“MIENTRAS DURE LA GUERRA”

 

Es el título de la película que vi ayer. No acostumbro a ir al cine. Habré perdido la afición. Pero el otro día conversando con amigos, se habló de este último film de Amenábar. Y de la pugna, en el marco de la guerra civil, entre Miguel de Unamuno y el general Millan Astray. Pregunté a mis contertulios si les había gustado la película. Al final hubo división de opiniones.

La cinematografía española se ha nutrido a lo largo de los años de los ambientes de la guerra civil. Y luego de más de ochenta, sigue por lo que se ve, despertando interés como para generar más rodajes. Y ahora con lo del Valle de los caídos, y la exhumación de Franco, más. Mucha gente de las nuevas generaciones que naturalmente no vivieron la contienda civil y tampoco la larga posguerra y el  régimen franquista, se atreven con mucha convicción y hasta descaro a enjuiciar unas décadas ya lejanas, que les han contado oficiantes de distinto pelaje.

La película, bastante bien. Unas cuantas escenas, bien logradas. Un argumento que gira alrededor de Miguel de Unamuno. Un personaje que se debate entre su ideal de un  pueblo español unido y la tremenda realidad de una lucha fraticida. La duda, el no saber que hacer y hasta decidir, en momentos en los que es tan difícil dar satisfacción a sentimientos y convicciones. El ser y no ser. Todo a la vez. Al mismo tiempo. La guerra civil como una gran derrota. La imposibilidad de haberla podido evitar. Miguel de Unamuno espectador y también protagonista. Quizá también culpable.

Millan Astray es el reverso de la moneda. El dedo acusador. Hay buenos y malos. Ellos, los nacionales, los buenos. Hay que terminar con los malos para que España pueda vivir en paz. Vivir en paz, otra vez, es lo que le dice la mujer de Franco a Unamuno, cuando la película termina. Millan Astray es el combatiente, la lucha, la “cruzada”. Con Unamuno todo estaría perdido.

Amenabar apunta a las dos Españas. Las dos Españas que muchos piensan siguen existiendo. Derechas e izquierdas. Ancladas en la historia. Cuando ya han transcurrido ochenta años. Diálogos de “mientras dure la guerra”, que pueden reproducirse en muchos cenáculos de hoy. ¿Hemos aprendido de pasados errores, de pasadas calamidades?. No estoy seguro.

En la sala donde se proyectaba la película esta semana, no más de diez espectadores. Una sala con capacidad para más de ochocientas personas.

Después de todo lo dicho, buena noticia. La guerra civil queda lejos. Poco entusiasmo en rememorarla.

No es tan fácil resucitar a los muertos.

 

 

 

4 de octubre de 2019



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