ABENGOA

Han dado la noticia que la empresa Abengoa finalmente ha presentado concurso de acreedores con un pasivo superior a los seis mil millones de euros. Estadísticamente parece que es la segunda mayor insolvencia presentada en muchos años, recordando las producidas en la crisis inmobiliaria delos primeros años de la década pasada.

También si analizáramos las estadísticas de las empresas que se han salvado después de presentar un concurso, observaríamos que el número de las que salieron a flote, es enormemente exiguo. Por mucho que se diga que el concurso de acreedores,- la suspensión de pagos o la quiebra de antes-, tiene como objetivo buscar una salida a situaciones que amenazan la supervivencia de la empresa, el recurso al Juzgado en pocas ocasiones ha significado la solución al agudo problema que se planteaba. Para Abengoa el concurso supone el que la Banca cierre por una temporada larga sus fuentes de financiación a corto plazo y que los clientes intenten retrasar los pagos. O simplemente no pagar. Con la esperanza de que la empresa finalmente cierre puertas.

Y en cuanto a los acreedores, veremos en cuánto quedan estos seis mil millones. Casi con toda seguridad se harán propuestas de «quitas» de setenta u ochenta por ciento. Si finalmente la cantidad que se acuerde por parte de la junta de acreedores llega a los mil quinientos, podrían considerarse satisfechos. Y naturalmente entre los acreedores existirán las consabidas preferencias, que la ley se ha ocupado de especificar. Los sindicatos que representen a los trabajadores que se vayan a la calle, negociarán con toda seguridad con base a unos despidos improcedentes y con la indemnización máxima que resulte. Y los bancos que tengan préstamos hipotecarios u otras garantías más líquidas también gozarán de claras preferencias. Y al final quedaran los proveedores de material, suministros o servicios, que tendrán que conformarse con un 10% de lo que les deben.

Naturalmente todo lo que estoy diciendo son puras estimaciones. Basadas pero, en la experiencia de muchos años siguiendo estas desventuras en las que empresas, por razón de la coyuntura u otras circunstancias, se ven abocadas al Concurso.

Lo que ahora deberíamos desear es que Abengoa, no haya abierto la puerta a los concursos e insolvencias que por causa de la Pandemia, tanto tememos.

Este es también mi ferviente deseo.

24 de febrero de 2021



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