¿BUENO PARA LA ECONOMIA?

 

Me llama un amigo, instalado en el mundo de la matemática y de su docencia y me pregunta si el cambio político va a ser bueno para la economía. Le contesto con otra pregunta. Le inquiero si estaría dispuesto ahora a invertir sus ahorros, en instrumentos de mayor riesgo que los pagares o los bonos del Estado. Me dice que en el banco le han ofrecido hace unos días colocaciones con unos márgenes superiores a los que ahora está percibiendo. Me habla de renta variable. Esto es, acciones o títulos cotizados en Bolsa. Y después de algún silencio bien elocuente, me dice que se va a esperar. Que de momento, esperar y ver a cómo evoluciona todo.

Pues ya te has contestado tú mismo, le manifiesto. Y lo que vas a hacer,-esto es esperar-,  seguro que lo hacen miles, miles de ciudadanos como tú, que no quieren apostar por más riesgo, mientras el horizonte político no se despeje. Y lo que tu piensas o decides, vale también para los grandes inversores institucionales, fondos de pensiones, que manejan los dineros de los que un día se jubilen. Miles de millones.

Por tanto, concluyo, el cambio que acaba de producirse esta semana, bueno, bueno para la economía no creo que lo sea. Aunque se predique mucho de la regeneración democrática, de la transparencia y de la necesaria pureza de los que se dedican a la política, el 3% de crecimiento, previsto y esperado para este año, con lo que ha sucedido, ya no va a ser tan fácil que se alcance. Porque para que este porcentaje o esta cifra llegara a buen fin, se habían establecido unas previsiones de consumo e inversión, de mantenimiento del gasto público, de estabilidad en el nivel de precios, que con el nuevo gobierno no se sabe si se van a cumplir. Por lo menos hoy por hoy,- aunque optemos por un optimismo, disfrazado de un mayor o menor voluntarismo,- no lo sabemos. Es más, uno se inclina a considerar que el objetivo del 3% queda hoy más lejos de una realidad futura.

En algún periódico he leído que la situación económica actual,- de cierta bonanza-,va a permitir que el país viva un tanto de las “rentas” por lo menos en los próximos seis meses. Dejando que el nuevo gobierno realice una aterrizaje suave y tome las riendas y la iniciativa en los grandes temas de la política económica, financiera o fiscal.

Vamos pues a esperar. Rezando para que no se equivoque. Para que no se produzca una nueva edición de lo que sucedió con Zapatero, Rubalcaba y Solves, en 2009/10/11. Porque del rescate, estuvimos muy, muy cerca.

Aunque la memoria colectiva es corta, fugaz. 

Pero conviene recordarlo. Ahora.

 

3 de junio de 2018



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