DEMOCRACIA, DEMOCRACIA

 

Todos los políticos hablan estos días de democracia. Es la palabra mágica. Los independentistas hablan de democracia. Votar es democracia. El ejercicio democrático por excelencia. Un derecho fundamental. Un derecho que está por encima o más allá de las leyes. Las que sean.

Y la forma de plasmar el voto, es el referendum. ¿Para qué? pues para independizarse de España. ¿Y quien lo convoca?. Pues el gobierno de la Generalitat. ¿De que color? Pues independentista. ¿Y con que leyes o reglamentos? Pues los del Parlamento catalán. ¿Suspendidas por el Tribunal Constitucional español?. Pues sí. Pero, dicen que es igual. ¿Pero y las mayorías en el Parlamento catalán? ¿ No dice el Estatut que su modificación exige mayorías muy cualificadas? Sí. ¿Entonces como ha sido posible que con una mayoría simple se pase de largo del Estatut y se acuerde un referendum por la independencia?. Pues porque las leyes, según afirman los independentistas, están para servir al pueblo y el pueblo lo que quiere es votar. Por tanto las leyes deben acomodarse a la voluntad del pueblo.

Bueno, esto es lo que sucede. Y mal vamos. Con estos políticos que mandan, puede suceder cualquier cosa. Porque cuando se ignora la ley una vez, uno puede llegar a acostumbrarse. Esto es, estar por encima del bien y del mal. Porque, claro, todo se hace para servir al pueblo. El pueblo, el gran instrumento que ha sido históricamente objeto de manipulación por los políticos. Y que finalmente ha tenido que sufrir las consecuencias, en ocasiones tan funestas, de la locura de los políticos que siempre han querido salvarlo.

Por lo que se ve, ahora también los independentistas nos quieren salvar de los males que nos acechan. Y tienen prisa por hacerlo. Ya han dicho que van a proclamar la independencia si gana el sí, en cuarenta y ocho horas. De que van a ganar, con los votos que sean, no me cabe ninguna duda. Es un referendum hecho a su imagen y semejanza.

De vez en cuando en la vida de las naciones, se producen sobresaltos. Políticos que aparecen para salvar a la patria. La historia ha conocido a algunos. Demasiados, con toda seguridad. Aquí en Catalunya estamos viviendo un tiempo de redentores. De ángeles flamígeros que nos inundan con evangelios imposibles. Canónigos de catedral que enardecen a los fieles con la tierra prometida.

Por desgracia no se aprende y la memoria de los pueblos es corta.

Esperemos que la pesadilla termine pronto.  Y que los profetas que han estado seduciendo a las multitudes, a tantos catalanes de buena fe, se den cuenta de que su reino de los cielos no existe. Y pidan perdón.

Aunque dificilmente lo van a merecer. 

 

 

  

 

30 de septiembre de 2017



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