Archivo de octubre de 2018



FRANCO, VIVE

Si Franco no existiera, no hubiera existido nunca, habría que inventarlo. Los socialistas piensan que Franco les puede dar votos y están dispuestos a seguir hablando del asunto hasta que el respetable se canse.

Ahora la noticia se ha trasladado a la catedral de la  Almudena. Y como lo que no puede ser, no puede ser, la vicepresidenta se ha ido a la Santa Sede a explicar el problema, para que el Papa haga alguna indicación ecuménica a fin de que el dictador no sea el nuevo inquilino de la Almudena.

Parece que la señora Calvo ha expuesto que si la familia Franco puede pedir que se exhume el cadáver en la Catedral, el gobierno tiene que garantizar a todos los españoles que una dictadura no quede enaltecida, reposando en los benditos suelos del templo de Dios.

El Vaticano espera que se llegue a un acuerdo entre las partes implicadas. Mientras, Franco ha guardado un prudente silencio.

Pero lo más curioso de todo, es que una gran parte de los que hablan del franquismo nacieron una vez muerto el general. O sea que están enteradísimos de lo que sucedió en aquellos años,- 35 para ser más exactos- y se comportan como si hubieran sido actores o testigos de lo sucedido en aquella época. Más aún. Realizan absolutas afirmaciones, formulan condenas acerca de lo que han oído o les han relatado, al margen de la solvencia, seriedad u objetividad del que las ha contado. Como que ahora lo que se lleva es el anatema del pasado, pues a seguir la moda.

En cambio, se leen o se oyen pocas opiniones o testimonios de los que generacionalmente les tocó vivir en la época franquista. Yo entre ellos. La verdad es que me sorprendió un tanto que después de muchos años de sepultura y de olvido, se vuelva a hablar de Franco, desenterrando la llamada memoria histórica. ¿Para qué? ¿Tenemos que ir de nuevo a un examen o a un juicio de lo que sucedió en la contienda civil? ¿Que ganamos con ello?

Lo dicho, el  partido socialista es el interesado en resucitar a los muertos.Solo hace falta ahora que los españoles les agradezcan el gesto en unas próximas elecciones.

Veremos.

Miércoles, 31 de octubre de 2018

LIBERTAD DE EXPRESION

 

En nombre de la libertad de expresión, hoy se ha hecho pública en la Generalitat, la constitución del “consell para la república”, esto es, un instrumento para seguir erosionando el sistema político nacido con la Constitución. En nombre de la libertad de expresión y de la “democracia”, porque esto último lo había olvidado.

¿Tiene límites la libertad de expresión?. Pues se ve que no. Porque se están utilizando las posibilidades que brinda el Estado de derecho, para tratar de derribar a este Estado. Sin ir más lejos los medios de información recogen en amplios titulares, que unos señores dedicados a la política no quieren la monarquía y van a trabajar desde dentro y desde fuera para que ésta desaparezca. Es un cáncer que no se trata y que amenaza metástasis. Y el mismo Ayuntamiento de Barcelona, hace pocos días ha reprobado igualmente la figura del rey. El gobierno de Madrid protestó cuando esta misma decisión se adoptó en el Parlament  y han manifestado que van a llevar el asunto al Constitucional, pero ahí quedará el asunto.

También los protagonistas de las mociones de censura han dicho que los acuerdos que se han adoptado, en la Generalitat y en el Ayuntamiento, no tienen carácter ejecutivo o normativo alguno y que por tanto no pasan de meras declaraciones de voluntad. Solemnes por supuesto, porque fueron aprobadas por el Pleno de estas instituciones, pero con una eficacia jurídica nula. Así las cosas, estos pronunciamientos pueden repetirse una y otra vez. Libertad de expresión. Pura y dura.

En Alemania,- es solamente un ejemplo-, los partidos que tengan como objetivo romper la constitución, no tienen cabida en su parlamento. Y por supuesto nadie se atrevería a impulsar un consejo,- consultivo o no,- para destruir el sistema federal, nacido después de la segunda contienda mundial. O un partido que utilizando las ventajas de la libertad de expresión, trabajara para “cargarse” el modo de vida del que disfrutan millones de alemanes.

El separatismo,- porque el independentismo es un separatismo-, dice que todas estas actuaciones y empeños, van encaminados a que Catalunya, a que los catalanes vivan un día con mayor libertad y también con un mayor bienestar. Y que para alcanzar estos objetivos, el consell para la república es un camino a seguir. Y van a abrir con carácter inmediato un registro de catalanes que se adhieran a la propuesta.

Gaziel, el periodista de La Vangurdia decía en algún editorial de los años treinta, que “la historia de los pueblos políticamente infortunados se caracteriza porque las cosas más elementales, más sensatas, que cualquier inteligencia vulgar, no ofuscada, puede ver claramente que se deben hacer,- de las cuales España es un magnífico y lamentable ejemplo-, o se hacen tarde o no se hacen nunca.”

Posiblemente lo que se tenía que haber hecho en el contencioso catalán, o no se hizo o se está haciendo tarde.

Y es urgente reaccionar, antes que sea demasiado tarde.

 

 

Martes, 30 de octubre de 2018

“NOS HABEIS DE PERDONAR”

 

Debe ser el primer “perdón” que expresa un presidente del Tribunal Supremo en la historia de España. Los jueces del Tribunal Supremo seguro que se han equivocado muchas veces. Que algunas o muchas de las sentencias que han dictado han sido mediocres, de una  prosa difícil de comprender y de digerir. Pero ahí se quedaban las sentencias, enterradas en soberbios tomos de la editorial Aranzadi, para auxilio de algún jurisconsulto que deseara hurgar en las memorias de la justicia.

Pero en esta ocasión ha sido el señor Carlos Lesmes, presidente del Tribunal Supremo, quien se ha referido ” a una gestión tan deficiente” y ha añadido que se va a tratar de “hacer lo más correcto y lo que haga menos daño”. Y lo ha dicho con un gesto compungido, con un aire de arrepentimiento, a fin imagino, de trasladar a la ciudadanía la profunda preocupación que embarga a muchos jueces. Hay “conmoción” en las Salas de del Supremo, nos dicen.

¿Y todo esto, porqué?. Pues por una sentencia, ya firme,que traslada a los bancos la obligación de pagar los impuestos de la formalización de las hipotecas. Las sentencias, si son firmes, se entiende que no se pueden variar ni rectificar. A menos que sean nulas porque se ha producido algún defecto a lo largo del proceso. ¿Los jueces se pueden equivocar?. Claro. La justicia es una materia de humanos. De hombres y mujeres. Y sería de ingenuos el asumir que cuando se administra justicia, no cabe el error. Lo que sucede es que el común de la gente busca en la administración de Justicia, un objetivo, un fin que a veces no le puede dar. Se acostumbra por ejemplo a oír, “en el juzgado me van a dar la razón”, sin tener en cuenta que dependerá todo ello del juez que le toque en turno, del interés que se tome en el asunto y del tiempo que dedique al análisis del problema.

La confesión de Lesmes no sé si va a servir de gran cosa. Se anuncia que los 31 magistrados de la Sala Contencioso-Administrativa, se van a reunir para tratar el asunto y dar la respuesta más adecuada, más equitativa. Pero los consumidores ya han dicho que no se puede volver atrás y los bancos han replicado que el dinero que recibieron en razón al impuesto, se pagó en su totalidad a Hacienda. Esto es, que ellos no se quedaron un céntimo y que además si finalmente se produce alguna consecuencia económica, no tendrán otra alternativa que cargarla de forma indirecta al cliente.

La consecuencia más importante de lo sucedido se llama, “confianza”. Pérdida de confianza en las instituciones. En este caso, en el poder judicial, en el Supremo. El pueblo necesita creer en unas cuantas cosas. Pocas. Pero que sean  inamovibles. Mejor dicho, aunque no lo sean, por lo menos que lo parezcan. Porque si los pilares que sustentan el sistema, empiezan a flaquear, a tambalearse, el ciudadano va a caer en una situación de orfandad, de absoluta soledad.

El mal ya está hecho. Salga lo que salga próximamente, del sanedrín de los magistrados de la Sala Contenciosa. Carlos Lesmes ha intentado apagar el fuego. Pero éste no deja de quemar.

Porque hay demasiado oxígeno en la atmósfera.

Lunes, 29 de octubre de 2018

SEGURIDAD, TRABAJO

 

Estos son los pilares de la estabilidad. Y de la estabilidad política. Seguridad en el ámbito personal. Salir a la calle con tranquilidad. Sabiendo que no corres ningún peligro. Que nadie te va a agredir o amenazar. Que puedes vivir sin esta zozobra. 

Y también que vas a poder trabajar. A disponer de una ocupación digna que te permita  alimentar a tu familia y gozar de unas mínimas comodidades. Desarrollar tus facultades como persona. Tener la oportunidad de ser feliz. En algún momento. Aunque sea por poco tiempo. Pero que la posibilidad exista.

En realidad no se pide tanto. Aunque en colectividad, formando parte de una sociedad no sean tan fácil alcanzar estas metas.
Y cuando estos objetivos quedan lejos del quehacer diario ,  es cuando surgen las primera inquietudes y los primeros sobresaltos. Cuando una mayoría social cansada de una inseguridad y de la falta de oportunidades decide romper moldes y abrazar una propuesta radical que le promete “Seguridad” y “trabajo”. Primero, seguridad. Porque sin seguridad hay menos trabajo. Menos inversión y menos empleo.

Lo de Bolsonaro en Brasil, que hoy es actualidad, forma parte de un razonamiento tan elemental. Promete la seguridad de la que ahora los brasileños carecen. Miles de homicidios se registran cada año. El miedo se ha empezado,- dicen- a adueñar de las calles de Río de Janeiro. Y ante este panorama los ciudadanos no dudan en echarse en brazos de quien promete tranquilidad, aunque muchos sean conscientes de que el precio que tendrán que pagar en términos de libertades democráticas sea alto. 

La experiencia se ha vivido tantas veces!. El nacimiento del fascismo, del nazismo o del comunismo tuvo las mismas raíces. Y hoy seguridad y trabajo siguen siendo los grandes determinantes de la estabilidad o del cambio político.

No, la sociedad en su conjunto no ha cambiado tanto. Primum vivere. Vivir y dejar vivir. 

Tampoco, como decía más arriba, se pide tanto.

Domingo, 28 de octubre de 2018

LA “COCINA” DE LAS ENCUESTAS

 

Esto de la “cocina” de las encuestas es nuevo. Por lo menos la terminología. Se dice que las encuestas se han de cocinar, seguramente para darles más sabor, más acento. Para que no queden insípidas y demasiado neutras. Y esto  viene a cuento porque la encuesta oficial del CIS ha dado unos resultados que han sorprendido a propios y extraños. “Extraños” los del PP y Ciudadanos y “propios” los del PSOE. Porque algunos socialistas entienden que el señor Tezanos que es un socialista de toda la vida que Sanchez a puesto al frente del CIS, se ha pasado un tanto en los componentes y condimentos que ha cocinado.

Creo que era Churchill el que decía, que se creía solamente las encuestas que el mismo encargaba. Y era una afirmación del todo cierta. ¿O es que se podía llegar a pensar que la cocina de Tezanos, acusara la pérdida de confianza del gabinete Sanchez, después de todos los líos producidos en su gabinete?. No, imposible. La encuesta del CIS tenía que seguir registrando el crecimiento en la opción de voto del PSOE y la pérdida del apoyo del electorado por parte del Partido Popular. Y así ha sido. Y así seguramente seguirá siendo mes tras mes, a menos que se produzca una hecatombe que fuerce a cambiar los utensilios de la cocina.

Además, los mecanismos o sistemas a través de los cuales se efectúan  las encuestas resultan tan intrincados, que nunca se va a poder saber cómo y de qué manera se han producido unos determinados resultados. Y sino pregunten al CIS, a sus principales responsables, al mismo señor Tezanos, a ver que le contestan. Seguramente, si llegan a darle alguna  respuesta, ésta vendrá edulcorada con una serie de fórmulas y  métodos, de análisis y cálculo, más que complejo. Y seguro que la fórmula última, la más mágica que se utiliza en la cocina, no se la van a desvelar.

A partir de ahí, con una credibilidad tan escasa, podríamos preguntarnos realmente de qué sirven las encuestas del CIS. La respuesta que se me ocurre más inmediata, sería para nada.  Porque si la cocina “adultera” el significado de la encuesta, entonces se ha perdido el tiempo. Con lo cual, lo mejor, -vamos a ahorrar dinero público- sería el no hacer más encuestas. A menos, -sería otra observación- que el CIS, se convirtiera en esta materia, en una institución con presencia de todos los partidos políticos y que por tanto su director o máximo responsable, fuera fruto del consenso parlamentario. Del mismo modo que se está hablando de un cierto consenso en la TV pública, ¿ porqué no negociarlo en una cuestión que afecta a toda la población y cuya objetividad y servicio al ciudadano, requiere de la mayor transparencia?

Pero con toda seguridad estoy pidiendo demasiado. El que manda no está dispuesto a renunciar al poder o a la influencia de la encuesta. Sea el que sea.

Por esto manda.

 

Sábado, 27 de octubre de 2018