INÚTIL LAMENTO

Los empresarios han alzado la voz por los lamentables sucesos acaecidos estos últimos días en Barcelona. Incendios, saqueos, desorden. Han dicho basta desde la patronal y han acusado al gobierno catalán de pasividad, de flaqueza y también al ayuntamiento aunque aquí hayan  centrado sus críticas en la alcaldesa, haciendo una excepción con el representante del PSC.

Pero no creo que les hagan mucho caso. En la Generalitat pocos, muy pocos creen en la empresa, creen en el empresario.Muchos de los que mandan piensan que la empresa es un apéndice en la sociedad, un instrumento al cual es lícito despreciar y marginar.

Ademas el espectro político en Catalunya después de las elecciones refleja que la empresa no tiene valedores en ningún partido.No hay ninguna fuerza política que puede identificarse con los postulados propios del sector privado. Es cierto que de vez en cuando se habla de la defensa de la pequeña y mediana empresa, porque la grande es definitivamente un demonio al que combatir y desterrar. Pero estas afirmaciones de apoyo a autónomos y empresas no son más que afirmaciones hechas cara a la galería, desprovistas del ingrediente ideológico tan necesario para darles fuerza y empuje.

En realidad hoy como ayer sigue estando mal visto en España el defender al empresario. Por mucho que el empresario sea el que crea empleo. Pero no se ve así para una gran parte de la sociedad. Porque esta sociedad está dominada por la izquierda. Por ideologías ya trasnochadas, que la historia enterró pero qué parece resultan más sugestivas, más atrayentes para una parte importante del electorado.

El empresario no lo va a tener fácil si no dispone de resortes importantes que le apoyen políticamente. El sostén, el soporte de la burguesía que antes constituía la base en la que se fundamentaba este apoyo ha desaparecido.Y sin este sostén sociológico, la defensa se hace mucho más compleja.

La borrasca continúa. Y no parece que vaya a amainar.

22 de febrero de 2021



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