SUMA Y SIGUE

Día sí y otro también, la televisión y la radio públicas en Catalunya, hablan sin descanso del referéndum, de la consulta y del derecho a decidir. Si finalmente se va a celebrar o no. Y qué va a suceder si tanto esfuerzo no cosecha resultado positivo alguno. Esto es, si todo ha sido una ilusión, “la vida es sueño” de Calderón de la Barca.

Ahora se alude con más frecuencia a las elecciones plebiscitarias. Si no se llega al referéndum, entonces la alternativa han de ser las elecciones, como un remedo, un sustituto de la consulta. Pero es evidente que de “plebiscito” nada de nada.  Las unanimidades, tienen en el mundo político la fugacidad, la levedad de los pájaros. Hoy estoy de acuerdo y mañana voy a morder a mi amigo del alma. El lenguaje de los partidos es el de una mentira y una falsedad recalcitrantes. Todo vale por la supervivencia y por las ansias de poder. Van a prometer, van a jurar que en las elecciones seguirán apostando por el derecho a decidir y por la independencia, pero si huelen que el electorado les va a ser esquivo, van a cambiar muy pronto el discurso. Y si es cierto que Convergencia está perdiendo el favor del electorado y que los de Esquerra Repúblicana están sacando ventaja, los convergentes volverán a la moderación, a las afirmaciones con doble sentido y a llamar a su electorado histórico. Porque nadie quiere renunciar al poder. Y menos cuando ya uno se ha acostumbrado después de tantos años. Total, las elecciones plebiscitarias no serán más que una nueva contienda política semejante a  las que ya nos tienen acostumbrados los políticos de turno. No muy distinta de las que hemos vivido en los últimos veinticinco años.

Sí, me sabe mal que los catalanes finalmente hagamos el ridículo. Porque desgraciadamente, el ridículo de los políticos se va a extender a los que vivimos aquí. La falta de realismo, de perspectiva de los que ahora mandan, es realmente impresionante. Incomprensible. Ya lo he dicho en otras ocasiones. Espero solamente que lo que ahora se  está haciendo, constituya por lo menos un sedimento que nos permita seguir con más fuerza por el camino que conduce a la España federal. Una renovación constitucional que avance del Estado de las Autonomías, a los Estados federales. Una nueva transición. Tan necesaria como inevitable para el futuro de los españoles, si queremos mantener una estabilidad y  una unión basada en un consenso mayoritario.

Después de todo, quizá salga más a cuenta interpretar lo que está sucediendo, en clave de esperanza.

No. No voy a perderla.

11 de febrero de 2014



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