OBAMA, EL CAUTO

 

Estoy releyendo el libro de Bob Woodward sobre los prolegómenos de la guerra de Irak. “·Plan of Attack”, los preparativos de la Administración Bush para la invasión de Irak. Hoy todo esto es historia. Pero me sirve para comparar las situaciones tan distintas que se viven hoy. En la época de Sadam Hussein se estimaba del todo imprescindible derribar al tirano. Entre otras cosas porque se había llegado a la conclusión de la existencia de armas de “destrucción masiva”. El pueblo norteamericano había llegado a un cierto grado de sensibilización. Finalmente se llevó a cabo la intervención con resultados desiguales. Hasta hoy mismo uno se pregunta si valía la pena el esfuerzo por traer al país un sistema democrático a la usanza occidental.

Porque visto lo que ha sucedido, con alguna excepción, con otros Estados de la zona y del norte de Africa, puede muy bien considerarse que la decisión de las grandes potencias, empeñadas en destronar a los dictadores que reinaban desde hacia lustros en aquellos países, fue realmente desafortunada. 

Obama no quiere caer en la provocación. Por muchas tentaciones que se vayan produciendo, ha dicho y ha insistido en estos últimos días que no va a mandar tropas fueras de las fronteras de los Estados Unidos. Ya lo he dicho en alguna otra ocasión. En Norteamérica se está viviendo una nueva etapa de introspección, de un cierto alejamiento de las doctrinas que apoyaban la presencia de los Estados Unidos y la intervención como gendarme y primera potencia mundial. Después de las experiencias de Afganistán y de Irak, no se quiere volver a empezar una guerra, en algún lugar remoto, con un final siempre incierto. El ejemplo del conflicto sirio, es evidente. Obama ha dicho que van a continuar los bombardeos aéreos, pero aunque los atentados terroristas hayan adquirido una mayor dimensión, no quiere de ningún modo involucrarse en acciones militares sobre el terreno.

Por mucho que quiera llegarse a una reflexión contraria, los Estados Unidos fueron en muchos casos reacios a entrar en conflictos armados. Sucedió en la primera guerra europea y volvió a suceder cuando en el inicio de la segunda conflagración mundial Roosevelt daba largas a las súplicas de Churchill para que declarara la guerra a Hitler. Finalmente los norteamericanos tomaron la decisión de implicarse, pero lo hicieron en una primera fase a remolque de los británicos.

Parece que Obama haya llegado a la conclusión de que por muy delicada que sea la situación en Oriente Medio y las luchas religiosas existentes, nada va a hacerle cambiar de parecer, mientras la seguridad nacional, no se vea realmente amenazada.

De momento, seguramente esto es así.

De momento. 

 

8 de diciembre de 2015



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