UN 25%

La última sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Catalunya, en materia lingüística, siguiendo la pauta del Tribunal Supremo, obliga a unas escuelas, el que un veinticinco por ciento de las horas lectivas, se hagan en castellano.

¿Un escándalo?. Pues parece que sí. El clamor por el ataque a la lengua catalana, ha sido casi unánime. Por el recorte horario.

Yo no lo veo de esta manera. Y lo digo desde la mínima credibilidad que pueda merecer , el haber sido el primer catalán que hablaba en su lengua en un histórico pleno del Ayuntamiento de Barcelona, defendiendo en 1974, en época franquista, el apoyo e impulso a la lengua y cultura catalanas, a través de una moción que finalmente perdí, ante la resistencia de los dieciocho concejales del “no.”. El suceso se saldó con mi ingreso en la cárcel. Un mes.

¿Qué habría sucedido si el Tribunal hubiera resuelto que el 25% de aquellas horas lectivas, tenían que efectuarse en inglés?. ¿O en alemán?. Pues no habría pasado nada. Creo que una inmensa mayoría lo habría celebrado, como símbolo de internacionalismo, de una universalidad que queremos para nuestros jóvenes; que queremos y anhelamos para la Catalunya del futuro.

Porque no se trata de aprender un idioma y de hablarlo, más o menos. Se trata de que la “inmersión” se haga en dos o tres idiomas importantes, imprescindibles para ir por el mundo. Y si lo es el inglés, también lo es el castellano.

Por tanto, que quede claro. El dominar el castellano, como un castellano nativo, el escribirlo siguiendo a Cervantes, no beneficia a España, beneficia a Catalunya y a los catalanes. Beneficia a nuestro desarrollo, a nuestro crecimiento, a la obtención de una mayor riqueza para todos. El aprender y saber bien el castellano, no va contra Catalunya. Va a favor nuestro.

Que la lengua catalana vivirá por los siglos de los siglos, es incuestionable. Como lo ha hecho hasta ahora. Y si somos fuertes,- porque somos fuertes-, no nos ha de importar que el castellano pueda tener un hueco en nuestra sociedad. Porque somos, hemos de ser plurales y abiertos. Y mantener la confianza en nosotros y en nuestra voluntad de ser.

Josep Plá s se quejaba del “vuelo gallináceo” de algunos catalanes.

Ni más, ni menos. No se equivocaba.

1 de febrero de 2014



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