LA CALLE

 

Después del hundimiento socialista, los sindicatos se han tirado a la calle. El domingo congregaron a todas sus huestes, amigos, conocidos y curiosos, en un día de sol. Protestas contra la nueva reforma laboral. Han estado quietos, mudos durante muchos años y ahora que mandan los populares es hora de levantarse y dejar oír su voz. Ya se sabía.

Por supuesto, la cantinela de siempre. Recorte de los derechos laborales y del estado del bienestar. Ni una palabra de los cinco millones y pico de parados. De la ineficacia de otras reformas laborales que se lanzaron hasta ahora y de las miles y miles empresas que han cerrado durante todo este tiempo. Y tampoco por supuesto, de que cuando mandaban los socialistas nadie invertía en este país. Y que de lo que se trata ahora, es de ver si con otra política la economía puede volver a funcionar.

Rajoy ha dicho que la reforma laboral no va contra nadie. Que el objetivo es la creación de puestos de trabajo. Ya he dicho aquí muchas veces que no soy del partido Popular, pero que lo que me gusta es el realismo, el tocar de pies en el suelo. Y más en los momentos tan dramáticos que estamos viviendo. Si la reforma laboral permite a los empresarios flexibilizar la actividad cuando la coyuntura es complicada, será más fácil que mantengan en pie a la empresa. El sentido común explica el que una empresa no pueda mantener el mismo nivel de costes, cuando la economía prospera que cuando las ventas disminuyen. Pero por mucho que estos razonamientos tengan una significación sencilla, los que estaban manifestándose  ayer, ni se enteran, ni quieren saber nada de ello.

Porque, ¿cuál es la alternativa que presentan, PSOE, UGT, Comisiones y los de Izquierda Unida o como se llamen?. Pues ninguna. Absolutamente ninguna. La protesta por la protesta. No dicen de qué forma, ellos entienden, que se crearían más puestos de trabajo. Cuál sería la fórmula mágica para la creación de empleo. No se sabe. Están instalados en la negación, en el “no” absoluto. Lo demás poco importa. Lo único que interesa es mantener las prebendas sindicales, el poder de condicionar la vida de la empresa, cobrando comisiones cuando se producen reestructuraciones o cierres; una espada de Damocles, en definitiva, que ha servido de forma clamorosa, para destruir puestos de trabajo.

Espero que en el Parlamento, se mantenga la ley recientemente promulgada.  

Y que protesten. No pasa nada.

20 de febrero de 2012



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