EL TABACO, OTRA VEZ

Ahora en los bares, restaurantes y demás no se podrá fumar. En la calle, todavía; a menos que se queje el mismo aire que respiramos y se eleve este lamento a rango de ley.

Las inversiones que se habían hecho en esta especie de muro de la vergüenza que separaba a fumadores de no fumadores en los locales, tienen que darse por amortizadas. O perdidas. Igual lo que haya costado. El dinero tiene que llevarse a beneficio de inventario. Los bares se las habían ingeniado para partir los espacios y colocar a los fumadores en una jaula de cristal. En el café del pueblo donde acostumbro a desayunar estos días, la zona de fumadores se había situado próxima a  la chimenea, porque la arquitectura del lugar no daba para muchas alegrías. Como que la chimenea era el rincón más acogedor, tuve en un primer momento que resistir a la tentación de sumergirme en el humo. Pero meses más tarde, después de armarme de valor, me deslicé por la espesura del ambiente y volví zamparme el desayuno cerca del fuego. Llegué a la conclusión de que ser fumador pasivo de vez en cuando, no podía reportarme males mayores.

Pero lo que nunca he acabado de comprender es que en los hoteles me pregunten, si quiero una habitación para fumadores o no fumadores. ¿ Si voy a estar solo en la habitación, a qué viene a cuento que me pregunten por esta circunstancia?. ¿Dónde está la diferencia?. ¿O es que las habitaciones “respiran” aún el aliento de un huesped que fué fumador?. ¿ O es que toda la planta del hotel, destinada a fumadores, huele que apesta?. Voy a inquirir la próxima vez que me pregunten por esta alternativa, en qué se diferencian las estancias propias de fumadores, de las de abstemios o no fumadores.

Aquí los únicos que triunfan en esto del tabaco son el Estado y las compañías tabaqueras. El Estado, que va cobrando impuestos, con una absoluta insolencia y las compañías tabaqueras que hacen su particular negocio. En los USA, tuvieron que pagar cantidades millonarias por las muertes originadas por el consumo de la nicotina y el alquitrán. Aquí, nada. Los jueces han hecho oídos sordos a las reclamaciones que se han producido. Los jueces deben ser unos fumadores empedernidos. Por lo menos no he oído de ninguna sentencia favorable a los que presentaron demandas ante los tribunales. Teniendo además toda la razón del mundo. Porque, aunque el acto de fumar sea voluntario, no puede olvidarse que esta voluntad se halla condicionada por la droga del tabaco. El fumador no es libre. Y la prueba la ofrece, lo que cuesta abandonar este hábito.

En definitiva, no era éste el momento para imponer al sector de la hostelería más restricciones y más prohibiciones. Se hubiera podido elegir otra situación más favorable.

Este Gobierno está dando palos de ciego. Con la mejor voluntad. En la peor de las circunstancias.

28 de diciembre de 2010



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