LA VERDAD Y LA MENTIRA

Recuerdo cuando hace casi veinte años, me quedé con la mayoría de las acciones de La Seda de Barcelona, en una operación relámpago y toda la prensa se metió conmigo. Intenté explicar la historia a los periodistas. Y a algunos les reproché que no contaran lo que de verdad había sucedido.Esto es, que no contaran la verdad. Uno me contestó que su director le prohibía profundizar en los temas. Que si yo daba cuenta de mi versión, la publicaría y que haría lo mismo con mis adversarios, aunque fuera una mentira Lo importante era la noticia, verdadera o falsa.

Recuerdo también que esta actitud, me impresionó tremendamente. Y más cuando yo tenía una tradición de escribir en los periódicos. Había pasado varios años como editorialista y articulista en LaVanguardia. Pero nunca me había detenido a pensar, que pudiera existir un desprecio tan grande por contar la verdad. Y que llenar los titulares  fuera lo más determinante.

Todo esto viene a cuento con lo que expliqué aquí hace un par de días sobre el fenómeno Internet. De lo que aparece en la red, -verdad y mentira a partes iguales,- sin ninguna distinción. Y en que medida lo virtual puede acabar asesinando al periódico tal como lo conocemos ahora. Y hoy Casimiro García-Abadillo al que tengo por un periodista agudo y sagaz habla en El Mundo sobre estas cuestiones. Titula el artículo, “Larga vida al viejo periodismo”. Y se refiere a la necesidad de la prensa escrita, cuna del periodista, del profesional, que busca la verdad. Y cita como ejemplo a Oriana Fallacci, a Ryszard Kapuscinki, a Bernstein y a Woodward; los dos últimos conocidos por haber terminado con Richard Nixon, en el famoso Watergate.

Yo digo pues  como García-Abadillo, larga vida al periodismo. Al buen periodismo. Al periodismo que odia la mentira y se abraza a la verdad.

Como prenda de su existencia futura.

27 de diciembre de 2010



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