ECONOMIA DE GUERRA

Bien, si no quereis llamarla así, ¿Cómo la llamamos?. Incrementos descontrolados de precios, escasez de materias primas, tensiones en las cadenas de suministro, desajustes en la producción de los distintos sectores productivos. ¿Qué es sino? Y todo ello acompañado de una absoluta incapacidad de predecir el futuro. Mejor dicho del futuro más próximo. Y digo «predicción». En estas horas se corresponde con la pregunta, ¿Cómo se acaba esta guerra?. ¿Quién tiene capacidad de poner a las dos partes en la mesa de negociación y llegar a una acuerdo?. ¿Biden, Erdogan, China?. ¿Y cuándo podría producirse este desenlace?. Porque mientras tanto seguimos en una economía de guerra. Esto es vivir en la anormalidad, en la provisionalidad, en el «entretanto».

Claro que preocupa que los precios y la inflación se disparen. Imposible evitarlo. Y aquí no vale la política económica o la actuación del Banco Central Europeo, aumentando por ejemplo el precio del dinero o reduciendo la masa monetaria en circulación. Tamañas medidas podrían ser aconsejables en una situación de normalidad. Pero en estos momentos una política restrictiva del BCE podría conducir a que miles de empresas, ya contaminadas por la Pandemia, sencillamente dejen de existir. El BCE tendrá que seguir procurando liquidez para no asfixiar la actividad de la iniciativa privada en esta hora tan difícil.

Y ahora, más quizá que nunca, hace falta la inteligencia, la valentía, la audacia y hasta el punto de astucia de la clase política. Todas estas cualidades o virtudes para reconducir esta invasión, esta inmerecida guerra, a un cese de hostilidades y a una paz, por precaria que sea.

Y también ahora mismo no sé, no me atrevo a apuntar qué ingredientes van a ser necesarios o indispensables para alumbrar una nuevo escenario de diálogo. Posiblemente nadie de los hoy implicados, tiene que perder en el empeño. Por muy culpable, por responsable que sea de lo que está sucediendo. No sé si éste es el precio que se tendrá que pagar para restaurar la perdida paz.

Pero aún así, si esta fuera la contribución, habrá que pasar página de este episodio negro de la historia, esperando que algún día se salden las cuentas con los protagonistas e impulsores de esta tragedia, de la tremenda pérdida de vidas inocentes causada, que es en definitiva lo que importa.

«Algún día.» Esto es algún día. Aunque no sepamos cuándo. Porque el tiempo acostumbra a veces a empañar o borrar los peores recuerdos.

3 de abril de 2022



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