«ASOMBRAR AL MUNDO»

El ministro Montoro, llevado de una exultación y de un entusiasmo, dignos quizá de mejor causa ha dicho en el parlamento utilizando un lenguaje casi axiomático, que el crecimiento económico que se espera de España, «va a asombrar al mundo». Se ignora si el señor Montoro en aquella mañana se había desayunado con alguna ingesta alcohólica de reiterado y positivo efecto, o bien en otro caso, que  en su familia, en su casa las cosas le fueran perfectamente en estos últimos días.  A no ser que fuera como consecuencia de todos estos ingredientes personalísimos, no se entiende ni se comprende el que el ministro lanzara a los cuatro vientos semejante predicción.

Porque, remontándonos a la historia, -esto es bastante lejos en los siglos de los siglos,- uno no se acuerda que España haya asombrado nunca o casi nunca al mundo. ¿El descubrimiento de América.?. Bueno, en el descubrimiento de América, los que primero quedaron más asombrados fueron los indios, que se encontraron con unos seres extraños que venían a complicarles la vida y a exterminarlos. Quizá Montoro quería también recordar los momentos de la transición, cuando pasamos de un sistema dictatorial a otro democrático. Es cierto que muchos países, elogiaron esta etapa. Pero de ahí también a «asombrar al mundo» había una distancia.
Por tanto no queda otra alternativa que llegar a la conclusión de que el ministro Montoro «se pasó» en sus entusiasmos y en sus optimismos.

Y lo curioso es que en esta línea de absoluta felicidad, el presidente Rajoy casi que también imita a su ministro, al hacer proclamas desde el Japón acerca de que el crecimiento «va a producirse» de forma infalible y que lo único que queda por dilucidar es el «cuánto».

Con todos estos discursos, estoy bastante convencido que los dirigentes del partido popular se han autosugestionado. Y han perdido un tanto el norte. Se han impuesto el credo, el «padre nuestro» de decirnos y repetirnos que la crisis ha terminado, que ya la hemos dejado atrás. Y consideran, que haciéndolo de esta manera, los inversores, los consumidores, el pueblo, van a seguirles, creyéndose el sermón.

Un sermón que ni ellos se creen.

7 de octubre de 2013



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