Archivo de enero de 2014



ABSOLUCIÓN

 

Absolución o sobreseimiento. Tanto dá. El asunto de la infanta terminará de este modo. Posiblemente antes de verano. La infanta irá al Juzgado y declarará. Lo que sea. A continuación la defensa pedirá el sobreseimiento. Alegando que no hay nada. La Fiscalía también pedirá este sobreseimiento o se adherirá al parecer de los abogados defensores. El juez Castro no sabrá primero que hacer, pero después de su informe de doscientas sesenta páginas, tendrá que seguir imputando para que no parezca que la larga diatriba contra la infanta, era pura pantomima. La resolución judicial en la que se mantenga la imputación, será recurrida ante la Audiencia de Palma, insistiendo en el sobreseimiento. Con el beneplácito de Fiscalía. Y la Audiencia cerrará el caso y dirá, “la infanta no ha cometido delito fiscal alguno”. Y lo de su marido, es de su marido. De la apropiación de los dineros públicos es únicamente responsable Urdangarin.

Y así va a acabar la novela, el drama o el “martirio”, en lo que afecta a la infanta.

Seguro que esta apuesta la gano.
Seguro.

Jueves, 16 de enero de 2014

PECADOS DE ALCOBA

Esto de la vida sexual de los presidentes y altos dignatarios de los Estados tendría que regularse. Definitivamente. Para bien de unos y otros. Porque tal como están ahora las cosas, los políticos que mandan están absolutamente desamparados. Y el pueblo expuesto al mayor desengaño. Sin ir más lejos el presidente Hollande ha sido cazado estos días con una nueva amante, siguiendo por supuesto la saga de otros que le precedieron en estas veleidades como Chirac o Miterrand. La nueva amante de Hollande tiene cuarenta y pocos años. Su compañera “oficial” Valerie Trierweiler tiene casi cincuenta y Segolene Royal que estuvo casada con Hollande con un séquito de cuatro hijos, está por los sesenta. La próxima amante del presidente, si continúa la tendencia, no llegará a los treinta. Ella treinta y él setenta.

Hollande debe estar aturdido en estos momentos por el escándalo producido en esta escapada con su nuevo amor. Porque, ¿en la Francia de la libertad no está permitido, no es legal vivir la sexualidad como uno crea más conveniente?. Pues no. No en el ámbito político. Ya se conoce que en los Estados Unidos el asunto puede tener consecuencias funestas para el primer ejecutivo de la Casa Blanca. Sino que se lo digan a Clinton o a algún otro candidato a presidente que tuvo que abandonar la carrera electoral por deslices de cama. Y en otros países el problema está por resolver, por normalizar la situación, cuando se produce el acontecimiento.

Propongo por ello que se establezca una regulación sobre el uso del sexo para políticos en activo. Esto es que quién aspire a presidente o a ministro, no podrá embarcarse en amoríos espúreos, en un plazo razonable. Por ejemplo un año antes que se convoquen elecciones generales. Y que si el individuo mantiene una relación conyugal estable, no podrá amancebarse con mujer alguna durante el período de mandato presidencial. Y si sucediera, si se produjera el pecado, que se establezca una sanción. Algo así como suspensión de  empleo y sueldo durante un trimestre o un semestre. Y si el presidente repite y sucumbe a la pasión, que abandone entonces el cargo.

Resulta evidente que la imposición de unas penalidades semejantes contribuiría a una mayor transparencia, dadas las responsabilidades que se asumen. Porque al pueblo le cuesta entender que quien gobierna, pueda tener aún tiempo, cabeza y cuerpo para ocuparse en asuntos de la carne. Un reglamento de esta naturaleza pondría las cosas en su sitio. El político sabría a qué atenerse y los súbditos tendrían la tranquilidad de saber también que los políticos ya tienen bastante con mandar y tener mucho poder. Porque si a todo ello tuviera que añadirse la licencia, la bula para la práctica del sexo sin límite y sin concierto, el abuso sería manifiesto. Para los políticos todo, para el pueblo nada o casi nada.

Esto es, injusticia absoluta y total.

Domingo, 12 de enero de 2014

AMOR, PASIÓN

 

El discurso de Navidad de Rajoy. En vez de pronunciamientos constitucionales rotundos y negativos, tendría que haberle dicho a Artur Mas, que él también quiere a Galicia. Y que comprende que Mas quiera lo mejor para Catalunya. Que Mas ame a Catalunya. Como la inmensa mayoría de catalanes. Que en este amor a la tierra existen identidades y coincidencias. Y tendría que haber añadido, que el amor es un sentimiento noble y hermoso. Pero que no se debe confundir con la pasión. Porque del amor se pasa a veces a la pasión, y la pasión tiene que ver con la irracionalidad y el desenfreno. Con la pasión somos menos dueños de nuestros propios actos y dejamos a la voluntad que se mueva libremente al margen de la reflexión serena.

Me pregunto si en esta hora los catalanes estamos movidos más por la pasión que por el amor. Una pasión, hábilmente instrumentada, que ciega y oculta la realidad. La “pasión” transporta al mundo feliz que muchos ansían, porque la pasión hace que ignoremos las dificultades y obstáculos que se encuentran en el camino.

Cuando una pasión nos invade, es inútil que procuren convencernos de nuestros errores. Que intenten hablarnos para que comprendamos que no estamos en lo cierto. Posiblemente en nuestro interior se encienda de vez en cuando una luz que quiera alentarnos de los peligros que acechan. Pero la pasión se adueña de conciencias y voluntades. Sí, hasta que un día desaparece. Y vuelve la normalidad.
Hoy día, en los albores de este año nuevo, la pasión sigue invadiendo muchos sectores de la vida catalana. Espoleada por los profetas del nuevo evangelio. Que predican el cielo y la felicidad perdurables.

¿Hasta cuando esta fiebre, esta dolencia?.

Aún no lo sé.

Miércoles, 1 de enero de 2014