LOS “ACTIVOS TÓXICOS”

Que las Cajas de Ahorro tenían un montón de activos inservibles, ya se sabía. Y lo había comentado aquí en algunas ocasiones. Ahora se publica que los “activos tóxicos” pueden ascender a cien mil millones de euros. Se ha pasado de la euforia, de que aquí no pasaba nada, a la cruda realidad, a que el país se entere que muchas de sus instituciones de ahorro están por los suelos y no valen nada.

En todo esto tiene mucha culpa, Zapatero. Fué él quien al inicio de la crisis, dijo a todo el mundo que por suerte, nuestra sistema financiero estaba  a resguardo de los males que azotaban a las instituciones crediticias en otros lugares. Nuestros bancos y cajas, exclamó, son fuertes y no hay nada que temer. No sé si lo decía porque se lo creía o simplemente para calmar los ánimos y sembrar tranquilidad. Si realmente se lo creía, peor, porque no se estaba enterando de lo que estaba realmente sucediendo. No se enteraba que las instituciones financieras son un reflejo de la economía del país. Y que si las empresas iban mal, los bancos iban a ir mal. Que si los grupos de la construcción tenían problemas, porque la burbuja de la construcción se venía abajo, inexorablemente las cajas iban igualmente a derrumbarse.

Todo era una consecuencia lógica de vasos comunicantes. Imposible que la banca y las cajas fueran muy solventes, con inversiones en el ladrillo que se quedaban sin terminar. Pensar lo contrario, de pura locura. Pero bueno, con este discurso hemos ido tirando casi un par de años, hasta que la tozudez de los mercados internacionales que han insistido en el asunto de las cajas, han provocado el que el Banco de España tome alguna decisión más rotunda que los habituales paños calientes.

Lo de la “reestructuración” de las Cajas era y es pues, un sencillo eufemismo. Se han de decir las cosas por su nombre. Hay que “reestructurar” las cajas, porque se han convertido en insolventes y porque de los activos que tienen, esto es, de los créditos que dejaron, muy poco aprovechable queda. No se trata por tanto de “reestructurar”, cambiar de modelo o pintar la fachada, porque ahora no nos guste. Nadie hablaría de reestructuración si las Cajas fueran muy solventes. El modelo de caja, seguiría triunfando. Pero,no. La reestructuración significa entierro de primera o segunda, pero entierro. Esto es, desaparición. A lo más, que algunas de ellas queden engullidas por algún inversor extranjero, después de pasar por el tamiz del Estado, que ya ha dicho que provisionalmente está dispuesto a asumir la propiedad. Pero nada más.

¿Mejor enterarnos ahora del drama y agradecer a Zapatero que haya tenido escondido el conejo estos dos años?. Definitivamente, no. ¿La situación era entonces mucho menos mala o negativa que ahora?. Puede, y seguramente si se hubieran tomado medidas, habríamos tenido más tiempo para diseñar una estrategia de salvamento.

Lo que no se ha dicho es que estos cien mil millones de activos “tóxicos” tienen una contrapartida en el pasivo, en forma de depósitos o dinero que los clientes tienen en las Cajas. Y que estos depósitos, muchos de ellos, se los ha comido la “toxicidad” de las inversiones realizadas por estas entidades.

Y que alguien tendrá que ponerlos otra vez, para que el asunto no se complique  aún más. Y los clientes puedan seguir pensando que el dinero suyo depositado en las cuentas bancarias, no desaparece.

22 de febrero de 2011



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