EL SEÑOR JUNQUERAS

 

Ví anteayer, noche, la entrevista de Junqueras en TV realizada en el centro penitenciario donde se halla recluido. A la mañana siguiente pregunté a un psicólogo amigo, que también conocía la entrevista, por el perfil psicológico del personaje. Me interesaba saber su opinión después de haber oído las declaraciones de Junqueras. La respuesta fue clara. Me dijo, “es un tipo perfectamente normal”. Lo cual no es incompatible en que no le importe mentir, para seguir seduciendo a su parroquia. Si habláramos en términos de la calle, con alguien que de forma repetida te está contando  falsedades y te promete objetivos inalcanzables, pensaríamos que es un “cara”, un “jeta” y nos alejaríamos de él.

Junqueras le dijo una y otra vez al entrevistador, que no había hecho nada, que era inocente y que el Estado había cometido una gran injusticia con él, llevándolo a los Tribunales y condenándolo. Que los políticos del PSC no se atrevían a mirarle a los ojos, por el enorme mal que habían hecho y que la declaración de independencia se hizo con la mayoría de catalanes a favor.

Por tanto, de acto de contrición nada. Aunque una y otra vez se vulnerara la legalidad, la Constitución y los independentistas se erigieran en interpretes de la voluntad de los ciudadanos. Para Junqueras no se produjo tal vulneración. Simplemente porque las leyes del Estado español no existen. Y si existen a él no le afectan. Porque está por encima de ellas. Por encima o por delante,- como se quiera,- está la democracia. El principio democrático, la voluntad popular que es anterior o prioritaria a la ley. Y como que la voluntad popular, -el independentismo-, no acepta la legalidad vigente, sino únicamente la suya, la que pueda en su día promulgar, resulta claro que nadie,-esto es el Estado-, puede obligarles a cumplir la norma. Por esto Junqueras proclama su inocencia. Junqueras hace, dice lo que sus electores quieren. Cumple con la voluntad de los que le han elegido. Aunque esta voluntad nada tenga que ver con el ordenamiento jurídico que los españoles sancionaron en 1978.

Claro que todo esto es irreal, absurdo. Pero sin embargo, en unas próximas elecciones Junqueras puede presidir al partido más votado. ¿Qué está sucediendo?. Como si los votantes estuvieran embriagados, sumidos en un profundo sueño, que les sumerge en un mundo feliz. Y lo están. Desde hace ya unos años.

¿Van a despertar algún día? Por el momento, no.

Junqueras ya se ocupará de ello. Porque sorprendentemente la fórmula funciona. 

 

 

 

11 de febrero de 2020



Deja un comentario