¿CERRAMOS LA PUERTA?

 

Trump ha llevado a la realidad su promesa de establecer unas barreras a las importaciones que según él, destrozan a algunos sectores de la industria norteamericana. Y ha empezado con unos aranceles del 25% a una serie de productos procedentes de China. Este país para contrarrestar la medida ha hecho lo propio. O sea, introducir igualmente un porcentaje del mismo tenor a mercancías procedentes de los USA. Es un comienzo. Es decir, no el final.

El presidente justifica también la medida en el enorme déficit existente con China. Cientos de miles de millones de dólares. Aunque no ha mencionado que una parte de estos recursos han ido a colocarse en deuda pública norteamericana. ¿Espera con ello revertir la situación?. Pues, complicado. Muy complicado. En China se producen ya bienes de calidad, con un alto contenido tecnológico y en cambio a costes que aún no tienen rival en otros continentes. Éste es el problema. Ni más ni menos que de “precio”. Se compra, en igualdad de condiciones el producto que tiene un precio más favorable. O se buscan las factorías donde preservando unos niveles de control y excelencia, se pueda producir a un coste menor. No hace falta ir muy lejos. El ejemplo lo tenemos en el bolsillo. El Iphone de Apple se hace en China. Bien, se diseña en California, allí se preparan los nuevos modelos, pero la producción se lleva a cabo íntegramente en China. ¿Y qué dice a esto Trump?. Pues la respuesta es simple. Con toda seguridad si el ensamblaje se efectuara en los Estados Unidos, el coste sería superior. Y por tanto la capacidad de Apple de hacer frente a otros grandes competidores, mucho menor. Y lo que sucede con Apple, se presenta con muchos otros productos. En USA y en Europa. Ciertamente hemos trasladado la industria europea a China. Y con toda seguridad se hizo demasiado deprisa. Pero ya no es posible hurtarse a la realidad. El consumidor decide por precio. Es la ley del mercado. Pero es que además, decidir por “precio” le permite al consumidor seguir disfrutando de unos bienes que le estarían vedados si aquel fuera prohibitivo. Y no hay más.

Trump pretende guardar una cierta fidelidad a sus electores. “America first”. Como frase, estupendo. Pero a la hora de convertir voluntades en hechos, esto cambia. 

Aún es muy pronto para avanzar conclusiones. Trump trabaja “el día a día”. Tampoco él sabe como va a acabar el empeño.

Aunque esté dispuesto a jugársela.

8 de julio de 2018



Deja un comentario