TODO SUBE

Hoy nos hemos despertado con el anuncio del gobierno de una serie de aumentos de precios en varios  productos y servicios básicos. La luz, un 9.8%. El gas, un 3,9%. Los trenes de cercancías, un 3.1%. El butano,el 3,13%. También las autopistas y el Ave, suben de precio.

En circunstancias normales, estos ascensos producirían de forma indiscriminada otros aumentos generalizados. Sencillamente porque si a mi me cobran más, intento repercutir el mayor coste en el producto o servicio que vendo a mis clientes. Esto sucedía de forma infalible en las épocas de la peseta, donde teníamos asegurada una inflación alegre y portentosa, pero que permitía devaluar periódicamente y así ir funcionando. Fueron los años del desarrollismo.

Ahora no es tan seguro que aquellos aumentos generen de forma inmediata tensiones inflacionistas. Más bien me inclinaría a pronosticar lo contrario. Por una parte no disponemos de una moneda propia que podamos mover a nuestro antojo y por otra es más que probable, que estas medidas contribuyan a producir una mayor contracción en la actividad económica. También aquí el razonamiento es sencillo y tremendamente lógico. Si he de pagar más por lo que hasta ahora me estaba costando menos, y tengo los mismos ingresos, tendré que restringir gastos, y reducir mi consumo. Porque el gas lo tendré que seguir utilizando. E igualmente la luz o el tren de cercanías. O sea que tendré que reducir en cuestiones más superfluas. Y si con mi modesta contribución no genero más demanda, tampoco lo harán quienes se hallen en situaciones semejantes a las mías. Total: el estancamiento está bastante asegurado. Todo a menos que se genere una mayor actividad económica porque tengamos una mayor inversión y se cree  nuevo empleo. O los bancos estén en disposición de prestar. Pero esto último es el gran interrogante y está por ver.

El gobierno nos regala pues este fin de año con estas píldoras envenenadas. Zapatero ha dicho en su plática de despedida anual, que todo su equipo ha hecho un esfuerzo gigantesco para mantener el estado del bienestar.

Menos mal.

31 de diciembre de 2010



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