EL VIRUS

 

Empieza ya a producirse una cierta psicosis. Aunque se diga y se repita que se trata de un virus que se supera con facilidad. Que la cifra de mortalidad es mínima. Mucho menor que la gripe habitual que nos visita anualmente, en los meses más fríos.

Y la verdad es que estamos invadidos de «virus». ¿Qué es en definitiva un virus?. Pues un agente infeccioso que nos quiere mal. Que va contra la humanidad. Sin complejos. De frente. Y de estos tenemos tantos, que ya no les damos importancia. ¿Qué es el cáncer, sino una especie de «virus», en un sentido amplio del término, que está por todas partes?. ¿Y el SIDA?. Pues igual. Y el Ebola, del cual ya no nos acordamos.

Y yo llamo «virus» también a los accidentes de tráfico que se cobran miles de vidas al año. Y que no hay manera de erradicarlos. Y no hablemos ya de  los virus informáticos que pueden vaciarte en segundos un almacén de datos construido pacientemente a lo largo del tiempo. Y las ideologías ¿no han sido unos virus que se cobraron la vida de millones de seres humanos, en dos grandes contiendas? ¿ Donde estaban las vacunas que lo evitaran? Leo en algún pasaje de una monografía de un tal William Burroughs, que «el lenguaje es un virus que se reproduce a gran velocidad». Y es cierto. El lenguaje es el elemento, el sustrato básico para la propagación del virus. Del virus de los pensamientos, de las ideas. Sin lenguaje, el virus moriría.

Resultará pues que en el mundo de hoy, los virus más benignos van a ser los vinculados a la salud humana. Y que los más malvados, los más mortíferos van a ser los derivados de nuestra civilización y de los riesgos que ella genera. Seguro que es así. Ya los he apuntado más arriba. Pero lo curioso u original del fenómeno es que los virus que nos acechan a diario ya son como nuestros, los hemos asumido como propios. En cambio el Corona Virus es algo nuevo, algo a lo que no estábamos acostumbrados.

Pero tendremos que acostumbrarnos. Al fin y al cabo es uno más.

25 de febrero de 2020



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