Archivo de diciembre de 2013



EL LÍO ENERGÉTICO

 

¿Quién lo entiende?. Nadie. O pocos. Yo, apenas. Las eléctricas ganan dinero, cuentas de explotación positivas. Endesa, Fenosa. Y en cambio el recibo de la luz sube y amenaza con un alza imparable. ¿Quién es el responsable?. Las eléctricas dicen: “yo no he sido. Esto no va conmigo. Yo gano lo justo; mis instalaciones son lógicas y racionales. Mi producción eléctrica es muy económica. Los responsables son otros.

Pero al gobierno no le salen las cuentas. Claro que la responsabilidad tiene que repartirse entre socialistas y populares. De las políticas energéticas de antaño. De los subsidios a la energía fotovoltaica, eólica o al carbón “nacional”. Las andanzas, el empeño por las energías “limpias”, ha llevado a financiar los costes eléctricos muy por encima del normal del kilowatio generado en los embalses o en las centrales térmicas. Se asumió que poco a poco, el sistema eléctrico iría digiriendo y asumiendo las cargas de las nuevas fuentes de generación. Pero no fue así. ¿ Y ahora quién tiene que pagar la factura?. El Estado dice que no, que ya está suficientemente endeudado. Las compañías eléctricas dicen que el estropicio no lo han causado ellas, que ya estuvieron predicando sobre los efectos negativos en el precio de las energías alternativas.

Y el ministro Soria, tiene que encontrar la fórmula mágica. ¿Cuál es?. Que los consumidores vayan pagando y absorbiendo el déficit. Como que ya están acostumbrados, que paguen los que siempre pagan. Al fin y al cabo al indescifrable recibo de la luz, va a añadirse un nuevo componente de cálculo igualmente indescifrable. Y vaya Vd. a protestar. Si protesta se queda sin luz.

Así de claro.

Jueves, 26 de diciembre de 2013

¿UN PROYECTO AGOTADO?

Antoni Castells, el que fuera Conseller de Economía en la época del tripartito en la Generalitat, ha dicho que “el federalismo es un proyecto agotado, porque en España no existe ningún interés en ello”.

No, no es cierto. Seguramente Antoni Castells se estará pasando al soberanismo o al independentismo que es lo mismo, aunque se utilice el “soberanismo” para disimular el asunto. El federalismo que había propugnado mi paisano de carrera Pascual Maragall, debe por tanto estar muerto, a la vista de lo que Castells está ya manifestando.

Insisto, la idea federal de España, sigue teniendo sentido. Mucho sentido. Y hasta ahora no ha habido un debate importante, sereno y prolongado sobre la oportunidad de un desarrollo constitucional que evolucione desde el Estado de las Autonomías hasta el Estado federal y los Estados Federales. Cuando mandó Pujol en Catalunya,- y fueron bastantes años,- nunca planteó la tesis federalista. Cuando Pujol tenía una influencia, ciertamente notable, en gobiernos populares y socialistas que no habían alcanzado la mayoría absoluta y le necesitaban para impulsar consensos parlamentarias, nunca hizo un planteamiento formal para avanzar hacia un federalismo, desde dentro de la Constitución. Y lo habría podido hacer. Y nadie en España se habría podido sentir ofendido por ello. Nadie le habría recriminado querer separarse de España. Se habría planteado en el marco de una evolución normal del Estado de las Autonomías. ¿Una Federación escasa, una Federación pobre de contenidos?. Bien, habríamos empezado por ampliar el marco autonómico. Tampoco en cuanto a capacidades y competencias de los parlamentos y los gobiernos autonómicos, estamos tan lejos de Alemania u algún otro Estado Federal. Y seguro que el planteamiento, la propuesta no habría generado las incomprensiones, la oposición, el rencor que está generando el que ahora se diga que se quiere una separación de España. Que se insista sobre el derecho a decidir, que es un claro subterfugio de lo que en verdad se está impulsado. Esto es el suicidio de la independencia.

Concluyo. Se ha de apostar por el guión federalista. En serio. Y el partido socialista,- si de  verdad se lo cree como dice últimamente-, haría bien en plantear en el Parlamento,-pero ya- una reforma constitucional en esta dirección. ¿Que le van a decir que no?. El partido popular, primero se lo va a pensar. Y si dan una negativa, se vuelve a realizar la propuesta. Y así hasta que el asunto madure. Porque, como ya he dicho en otras ocasiones, el hecho de que la independencia no conduzca a ningún lado, no es incompatible con la necesidad,- la absoluta necesidad- de modificar las reglas del juego en España. De actualizar la Constitución, profundizando en la descentralización, para que sean los Estados federales los que lleguen a un consenso acerca de las competencias y responsabilidades del Estado central. Que no todo vaya de arriba abajo, del centro a la periferia; sino de abajo arriba. Ya empezaría a ser hora.

Por lo menos que la fiebre independentista sirva para remover los cimientos del Estado. Daría por buena esta neumonía, si todo ello forzara el nacimiento de un federalismo.

No, no es tan complicado, tan difícil.
¿O es que no tenemos los políticos que esta hora y este país merecen?.

Sábado, 21 de diciembre de 2013

UN “ESTADO”

 

 

La pregunta que se quiere hacer en el hipotético referéndum o consulta, o como queramos llamarle finalmente, se refiere a si los catalanes quieren o queremos ser un “Estado”, y si es así, si el Estado ha de ser  “independiente”. O sea que no se pregunta, primero si se quiere un Estado “federal” y si la contestación es negativa, si entonces lo que se desea  es el Estado independiente. Como que la pregunta formulada de este tenor daría una ventaja a los que postulan para España un federalismo, se ha decidido que de la primera cuestión, corta y lapidaria, se pase a la segunda, ya vinculada con la independencia. Seguimos por tanto con la máxima, no sé si acuñada por Churchill, cuando refiriéndose a las encuestas, ya manifestaba que los resultados iban a depender de la voluntad de quien las había organizado.
Por otra parte, cuando se habla de “Estado”, casi nos hallamos ante la pregunta que podría hacerse a un alumno de primero de la Facultad de Derecho. Esto es, “Dígame que es Estado, qué entiende que es un Estado”. Y entonces el alumno, poco avezado en las disquisiciones teóricas del derecho político, tiene que tratar de sintetizar en pocas palabras lo que es un “Estado”. Ah, y si luego le preguntan qué es una nación, y en qué se diferencia la “Nación” del “Estado”, entonces ya lo va a tener más difícil para descifrarlo.

Pues bien a millones de catalanes se les quiere hacer la pregunta acerca de si quieren un Estado. Lo cual supone que ya saben lo que es un “Estado”.  Y no está tan claro que unos cuantos millones lo sepan. Seguro que tendrán ideas un tanto vagas sobre el particular, pero definiciones, conceptos claros y definidos sobre lo qué es y representa un Estado, no habrá tantos. En cambio sobre la palabra “independencia”, ya el conocimiento va a ser mayoritario. No se sabrá qué es un “Estado”, pero sí que se sabe lo que es “independiente”. Porque la “independencia” no es un concepto jurídico y en cambio el “Estado” sí lo es.

Pero a la “independencia” se le suman una serie de ingredientes que no están en la consulta. Independencia es igual a ventaja, a vivir mejor, a mayor bienestar, a ser felices en suma. Sin ningún género de dudas.  O sea que no se pregunta, ¿está Vd. a favor de la independencia, aunque ello comporte riesgos importantes que puedan incidir negativamente en su futuro?. Algo así como cuando uno se acerca al médico para decidir sobre una operación, y le entregan un cuestionario para que se pronuncie y firme aceptando los riesgos que ello puede suponer para su integridad física. Se prescinde por tanto de lo más trascendente, de la incertidumbre, mayor o menor, que un nuevo escenario pueda representar para el peculio y la tranquilidad de los ciudadanos, y se va directamente al “sí o no”. Muy esquemático, muy simple. Si se compara con lo que uno se juega.

¿Cuál va a ser el próximo acto?. La fecha de la cita con unas “presuntas” urnas, ya está fijada. A finales del próximo año.Hasta entonces posiblemente el tiempo atmosférico de algunas vueltas, dado el cambio climático con el que nos encontramos.

Con el tiempo político puede suceder lo mismo.

O sea que, de momento, aunque no lo parezca, seguimos más o menos igual.

Domingo, 15 de diciembre de 2013

ADELSON

El proyecto Eurovegas en Madrid ya se ha extinguido. Adelson, el llamado “magnate”del juego, ha dicho que no. Que se va; aunque realmente aún no había desembarcado. El gobierno español se ha opuesto a algunas de sus solicitudes.

Adelson pedía para sus inversores algo normal. Que no le cambiaran las leyes. Nunca mejor dicho, “las leyes del juego”. Que no se encontrara que en medio de la partida, el gobierno decidiera modificar unas u otras reglamentaciones. Como ejemplo, las subvenciones a las energías renovables. Que un día fueron muy generosas y al cabo de los años, el gobierno ha dado marcha atrás. Y los inversores se han quedado con la boca medio abierta. ¿Dónde está la seguridad jurídica?. Al gobierno esto le ha importado un rábano. Los inversores asumen un riesgo. El que sea. Y a callar. O a quedarse con los bolsillos vacíos o medio vacíos.
Adelson ha querido “blindarse” y decirle a Rajoy que si le prometían ahora una serie de ventajas, quería tener la constancia de que ello no cambiara. Y el gobierno ha dicho que esto no podía ser. Y también ha dado su negativa a modificar la ley del tabaco, para que los jugadores pudieran fumar en el recinto. O sea que si el sistema nervioso de los clientes generaba alguna desmedida excitación por las pérdidas reales o presuntas de la ruleta, los dados o el “poker”, aquella no podría calmarse con el humo de las cajetillas de marlboro o winston. Total, un desastre. Porque además el Estado tampoco ha querido aceptar excepciones con el lavado de dinero y la identificación del origen de los capitales.  O sea que los clientes de los casinos tendrían que acreditar de donde vienen los dineros que van  a gastarse, o van a consumir en el vicio. Con el riesgo de que les abrieran una denuncia según fueran el origen de los caudales.

Realmente se comprende que con estas perspectivas, Sheldon Adelson  se olvide del asunto. El negocio que podría hacer aquí, sería poco. Y además con unos riesgos enormes. Y por tanto se marche a otras latitudes. A Malasia, a Singapur, o a algún paraíso fiscal alejado de la complicada Europa.

No voy a entrar a juzgar si al final toda esta historia ha tenido un desenlace positivo o negativo en el orden económico, aunque se hablaba de inversiones de dieciséis o dieciocho mil millones de euros. Pero queda ahí una primera impresión. Que estamos poniendo, en muchos aspectos, las cosas tan difíciles a la inversión que difícilmente ésta va a venir a España, como lo hizo de forma masiva en los años ochenta y noventa.

Y sin inversión exterior, no vamos a levantar cabeza.

Sábado, 14 de diciembre de 2013

NICHOLAS Y ALEXANDRA

Leo “Nicholas y Alexandra”, los últimos zares de Rusia. Asesinados en los albores de la revolución. No se sabía qué hacer con ellos. El libro lo escribe un periodista norteamericano, Robert K.Massie con un hijo enfermo de hemofilia. Alexis, el hijo varón del Zar, también estaba aquejado de la misma enfermedad. Ello impulsó a Massie a profundizar en los últimos años de la dinastía Romanov y en los primeros de la revolución bolchevique de octubre de 1917.

Encuentro a lo largo de las páginas de la obra algunas reflexiones que no dejan de ser sorprendentes. Primera guerra europea, en la que se hallaban enfrentadas el imperio alemán con Francia, Gran Bretaña y posteriormente Rusia, como aliada. Para neutralizar la ofensiva alemana hacia el Sur, exigieron los aliados que el ejército ruso adoptara una política de mayor belicismo. Sólo así estaban dispuestos en Paris y Londres a seguir financiando las ya maltrechas alforjas de la Rusia zarista. El esfuerzo militar y las penalidades que ello generó a la población, propició la caída del Zar y el cambio revolucionario. Los países occidentales contribuyeron en gran manera a este cambio. Y también Alemania. Alemania favoreció la llegada de Lenin, dándole paso franco desde Suiza hasta Finlandia. Con esta actitud esperaba Alemania que los bolcheviques, si se hacían con el poder, se distanciaran de las fuerzas aliadas y se fueran a casa. Lenin siguió este camino.

Quizá sin quererlo, sin proponérselo, Europa occidental, con Alemania incluída, sentaron las bases del triunfo del bolchevismo. Sin la tan estimable ayuda de unos y otros, el rumbo de la historia habría sido muy distinto. Posiblemente el experimento comunista se habría aparcado, no habría llegado a existir.

¿El destino? No, el destino- la historia- no es solamente el azar. En gran parte es fruto de la obra humana. De los políticos, sus equivocaciones y sus errores que han costado a veces millones de muertos.

Porque de pagar, siempre o casi siempre pagan los mismos.

Jueves, 5 de diciembre de 2013