Archivo de marzo de 2019



JUNCKER, MACRON, MERKEL

 

Sí, habeis llegado tarde. No tiene ya demasiado sentido que digais que ahora lo que procede es la “reciprocidad” con China.  De reciprocidad con el gran imperio no ha existido nunca. Es más, el crecimiento en China, la acumulación de capital se ha hecho a costa de la reciprocidad. Esto es de la ausencia de equilibrios y contraprestaciones más o menos justas en el ámbito comercial. China ha tenido abierta la puerta de Europa, de la tecnología y lo ha aprovechado de forma diligente para crear grandes infraestructuras industriales. En cambio los europeos no han tenido las mismas facilidades para acceder al mercado chino. Es más. Muchas, muchísimas empresas europeas se han ido a producir a China en detrimento de la ocupación y el nivel de vida de ciudadanos de los países comunitarios.

Esta ha sido la realidad. Despertar ahora de este sueño, exigiendo a Xi Jinping reciprocidad en las relaciones bilaterales, no deja de ser un propósito baldío o una declaración quizá solemne para la galería. Las cartas ya están echadas. El poder se está inclinando, se ha inclinado hacia el gigante asiático. La fuerza que pueda tener la Union Europea para equilibrar la balanza, se ha desvanecido.

Y a ello hay que añadir las deserciones. Xi Jinping se fue primero a Italia. A convencer a Salvini y a Di Maio a que se unieran al monumental proyecto de la ruta de la Seda. Y los italianos que andan un tanto apartados del entorno comunitario han prestado la mayor atención. Italia está en horas bajas y necesita inversiones. Y están convencidos que Bruselas no les va a solucionar el problema. Que la Unión Europea ha entrado en una fase de estancamiento, de auto reflexión. De vuelta al análisis de su propia identidad y del sentido también de un futuro común que exige una mayor integración.

Posiblemente Juncker, Macron y Merkel, las tres personalidades, nos ofrezcan una imágen de esta Europa que ha perdido fuerza, vigor. Juncker, aquejado en alguna ocasión de inoportunos lumbagos. Macron, a cuestas con los embates de los chalecos amarillos. Merkel, con un pie en la jubilación, despidiéndose de su reinado comunitario.

Xi Jinping ha venido a saludarles y sabe que nada va a cambiar. 

Ciertamente.

 

Domingo, 31 de marzo de 2019

DECÍAMOS AYER…

 

Han pasado unas semanas. No he escrito. Nada. Como un desierto. Pensé que ya lo había dicho todo.Todo lo que se podía decir. Porque la actualidad no reflejaba ninguna novedad. Nada trascendente que pudiera comentarse. El llamado “macro juicio”, hundido en la monotonía. Día tras día, con testimonios, preguntas y respuestas ya esperadas. Pocas o ninguna sorpresa. Todo bastante preparado. Un juicio en el que todos podríamos ser testimonios. Fuimos testimonios a lo largo de días, meses. Y algunos años. Y también podríamos ser jueces. Casi, sin tener conocimientos jurídicos. Simplemente aplicando la lógica, el sentido común. Lo que vimos. Lo que vivimos. Aplicando el interés general. Y como jueces podríamos igualmente dictar sentencia. Una sentencia que se correspondería con nuestro íntimo sentido de justicia. Una justicia que podrá o no acercarse a la que dicte algún día el Tribunal Supremo. Pero que para nosotros tendrá tanto o más valor.

En el plano político, aunque no pueda parecerlo, todo continúa igual. Las posiciones no han cambiado. El independentismo mantiene la pugna, el objetivo último. Sin bajar de las alturas. El poder y la influencia que da el presupuesto en los organismo autonómicos, propicia una actitud que menosprecia el diálogo, a menos que se acepten unas premisas últimas. Esto es, la independencia como punto de partida. Difícil o imposible por ello entrar a negociar. Por otra parte las elecciones a día de hoy, no van a cambiar el panorama en Catalunya. Sí, quizá en España. Y según lo  resultados posiblemente asistamos a un nuevo capítulo del 155. 

No puedo negar que la situación me produce tristeza. Desencanto. Desaliento. Nuestra sociedad sigue dividida. Un cansancio que se está apoderando de unos y otros. Porque olvidamos con un asunto tan irresoluble, el abordar los asuntos y problemas que  son realmente importantes para nuestro futuro.  Me pregunto si esto es impotencia, si nosotros mismos hemos llegado a la conclusión que como sociedad somos incapaces de buscar una salida mínimamente digna y airosa a la actual situación. Si lo que está sucediendo es una señal inequívoca de nuestra decadencia como pueblo, una decadencia agravada por la división y la fractura,- sí la fractura- que estamos sufriendo.

Sin duda que las evidencias confirman este diagnóstico. Y confieso que me resisto a aceptarlo. Pero no encuentro razones para rechazarlo.

 

Sábado, 30 de marzo de 2019

LA DEFENSA

 

Ha pasado algún tiempo, unas cuantas sesiones del juicio, para que uno pueda hacerse una idea de la estrategia de la defensa.

Por encima de todo el gran objetivo del independentismo es seguir en el poder. Que los electores les sigan dispensando su confianza. Y para ello Junqueras habla solamente de política, de pacifismo, de servicio al pueblo. Y tiene, tenía que hacerlo para ofrecer la imagen de santidad, de estar por encima del bien y del mal. Junqueras el gran líder dispuesto a sacrificarse por un gran ideal. Perfecto, para las próximas elecciones. Junqueras ha pasado por este trago y ha salido incólume.

Luego, cuando se ha entrado en materia, han sido los demás procesados los que han tratado con sus abogados de convertir el proceso por la rebelión o sedición, en un juicio sobre la actuación policial del día del referendum. Tanto Rajoy, como Soraya Sáenz de Santamaría como el ministro del Interior,  Zoido, han tenido que contestar una y otra vez a las preguntas de los letrados, inquiriendo sobre los detalles del dispositivo policial. Lo importante era resaltar la violencia del Estado contra los pacíficos ciudadanos que solamente querían ejercer un derecho tan elemental como votar.   Lo de la rebelión, sedición o insurrección en todo caso, quedaba más bien al márgen.

El tercer gran elemento, base de la defensa, ha sido el apelar sistemáticamente al gran mantra, “la democracia”.  Los demócratas sirven a la voluntad del pueblo. Lo que se ha hecho es seguir la voluntad popular. Ejemplo, el referendum. ¿Que hay de mal en ello?. ¿Y las leyes?. Las leyes han de estar también a disposición del credo demócrata. Y si no es así, se cambian. Lo primigenio, lo primero es construir la democracia. La democracia es lo que quiere el pueblo. La autodeterminación está por encima de las leyes. Una especie de derecho natural. Los pueblos han de poder elegir su destino. De autodeterminarse. Por estas razones la Constitución no cuenta o cuenta poco. La Constitución no puede ser un freno a la voluntad de decidir de los catalanes. El independentismo seguirá pese a todos, por los siglos de los siglos.

Como puede observarse de todo ello, se pasa de puntillas por los hechos incriminatorios. 

Hasta ahora el Juicio ha presentado más el aspecto de un debate político que otra cosa. En realidad un espectáculo tan incómodo para los magistrados como para quienes se sientan en el banco de los acusados.

Total, un maldito embrollo. Una miserable pérdida de tiempo, que nos habríamos todos, podido ahorrar.

¡Por lo menos si lo que sucede ahora en el Supremo sirviera de algo, de lección o experiencia para algunos!

Pero tampoco soy optimista en que esto suceda.

 

 

Sábado, 2 de marzo de 2019