio negro de la historia, esperando que algún día se salden las cuentas con los protagonistas e impulsores de esta tragedia, de la tremenda pérdida de vidas inocentes causada, que es en definitiva lo que importa.

«Algún día.» Esto es algún día. Aunque no sepamos cuándo. Porque el tiempo acostumbra a veces a empañar o borrar los peores recuerdos.

3 de abril de 2022

LO QUE TENEMOS

Imagino estaréis de acuerdo conmigo que si el rey Juan Carlos se hubiera ido a ver al de Marruecos para intentar solventar la última crisis, posiblemente los resultados habrían sido positivos.

Esto lo hizo el rey en otras ocasiones durante todos estos años en los que los problemas y las incidencias con Marruecos han sido bastante frecuentes. Y no salió mal. Lo que sucede ahora es que no hay interlocutor al suficiente nivel que genere también la necesaria credibilidad en algunos frentes para abordar los problemas que tenemos.

Esta credibilidad no la tiene tampoco Felipe VI. Imagino que el rey Mohamed puede reprocharle el que haya permitido a su padre abandonar España. Para este género  de relaciones, negociaciones o componendas, -como queráis llamarle- el rey emérito prestó unos grandes servicios al país. Servicios que tenían por supuesto que haberse puesto en valor a la hora de forzar su salida. Lo he escrito aquí más de una vez.

Pero es que además, después de lo sucedido con la fiscalía y el resultado de las investigaciones  llevadas a cabo,  se puede llegar a la conclusión que nos hubiéramos podido haber ahorrado el relato de unos y otros en torno a las llamémosle, andanzas del rey.

Que ahora Juan Carlos no quiera volver, es de lo más comprensible. Y no nos beneficia en absoluto. A la propia  marca España.

Pero es lo que tenemos. Y así nos va.

20 de marzo de 2022

ALGO DIABÓLICO

Ya se que se ha hablado de ello. Pero quiero insistir. Porque de hecho Europa está financiando a Putin la guerra de Ucrania. El suministro de gas sigue fluyendo sin interrupción hacia Alemania y diariamente Rusia sigue ingresando cientos de millones de euros por esta venta. Suficientes para financiar la llamada “operación especial”. ¿Es que podemos asistir a un mayor contrasentido?

Y lo grave de todo ello es que no podemos hacer nada. No hay otro camino a seguir por el momento. Y todos los interlocutores en el conflicto lo saben. ¿A quien endosamos las responsabilidades, las culpas de todo ello? A Merkel, a Schröder que aceptó un cargo representativo en Gazpzom? ¿A la política de distensión con el Este que inició Willi Brandt?

Estoy muy convencido que unos y otros esperaban, deseaban iniciar una nueva era de relaciones mutuas. Gorbatschow primero y Yeltsin después, fueron los máximos exponentes del cambio en la antigua URSS.

Pero ochenta años de tinieblas, de oscuridad no desaparecen tan pronto. Los asaltos a la democracia prevalecen sin grandes dificultades ante una masa que ha vivido sometida durante décadas. 

Y a pesar de todo creo que tendremos que seguir apostando por una relación civilizada con nuestro gran vecino del Este. Mejor pronto que tarde. Volver a lo que fue el telón de acero, cuando no hay ideología que lo ampare, es un absurdo. 

Aunque por el momento, mientras las hostilidades en Ucrania no cesen, seguimos en una situación de volatilidad total.

Si, repito. ¿no resulta diabólico que la guerra atroz a la que estamos  asistiendo sea financiada por quienes defienden y apoyan, también con armas, la independencia de este país? 

Sin duda.

20 de marzo de 2022