WEIMAR

 

Un periódico se ha descolgado en su edición del domingo con un análisis, -artículo de fondo- sobre Weimar. Sobre la República de Weimar. Una etapa de la historia alemana que no dejó demasiado buen recuerdo. Una experiencia de juego democrático, que terminó con el alumbramiento del nazismo. La derrota alemana en la primera conflagración europea, generó muchas desdichas  y la digestión de los años que sucedieron al conflicto no fue nada fácil. Coincidió con la revolución bolchevique y el entusiasmo que generó aquel fenómeno, que algunos entendieron podía exportarse a otros lugares. Alemania vivió esta vorágine. La República de Weimar en la que se enfrentaban socialistas, comunistas, liberales, católicos y nacionalsocialistas, los “nazis”. Y terminó con el triunfo de estos últimos.

Lo de ahora nada tiene que ver con los años veinte y treinta europeos. Con el auge de las ideas nacionalistas de corte fascista. Si Lenin no hubiera llegado a Petrogrado, si los alemanes no le hubieran facilitado el tránsito hasta aquella ciudad y si los comunistas no se hubieran salido con la suya derrotando al ejercito blanco en la guerra civil, el fascismo, el nazismo, no habría llegado demasiado lejos. Sin comunismo, el fascismo se quedaba cojo. Sin adversario. La persecución de los judios por parte de Hitler vino después. Pero el primer gran objetivo fue que Alemania quedara al margen del sarampión bolchevique.

Los populismos. El auge de las ideas, -mejor,- de las políticas populistas. Trump, Boris Johnson, Salvini, Orban. Y algunos más. ¿Pérdida de fe, de confianza en el sistema parlamentario?. Puede parecerlo, porque en otro caso, ¿ A que viene el que aparezcan unos políticos con aire  de salvadores, que nos dicen que van a solucionar todos nuestros problemas?.  Ciertamente algo o mucho se ha estado haciendo mal. Algo que tiene que ver con la parálisis, la ineficacia de los usos parlamentarios. El votante, el ciudadano normal quiere que se le solucionen los problemas. Y supone que los políticos están para ello. Y que está bien que debatan, que discutan, que discrepen; pero que no se olviden que el Parlamento está para tomar  decisiones, para trabajar con la necesaria diligencia y agilidad y para mejorar la vida de la gente. Si el ciudadano percibe que el Parlamento y el Gobierno, no le sirven y esto lo nota mes a mes en su bolsillo, no debería extrañarnos que escuchara o fuera sensible a otras voces que le prometen lo que los actuales gestores no le dan.

En lo que sí se parece la República de Weimar con lo que en la actualidad está sucediendo en España, es en la incapacidad de los partidos por articular una fórmula que permita una estabilidad política.  También el separatismo ha generado la reacción en la derecha,- Vox- ,del mismo modo que la crisis económica lo hizo con la izquierda, -Podemos-. En el fondo todo ello no es más que la consecuencia de fallos en el gobierno, en la conducción del país. Los populismos no nacen, así, sin chispa o mecha que los alumbre. Alguien o algunos fueron los que la encendieron.

Y una vez ardiendo, veremos como se apaga.

No será tan fácil.

 

28 de julio de 2019


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