JUEVES, TRES DE OCTUBRE

 

La televisión alemana ha estado este tres de octubre rememorando imágenes de los meses y semanas que precedieron a la reunificación del país, acaecida este mismo día de 1990.  La “república democrática” del telón de acero, la RDA, la Alemania Oriental , dejaba paso a los “neue Bundesländer”, a los nuevos Estados integrados en la República Federal. El muro de Berlín, que separaba a dos mundos tan alejados desde el fin de la segunda guerra mundial, también había desaparecido como preludio de la unión entre las dos Alemanias.

Puede decirse que con la reunificación se puso punto final a las terribles consecuencias que tuvo el nazismo para el pueblo germano. Lo que había empezado en 1933 con la ascensión de Hitler al poder, tuvo una intensa, larga agonía, con la decisión de las fuerzas aliadas partiendo la geografía alemana en dos mitades. Stalin se quedó con todo el Este, además de someter a Polonia, Checoslovaquia y otros Estado colindantes bajo su tutela y férreo control. Francia, Inglaterra y los Estados Unidos se repartieron el sector occidental y de allí nació la República Federal con Adenauer, el gran político que puso orden al complicado tablero político derivado las cenizas de la contienda.

Uno se pregunta a veces, cómo fue posible que un grupo, un pequeño grupo de iluminados, con Hitler a la cabeza, pudiera en pocos años generar la hecatombe, el tremendo drama que supuso el ascenso del fascismo y el comienzo de las hostilidades que desembocaron en la segunda gran guerra, con tantos y tantos millones de muertos. Ni la mayor parte de alemanes esperaban el desenlace, ni tampoco los políticos de la época con Chamberlain a la cabeza,- con la excepción de Churchill-, creyeron que los diques de contención se rompieran en favor de una conflagración global.

Desgraciadamente en ocasiones, los acontecimientos se suceden, con la absoluta y a veces ingenua creencia, que finalmente no van a producirse. Que va a generarse algún tipo de contención, de freno que evite males mayores. Pero en la Alemania hitleriana esto no fue así. Se dejó que el país funcionara al mando de un loco, de un psicópata, que se había hecho con el poder y que no iba a soltarlo, hasta que con Eva Braun se suicidó en Berlín, cuando ya el ejercito soviético estaba entrando en la ciudad. Peligroso, muy peligroso cuando el poder está en manos de políticos que actúan como dioses, poseídos por la verdad. Hitler no fue, no ha sido una excepción.

He dicho en diversas ocasiones que si no se hubiera asistido al alumbramiento de la revolución bolchevique y al ascenso del partido comunista, el fenómeno fascista no habría existido. Casi con seguridad nos habríamos ahorrado una segunda guerra.

El pueblo alemán fué también el que sufrió las terribles consecuencias del nazismo. Es el recuerdo que queda del tres de octubre. Y la esperanza, el deseo de que aquello no vuelva a suceder.

 

 

 

6 de octubre de 2019



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