ENANTYUM

Llego a casa después de visitar al dentista. Una aventura. Me receta Enantyum. Contra el dolor, después de una intervención. Adquiero el específico. Abro el envoltorio y me encuentro con un «prospecto: información para el usuario», impreso en una larga y estrecha hoja de aproximadamente 70×30 cm. Además, ahorro de papel, la impresión es por las dos caras.

El autor del digamos relato, me pide, me advierte que «lea todo el prospecto detenidamente antes de empezar a tomar el medicamento, ya que contiene información importante para Vd.» (esto es, para mí).

Estoy tentado de hacer caso a estas indicaciones de lectura absoluta y total pero finalmente me tomo la pastilla que el médico me ha recomendado. Llego a la conclusión que mi odontólogo ya sabe lo que es el Enantyum y que si me lo ha recetado es que tiene conocimiento de sus posibles incompatibilidades.

Pero no resisto la tentación después de ingerir la primera gragea, de seguir curioseando en el contenido del prospecto. Y la verdad es que no tiene desperdicio alguno. Así, ya de inicio me dice que «conserve este prospecto, ya que puede tener que volver a leerlo». Ello me produce una cierta inquietud. ¿Cuándo? Cómo? ¿Porqué?

Y sigo con la lectura. Claro que en «·diagonal». Porque las informaciones, completísimas, se suceden sin interrupción. Seis enormes, larguísimos capítulos. Por supuesto las incompatibilidades, a la orden del día. O bien «precauciones» si el medicamento se toma asociado a fármacos para mí tan desconocidos como la Zidobudina, la silfoniurea o el metrotexato.

Ya llegando a las postrimerías del folleto informativo, mi actitud se vuelve más favorable al medicamento cuando en los posibles «efectos adversos», se describen los «muy raros», que pueden afectar a una de cada 10.000 personas. Y claro, no tengo inconveniente alguno, sin seguir con la lectura, en situarme entre estos diez mil afortunados que tomando el Enantyum no va a tener efectos adversos.

Estoy convencido, muy convencido que las farmacéuticas saben que «las informaciones para el usuario» no se las lee nadie. O casi nadie. Y que si se las leyeran detenidamente llegarían posiblemente a la conclusión que no van a ingerir el medicamento. Simplemente porque alguna contraindicación seguro que va a afectarle.

Entonces, ¿para qué sirve el prospecto de marras?. Pues habrán considerado los servicios jurídicos de las farmacéuticas que si algo sucede en el ámbito judicial, siempre tendrán con ello, mayores argumentos de defensa.

Pues, como jurista que soy con alguna experiencia, no lo tengo tan claro.

7 de noviembre de 2021



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