EL FUTBOL

Sí el fútbol es el deporte rey y el F.C.Barcelona reina por el mundo con una consistencia y una contundencia envidiables. Ayer ganó la codiciada Copa de Europa. La política, los problemas, cualesquiera que éstos sean, se rindieron ante el fútbol.

Esta mañana he visto algunas secuencias del fervor vivido por los entusiastas seguidores. Los reportajes han viajado hasta China. En Pekin, ayer, una nutrida representación de fans del equipo azulgrana gritaban entusiasmados ante la pequeña pantalla, por el triunfo conseguido frente al Manchester United. Impresionante. ¿Existe hoy en día alguna otra manifestación capaz de generar una pasión, unos sentimientos , un frenesí tan acentuados, como los que proporciona el amor por el equipo y los jugadores que lo integran?. No, no la hay.

Quizá un ingrediente decisivo de esta identificación entre la masa de aficionados y un grupo mágico de deportistas que defienden unos colores, sea el que cada uno interiorice el fenómenos futbolístico, la pasión por un club, como algo propio. El fútbol iguala a todo el mundo. Pobres, ricos, guapos, feos, blancos, negros, amarillos, europeos, árabes, musulmanes, católicos o cristianos. La magia de la pelota es un canto a la igualdad de todos.

Pero también el mensaje del fútbol va más allá del individuo, del deportista y de sus proezas personales. El fútbol nos enseña que la fuerza de un grupo de personas, que trabajan con tenacidad, constancia y espíritu de sacrificio, es la base del triunfo.  Un ejemplo evidente para otras singladuras de la vida. Profesional, empresarial o política.

Claro, que la reflexión es inevitable. Si nuestros jugadores lo hacen, lo han hecho tan bien, ¿Porque no hemos de trasladar el ejemplo y la experiencia al ámbito de Catalunya o de España?. El Barca es campeón en Europa, pero Catalunya y España no lo son. Al contrario, tenemos problemas tremendos de superación y hasta de identidad. Seguro que nuestros vecinos franceses, ingleses o alemanes, se preguntarían ayer ante el triunfo histórico del Barcelona, el contrasentido que suponía por una parte la excelencia de la que hicieron gala nuestros jugadores en el dominio del fútbol y por otra las graves faltas de credibilidad que estamos, como Estado generando en el exterior.

¿Nos faltará un Guardiola?.

Seguramente.

29 de mayo de 2011



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