4.450

Este es el número de empresas que se han ido hasta ahora de Catalunya. Bueno, esta afirmación no es exacta, porque lo que ha cambiado es la sede social. Por el momento a corto y quizá a medio plazo, las actividades productivas se seguirán manteniendo aquí.

En los ambientes independentistas esto no se comenta y si se menciona, se acostumbra bien a condenar a los responsables de las empresas que adoptaron aquella decisión o en otro caso a establecer una especie de contubernio entre el gobierno de Madrid y los grandes rectores de las empresas catalanas de importancia. Algo así como que Rajoy y sus adláteres hubieran facilitado o sugerido a presidentes y consejeros delegados residenciados en Barcelona, que podía ser más prudente el cambiar el domicilio social y que por ello el ejecutivo ya promulgaría las disposiciones reglamentarias que lo permitieran, sin tener que acudir al engorro de una Junta General. Porque la Junta General era la espada de Damocles que podía condicionar a entidades como la Caixa, a la hora de tomar una decisión semejante. El paso obligado de la aprobación accionarial, se habría convertido en un auténtico “casus belli” que tenía que evitarse a toda costa.

El balance después de estos meses es naturalmente negativo. Se vea como se vea. Desde los ángulos que queramos. Que unas empresas emigren de Catalunya es un desastre. Y una novedad en nuestra historia, si salvamos el paréntesis de la contienda civil.Si Prat de la Riba, Cambó, Pi Margall, levantaran la cabeza, volverían al más allá, absolutamente confundidos y horrorizados. Y si preguntaran si lo actores de tanto desmán, habían venido de algún lugar remoto y les contestáramos  que no, que eran naturales de aquí, su pasmo e incredulidad serían infinitas.

¿Catalanes contra los intereses de su propia tierra?.

La respuesta, es un número. “4.450.”

 

19 de abril de 2018



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