HACER TRAMPAS

 

«No vale hacer trampas». Esto es lo que en lenguaje de la calle le ha dicho la Junta Electoral Central a Quim Torra. Y la decisión la ha ratificado el Supremo. «Hacer trampas» significa en unas elecciones, actuar de manera que se perjudique al adversario favoreciendo el éxito de otras causas. En este caso se habían colgado en el balcón del palacio de la Generalitat los conocidos carteles en favor de los presos independentistas. ¿Lesionaba este hecho el principio de neutralidad institucional?. Sin duda. Al margen de cualquier ideología.

Torra ha dicho que no acepta el veredicto de la Junta ni del Supremo y que seguirá como diputado y al frente de la Generalitat de Catalunya. Así de sencillo, así de contundente. Y Torrent, que es Presidente de la Cámara catalana, se ha apresurado a apoyar esta postura, señalando que el Parlament «no prevé la inelegibilidad  sobrevenida.» Esto significa, que una vez se adoptó por el Pleno elegir a Torra, este acuerdo ha de tener vigencia en cualquier caso. Además, ha añadido Torrent, no existe en la legislación catalana precepto alguno acerca de este supuesto.

Realmente resulta sugestiva la interpretación que hacen del derecho y de las leyes los políticos separatistas. En base a los razonamientos antes expresados, cualquiera podría cometer un delito en tiempo de elecciones,- fraude, manipulación o engaño-, obteniendo ventajas que le permitieran  salir elegido frente a otros contrincantes, gozando ya, al margen de la comisión de dichas infracciones, de absoluta inmunidad.  Es decir, el hecho de que hubiera sido ya nombrado diputado o concejal, extinguiría la responsabilidad penal del infractor.  O en otro caso, aún sin extinguirla, le permitiría seguir ocupando el escaño.

Naturalmente, en el orden jurídico esto no tiene ningún sentido. De tenerlo, convertiríamos la contienda electoral en una jungla, en la que los candidatos pueden hacer y decir lo que quieran, al margen de las leyes y los reglamentos. Ni transparencia, ni igualdad de oportunidades, ni neutralidad de los poderes públicos, ni nada. Siempre ganaría el más fuerte. Porque además se aseguraría la impunidad.

En realidad no haría falta tener que realizar unos comentarios que en el ámbito del derecho, son absolutamente elementales. Podrían a lo sumo, constituir material de examen de primero o segundo de carrera. Pero poco más. Aunque desde hace ya bastante tiempo tenemos que ocuparnos de asuntos tan básicos, tan simples, que pugnan con el alcance del propio sentido común.

Dudo mucho que al final los objetivos políticos, llevados a este extremo, puedan beneficiar  a sus impulsores. Les habría aconsejado a Torra y Torrent que hubieran adoptado otra estrategia.

Porque algún día sus electores se lo van a reprochar.

11 de enero de 2020



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