Archivo de agosto de 2017



CATALUNYA. “NADA VA A SER COMO ANTES”

 

Después del aturdimiento, del espanto y del horror por tantas muertes inocentes, empezamos ahora con las “segundas lecturas”. Con las interpretaciones interesadas, con la política como telón de fondo. 

La unidad frente al terrorismo se había por unos días, pocos, superpuesto a la política. Esto es lo que ofrecían las imágenes de las autoridades, -de aquí y de allá, -al frente de las manifestaciones y de las afirmaciones de voluntad incontestable de luchar contra un enemigo común.

Pero muy pronto han empezado las objeciones, las críticas. El independentismo piensa que los recientes acontecimientos pueden perjudicar el fin del llamado “proces”. Que la mesa común contra el terrorismo de las fuerzas políticas, de uno y otro signo, debilita los objetivos del uno de octubre. El referéndum. Si los Reyes, Rajoy, Soraya, y varios ministros del gobierno central conviven y han fraternizado estos días con la ciudadanía, haciendo suya la voluntad de superación ante las dificultades, ¿cómo los independentistas, -el mismo Puigdemont o Junqueras -van a enfrentarse con ellos en pocas semanas? ¿Cómo se conjuga el cumplimiento de la ley y el mantenimiento de la paz, con la vulneración sistemática del orden constitucional pretendido por el actual ejecutivo autonómico?

No, imposible el aunarlas, hacerlas compatibles. 

No andan pues desencaminados  los que quieren separar a Catalunya, considerando los sucesos últimos. Será la Providencia que ha venido a echarnos una mano. La tragedia que hemos vivido no les beneficia. En absoluto. Se ha demostrado lo insignificantes que somos para luchar contra el terrorismo global. Y las ventajas de no estar solos. De que el propio Estado y una enorme cantidad de países se hayan solidarizado con nosotros. La Unión Europea, los Estados Unidos y tantos otros.
¿Porque pues poner en riesgo lo que se tiene, ante la profunda oscuridad de lo que no se sabe?

Muchos sin duda se lo estarán preguntando. Después del 17/ 8, en Catalunya, nada va a ser como antes.

Lunes, 21 de agosto de 2017

BARCELONA

 

No sabía como titular este comentario. Ni tampoco si tenía que escribir alguna cosa sobre lo sucedido ayer en Barcelona. En mi ciudad. Donde he nacido y ha transcurrido la mayor parte de mi vida. Pero algo tenía que decir.Tenía todo el derecho a hacerlo. Aunque mis frases fueran estériles y no sirvieran de nada.

¿Sorpresa?. Uno siempre piensa que nada le va a ocurrir. Que solamente los hechos reprobables y deleznables, suceden en otras partes. Así con las ciudades. Bruselas, Munich, Berlin, Londres.  ¿Pero Barcelona? ¿Porqué Barcelona?. ¿Y porqué, no?. En realidad sabíamos que éramos vulnerables. Tan vulnerables como cualquiera de las demás ciudades golpeadas por el terrorismo. Mi ingenuidad me había llevado a considerar que a lo mejor estaríamos a salvo. Que habíamos superado la etapa más negra del yihadismo y que ahora nos encaminábamos hacía un etapa de mayor tranquilidad y sosiego.

Pero me equivoqué. Con toda seguridad me traicionó mi optimismo. La esperanza que nos hace vivir siempre en  la creencia que los males los vamos a superar y los momentos difíciles van a desaparecer, sin dejar demasiada huella en nosotros. Es precisamente este espíritu el que nos hace mirar hacia adelante, pese a las contrariedades que se alzan en nuestro camino.

Pero está claro que el terror no nos va a cambiar. No nos va a convertir en seres más débiles y quebradizos. Al contrario. Con toda seguridad va a afianzar nuestro sistema de valores. Paz, libertad, democracia. Valores por los que los europeos han luchado a través de muchas generaciones. Valores que se han de preservar, porque forman parte esencial de nuestra civilización.

Sí, seguiré paseando por Barcelona con tranquilidad y sin miedo, tal como hoy clamaban muchos en la Plaza de Catalunya.  Porque Barcelona es nuestra. Y mía. Porque hacer otra cosa  sería renunciar a algo que forma parte de la propia existencia, renunciar a algo que es,- como digo nuestro-, para dárselo a otros.

Y esto no lo haremos nunca.

 

Viernes, 18 de agosto de 2017

POLITICA Y POLITICOS

Estoy muy convencido que tenemos una inflación de políticos procedentes de la universidad y del funcionariado y en cambio un déficit de políticos procedentes del sector privado, profesionales y empresas. 

Ayer en un programa de la televisión alemana en la que se entrevistaba a votantes de Trump en diversos Estados, en su inmensa mayoría aseguraban que habían votado a Trump porque estaban cansados de políticos que en su vida solamente habían hecho de esta condición y que por lo menos Trump era un hombre de la economía real, que pagaba unas nóminas y que podía entender más fácilmente los problemas de las empresas y la gente emprendedora, que en definitiva son los que crean riqueza y ocupación.

Aquí en España también convendría un cambio hacia una mayor presencia de la iniciativa privada en la política. Y es cierto que esto resulta difícil. El funcionario que quiere colgar los hábitos una temporada y dedicarse a la política puede hacerlo sin apenas riesgo. Pide la excedencia y luego puede volver a su empleo. En cambio para el profesional, ejecutivo o empresario el riesgo es muchísimo mayor y tiene en la mayor parte de las ocasiones que elegir entre abandonar una trayectoria y un futuro que se está labrando con dificultad y saltar a la política, perdiendo lo ya construido. 

El resultado de todo ello es el de que el presidente de Gobierno, Mariano Rajoy es un registrador de la Propiedad metido a político y la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría una funcionaria de un cuerpo importante de la Administración del Estado. Pero que recuerde no hay ministros en la actualidad con una trayectoria en el sector privado que les haya aupado a la política.

La consecuencia natural, humana, lógica es que las leyes las hacen quienes ignoran, porque no los han vivido, los problemas propios de una empresa, de las relaciones laborales, de la financiación y de las alternativas que podrían contemplarse si hubieran tenido un mayor conocimiento del sector privado. Por mucho que nos digan que escuchan y tienen en cuenta las dificultades y lamentos que proceden  de este ámbito difícilmente ello se va a traducir en leyes que ofrezcan ventajas a quienes asumen un riesgo y crean puestos de trabajo.

Existe por tanto un tremendo desequilibrio en los orígenes de quienes se dedican a la política. Y creo que no vale lo que no hace mucho me comentó un empresario conocido. “yo me dedico a mi empresa. La política que la hagan los políticos.” Y no vale porque con la inmensa carga legislativa que hemos de soportar, el abstenerse de la política comporta gravísimos riesgos.

Recuerdo lo que decía uno de nuestros políticos:
“Si tu no haces la política, te la hacen”.

¿Cuántos no se han arrepentido por haberse desentendido de lo que sucedía en su país, hasta que un día sucedió lo ya irremediable? 

Se arrepintieron tarde. 
Y tuvieron que asumir las consecuencias.

Jueves, 17 de agosto de 2017

BANCO POPULAR. ¿QUIÉN ES EL CULPABLE?

 

Finalmente el Banco Central europeo ha publicado una parte del informe relativo al Banco Popular y en definitiva ha venido a señalar que el único responsable o culpable de la caída de la entidad fue su consejo de Administración. Que ellos no tuvieron nada que ver en el suceso.

Pues no estoy tan convencido de ello. Un porcentaje importante de las responsabilidades se las han de repartir entre el Banco de España, la Comisión Nacional del Mercado de Valores, el Banco Central europeo y el Mecanismo de Reestructuración bancaria. Los cuatro hubieran podido hacer algo más de lo que hicieron. Que fue poco, tarde y mal.

En primer término la CNMV hubiera tenido que cortar de raíz la especulación sobre las acciones del Popular, esto es las operaciones que tenían únicamente echar por los suelos el precio de los títulos para recomprarlos posteriormente. En ocasiones de dimensión y riesgo mucho menor se  suspendió la cotización. En este caso no se hizo nada y la situación en Bolsa contribuyó a acentuar el descalabro. La CNMV actuó claramente de forma negligente.

En cuanto al Banco de España si hubiera actuado de forma coordinada con el Banco Central europeo, posiblemente se hubiera encontrado alguna solución al problema de liquidez. Está claro que si el BCE hubiera anunciado al mercado que estaba dispuesto a ofrecer al Popular la financiación que precisara, no se habría llegado tan lejos. Pero con toda seguridad la confianza se habría restablecido. Porque la huída de los depositantes, en miles de millones de euros, fue el producto de la falta de credibilidad. Porque ninguna institución estuvo dispuesta a apostar por el banco. Y es evidente que ningún banco, sea el Santander, Deutsche o Barclays, podrían aguantar un drenaje continuado de recursos y un ataque tenaz y permanente a su institución. ¿Porqué? Pues porque sencillamente los bancos viven de prestar lo que los clientes tienen en sus cuentas. Y porque si los clientes huyen, el negocio se acaba. Una cuestión de credibilidad. Así se puede pasar de una situación de solvencia a otra en la que los recursos se agoten.

Y por tanto no es en absoluto incompatible el que el Popular pasara una y otra vez sin problema los llamados tests de “stress” de la banca y en cambio tiempo más tarde sucumbiera a las presiones bajistas de los especuladores de turno.

Bueno, y también Elke König la presidenta del Mecanismo europeo de reestructuración bancaria, hubiera tenido que quedarse más callada y abstenerse de hacer observaciones públicas acerca de la salud del banco. Es evidente que el mundo financiero analiza con detenimiento y hasta con fruición la letra pequeña, los guiños, los gestos de  los responsables económicos. Una frase puede interpretarse en uno o varios sentidos. Y hasta los silencios hablan. Elke König hubiera tenido que refugiarse en el “no se”, “no va conmigo” el asunto.

Por tanto a mi juicio la respuesta es clara. El BCE,el Banco de España, la CNMV y el organismo europeo de resolución bancaria, han tenido una responsabilidad en el escándalo Popular. Pasaran quizá algunos años para que se produzca el desenlace. Pero me caben pocas dudas que un día los jueces les van a señalar con el dedo. 

 

 

 

Miércoles, 16 de agosto de 2017

DIEZ AÑOS

Han pasado diez años desde la crisis de las subprimes, de Lehman Brothers, de la caída del negocio inmobiliario y los periódicos hacen ahora un balance. Cómo estábamos entonces y cómo estamos ahora.

La mayor parte de los juicios abundan en el hecho de que la crisis se ha superado, pero que las desigualdades son ahora mucho más profundas que antes. Aunque no he encontrado a nadie que afirmara que las dificultades vividas en Europa y en los países comunitarios hubieran podido ahorrarse en gran parte.

Yo pienso que sí. Que si Bruselas y el banco central europeo hubieran aplicado una política expansiva ya a finales de la década, los daños y las consecuencias para la población habrían sido mucho menores. Lo he dicho ya en este blog en alguna otra ocasión. Del mismo modo que la Reserva Federal norteamericana inundó de dólares el mercado y la política del “quantitative easing” permitió animar la demanda y el consumo, la Comisión europea reaccionó tarde y mal. Finalmente reconoció la necesidad de fortalecer la economía y empezó a abrir el grifo de la liquidez, ofreciendo a los bancos cuanto necesitaban. Pero el mal ya estaba hecho. La crisis, la austeridad forzada había convencido a muchos a oír las voces redentoras del populismo. Y así nos hemos adentrado de forma gratuita en un nuevo escenario de pugnas ideológicas que nos hubiéramos podido ahorrar.

Es evidente que la burbuja inmobiliaria causó daños importantes. Que las consecuencias de la globalización han generado un secano de industrias y actividades productivas que han alimentado los superávits de países como China. Pero todos estos factores hubieran podido neutralizarse en gran parte y a lo largo de los últimos siete u ocho años, con una política decidida y valiente por parte de las autoridades comunitarias. La posición fué en cambio, siempre demasiado cauta, vacilante, como de “esperar y ver”.

Y cuando finalmente Draghi tomó la iniciativa el daño ya estaba hecho. Los brotes de populismo y los antisistema tenían ya una plataforma importante de sustento. Todo lo que había sucedido era la consecuencia de una maldad intrínseca del modelo de nuestra sociedad.

Y muchos se lo han venido creyendo. 
Aunque también estén convencidos de que les engañan. 
Pero probar, porque no probar?

Lunes, 14 de agosto de 2017