¿VIVIR SIN RUSIA?

¿Vivir sin Rusia, como un hermano proscrito lanzado a las tinieblas?
Muy complicado. Casi imposible. Prescindir de un gigantesco país, de sus recursos naturales, de su posición geográfica en la encrucijada de muchas civilizaciones, va a ser una tarea de difícil ejecución.

Y sin embargo hoy día no parece exista otra opción que olvidarnos de Rusia, abandonarla, condenarla por sus horrendos pecados. Un nuevo telón de acero. Y así que empresas, grupos industriales del bloque occidental renuncien a hacer negocio con Rusia, a estar presentes en sus mercados. A comprar o vender cualquier tipo de mercancía.

Sí, esta es la consigna. La moneda de cambio a tanta destrucción y tanta muerte. Pero, casi todas las afirmaciones por contundentes que sean tienen un “pero”. Y éste simplemente significa, si podemos prescindir de un vecino tan incomodo y a su vez poderoso que nos suministra gas, petróleo, carbón, en cantidades tan importantes. Y si lo podemos hacer mañana o pasado. 

Y la respuesta es que no. No es que hayamos vendido nuestra alma al diablo, pero sí que el diablo ha estado trabajando tenazmente para hacerla suya. Para condicionar la política europea a los designios del Kremlin. Simplemente con una llave mágica. La que abre la espita del gas. Y hasta ahora los resultados no le han sido desfavorables. La Invasion de Ucrania la pagamos nosotros. Y además no podemos dejar de hacerlo.

Pensar por tanto que podremos prescindir de Rusia no es más que una ilusión. Pero hoy toca decirlo. Y quizá empezar a practicarlo. 

Empezar, sí. Pero no mucho más.

7 de abril de 2022



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