LEHMAN BROTHERS EN LA LEJANÍA

 

Mucho se escribió ayer  acerca de la caída de Lehman Brothers. Un aniversario. ¿Para olvidar?. Pues sí, aunque si el recuerdo tenía o tiene que servir para no volver a caer en la desgracia y en el infortunio, mejor sacudir la memoria y revivir los aciagos días en los que la economía de más de medio mundo, se tambaleó y se acercó al abismo de la recesión y el paro.

¿El culpable o los culpables? Pues la respuesta es inmediata. Desapareció la confianza en el sistema. Cuando no hay confianza se deja de invertir. Peor, se quieren recuperar las inversiones. Y cuanto más rápido, mejor. Y esto resulta imposible. No hay ningún banco que pueda hacer frente a una recuperación masiva de depósitos de sus clientes, a menos que el banco central de su país, acuda en su ayuda. En el caso de Lehman Brothers, está claro que se le dejó caer. ¿La Reserva Federal hubiera podido correr en su ayuda?. Pues, a lo mejor. Del mismo modo que tiempo más tarde, se inició el programa de “quantitative easing” y la compra de miles de millones de bonos,¿ porque no se utilizó el mismo instrumento con Lehman Brothers?. Podría contestarse que las hipotecas que constituían la contrapartida de los fondos de la entidad, no eran ningún ejemplo de solvencia.  Pero no es menos cierto que en circunstancias de bonanza económica, posiblemente los créditos que soportaban estas hipotecas, se habrían satisfecho en mayor grado que cuando la crisis comenzó a arreciar.

Sea como fuere, el desastre acaecido hace diez años, generó unas secuelas de las que hoy aún no nos hemos librado realmente. En los Estados Unidos el esfuerzo realizado para reanimar a la economía ha sido tremendo. Si Keynes levantara la cabeza, se asombraría de los mucho que su teoría se ha vuelto a utilizar para engrasar a la maquinaria industrial, al consumo y a la inversión.  Y en Europa el Banco Central Europeo, aunque bastante tarde, se decidió finalmente a volcar al mercado ingentes sumas de recursos a fin de que los bancos dispusieran de medios con los que seducir a una clientela que ha venido mostrándose muy reticente a volverse a endeudar. Sí que es cierto, que tanto en los Estados Unidos como en Europa, las cifras vuelven a ser alentadoras. Y se habla de “consolidación”. Es decir que frente a uns crecimientos superiores al 2% del PIB y con una inflación aún baja, puede o podría asumirse que las tormentas que descargaron con fuerza hace diez años, están hoy muy alejadas.

Pero no estoy tan convencido de ello. No estoy tan seguro que en Europa, sin las muletas del BCE, con una tendencia al alza de los tipos de interés, la coyuntura, la situación económica  pueda favorecer el optimismo. Sin duda, la capacidad de adaptación al cambio, la agilidad y la flexibilidad en la incorporación de las nuevas tecnologías es menor en Europa que en los USA. Allí el dinamismo es mucho mayor. Y por otra parte no puede olvidarse que la consecuencia de la crisis vivida, se ha resuelto con un enorme incremento del endeudamiento público. Nunca se va a poder amortizar esta losa que han de soportar la mayor parte de los Estados europeos. Y singularmente, España.

Puede quebrarse por ello,  una vez más, la confianza? Algo tan sutil, tan vinculado a los estados de ánimo, a las actitudes, humores del personal?. Sin duda.

Recemos para que ello no se produzca.

Y para que los que nos gobiernan,- aquí y allá,- no propicien situaciones semejantes.

 

16 de septiembre de 2018



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