OTRA DE DAVOS

 

Pues sí, la estrella fue Trump. Todo el mundo lo esperaba. Todos lo critican, dicen que es un ser elemental, inculto, patán incluso. O sea, que ni verlo. Pero no, al contrario. Los medios de información corrieron tras él buscando la frase, el gesto o la ocurrencia.

Y por lo que parece no defraudó. Y cuando digo «defraudar» me refiero a que  no dijo nada que fuera sorprendente o distinto a lo que nos tiene habituados. Siguió con el discurso de «América, primero», aunque esto sí, añadió que en definitiva él no quiere ni más ni menos que lo que quieren,- o supone desean-, todos los mandatarios de sus respectivos países.

Y a partir de ahí, se extendió a lo del «comercio o los intercambios justos» en el ámbito internacional. Esto es,que una parte no quiera aprovecharse de la otra, cuestión que planteó Trump en las pasadas elecciones. Una especie de acuerdos «win/win», o sea con ganancias para todos. Aunque esto sea pura teoría, porque en todas las transacciones siempre hay alguien que aventaja al otro.

¿A qué vino Trump a Davos?. Pues sin duda, como buen ejecutivo a vender la mercancía. Trump fue a lo concreto, a lo específico. «Señores, los Estados Unidos son un magnífico lugar para hacer negocios. La economía funciona y la rebaja de impuestos que hemos aprobado facilita la actividad de las empresas. Señores, vengan a invertir a los Estados Unidos.»

Pues, no está mal. Porque los ciudadanos quieren de los políticos realismo y eficacia. Y por lo menos en el ámbito económico Trump está haciendo su trabajo.

 

 

29 de enero de 2018



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