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TODO IGUAL

He estado casi un mes sin escribir. ¿Para qué?. ¿Qué puedo contar?. En 24 de marzo hice un último comentario. De la guerra, naturalmente. De la incapacidad de unos y otros para intentar desbloquear la situación. Incapacidad, impotencia, indecisión.

Porque la guerra sigue. Ciertamente con menor intensidad. Pero sin perspectiva alguna de que termine pronto. Se habían iniciado unas «negociaciones» entre una representación rusa y otra ucraniana. Pero ya no se ha sabido más de este intento de aproximación. La mesa de diálogo no existe. Tampoco la OTAN ha querido desplegar unos llamémosle, «buenos oficios» con el objetivo de que las hostilidades tengan por lo menos una tregua.

Al contrario. En Ucrania, sus dirigentes encabezados por Zelenski ya han dicho que el objetivo es la victoria. Echar a los rusos del país. Y por supuesto de gran parte del Donbass, que ahora están ocupando. Además los Estados Unidos han prometido una ayuda suplementaria de 40.000 millones de dólares.

Por tanto la disyuntiva es clara. Ucrania y algunos de sus aliados, – hablemos básicamente de los USA- han llegado a la conclusión, provisional o no, que finalmente Rusia se va a cansar y que del mismo modo que abandonó el frente de Kiev, abandonará algún día el Donbass. Y que si éste no es el final, por lo menos el ejército ruso puede sentirse tan debilitado y el clima político en Moscú tan enrarecido, que las negociaciones para una suerte de armisticio se hagan inevitables.

¿Y los europeos que piensan de todo ello?. Pues que la guerra termine. Cuanto antes. Ya lo apunté más arriba. Que la economía vuelva a la normalidad. Que se supere la incertidumbre que está frenando, condicionando, el consumo, la inversión y desatando niveles de inflación que ya no recordábamos.

Pero, ¿A qué precio?. ¿Cuál es el precio que tendría que pagar Ucrania, cuál es el peaje que tendrían que satisfacer las democracias occidentales a cambio de la paz?. ¿Una paz que tuviera bases más sólidas que las que provocaron la actual invasión?.

Y ésta es la principal cuestión que hoy no tiene respuesta alguna. Porque la defensa de Ucrania se convierte para una gran mayoría, en la defensa de los valores de la libertad, de la independencia, del derecho a la vida de un pueblo.

Y ponerles un precio a todos ellos, es empezar a negarlos.

domingo, 22 de mayo de 2022

Define Socialism

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sábado, 14 de mayo de 2022

CON TRUMP, NO

Estoy bastante convencido. Con Trump en la presidencia de los USA, Putin no se habría atrevido a invadir Ucrania. ¿Porque?. Simplemente, Putin respetaba más a Trump que a Biden. Lo respetaba o lo temía. Que a veces el respeto encubre un acusado temor.

Claro que uno puede preguntarse si es suficiente este ingrediente personal, para detener o descartar una determinada estrategia bélica. Creo que sí. Que los aspectos personales pueden ser muy determinantes a la hora de asumir riesgos e iniciar determinadas aventuras.

A Putin le gustaba Trump. Y lo había demostrado en varias ocasiones. Imagino que el paso que dio Trump para iniciar un diálogo con Corea del Norte, le debía parecer una decisión imaginativa y audaz. O decirles a los europeos que tenían en el futuro que asumir más responsabilidades en la financiación de la OTAN, rompiendo una tradición de años.

No hace falta insistir en que Trump fue un presidente tremendamente discutido. Fuera de los Estados Unidos, por supuesto. Y mucho en Europa. Pero me pregunto, con quien estaba Occidente más seguro. ¿Con Trump?. ¿Con Biden?. ¿Qué me contestais?

En política internacional, la iniciativa tiene su importancia. En ocasiones, determinante. La iniciativa vinculada al «timing» en la toma de decisiones y la asunción de un cierto liderazgo. En la actualidad no estoy tan convencido que Biden y sus aliados de la UE lleven la iniciativa en el conflicto de Ucrania. El liderazgo en una u otra vertiente del Atlántico o no existe o es débil, de una absoluta inconsistencia. Putin se aprovecha de ello.

Me preguntareis que todo esto que estoy escribiendo, podría asumirse. Pero que la realidad es la que es. Y no podemos volver atrás. Y que a partir de ahí, lo que interesa es saber, qué se ha de hacer para terminar esta pesadilla. Y con los políticos que hoy tenemos. Porque algún día habrá que terminarla.

No digo que tengamos que apelar a Trump. Pero me resisto a aceptar que tanto la UE como los USA no cuenten con los mecanismos y con la fuerza suficiente para buscar una fórmula que permita el cese de hostilidades. Si nos hallamos ante una pugna entre bloques, habrán de ser los políticos que representen estos bloques, quienes tengan la voz y la palabra en la negociación.Sucedió algo semejante en Yalta, al final de la segunda contienda mundial. El escenario hoy es distinto. Pero existen algunas semejanzas. Pese a todas las insuficiencias que he señalado más arriba, ¿Reunir en una mesa a Biden, Putin, Scholz, Johnson?

¿Porque no? ¿Imposible? ¿Quién da el primer paso?.

domingo, 24 de abril de 2022

¿VIVIR SIN RUSIA?

¿Vivir sin Rusia, como un hermano proscrito lanzado a las tinieblas?
Muy complicado. Casi imposible. Prescindir de un gigantesco país, de sus recursos naturales, de su posición geográfica en la encrucijada de muchas civilizaciones, va a ser una tarea de difícil ejecución.

Y sin embargo hoy día no parece exista otra opción que olvidarnos de Rusia, abandonarla, condenarla por sus horrendos pecados. Un nuevo telón de acero. Y así que empresas, grupos industriales del bloque occidental renuncien a hacer negocio con Rusia, a estar presentes en sus mercados. A comprar o vender cualquier tipo de mercancía.

Sí, esta es la consigna. La moneda de cambio a tanta destrucción y tanta muerte. Pero, casi todas las afirmaciones por contundentes que sean tienen un “pero”. Y éste simplemente significa, si podemos prescindir de un vecino tan incomodo y a su vez poderoso que nos suministra gas, petróleo, carbón, en cantidades tan importantes. Y si lo podemos hacer mañana o pasado. 

Y la respuesta es que no. No es que hayamos vendido nuestra alma al diablo, pero sí que el diablo ha estado trabajando tenazmente para hacerla suya. Para condicionar la política europea a los designios del Kremlin. Simplemente con una llave mágica. La que abre la espita del gas. Y hasta ahora los resultados no le han sido desfavorables. La Invasion de Ucrania la pagamos nosotros. Y además no podemos dejar de hacerlo.

Pensar por tanto que podremos prescindir de Rusia no es más que una ilusión. Pero hoy toca decirlo. Y quizá empezar a practicarlo. 

Empezar, sí. Pero no mucho más.

jueves, 7 de abril de 2022

ECONOMIA DE GUERRA

Bien, si no quereis llamarla así, ¿Cómo la llamamos?. Incrementos descontrolados de precios, escasez de materias primas, tensiones en las cadenas de suministro, desajustes en la producción de los distintos sectores productivos. ¿Qué es sino? Y todo ello acompañado de una absoluta incapacidad de predecir el futuro. Mejor dicho del futuro más próximo. Y digo «predicción». En estas horas se corresponde con la pregunta, ¿Cómo se acaba esta guerra?. ¿Quién tiene capacidad de poner a las dos partes en la mesa de negociación y llegar a una acuerdo?. ¿Biden, Erdogan, China?. ¿Y cuándo podría producirse este desenlace?. Porque mientras tanto seguimos en una economía de guerra. Esto es vivir en la anormalidad, en la provisionalidad, en el «entretanto».

Claro que preocupa que los precios y la inflación se disparen. Imposible evitarlo. Y aquí no vale la política económica o la actuación del Banco Central Europeo, aumentando por ejemplo el precio del dinero o reduciendo la masa monetaria en circulación. Tamañas medidas podrían ser aconsejables en una situación de normalidad. Pero en estos momentos una política restrictiva del BCE podría conducir a que miles de empresas, ya contaminadas por la Pandemia, sencillamente dejen de existir. El BCE tendrá que seguir procurando liquidez para no asfixiar la actividad de la iniciativa privada en esta hora tan difícil.

Y ahora, más quizá que nunca, hace falta la inteligencia, la valentía, la audacia y hasta el punto de astucia de la clase política. Todas estas cualidades o virtudes para reconducir esta invasión, esta inmerecida guerra, a un cese de hostilidades y a una paz, por precaria que sea.

Y también ahora mismo no sé, no me atrevo a apuntar qué ingredientes van a ser necesarios o indispensables para alumbrar una nuevo escenario de diálogo. Posiblemente nadie de los hoy implicados, tiene que perder en el empeño. Por muy culpable, por responsable que sea de lo que está sucediendo. No sé si éste es el precio que se tendrá que pagar para restaurar la perdida paz.

Pero aún así, si esta fuera la contribución, habrá que pasar página de este episodio negro de la historia, esperando que algún día se salden las cuentas con los protagonistas e impulsores de esta tragedia, de la tremenda pérdida de vidas inocentes causada, que es en definitiva lo que importa.

«Algún día.» Esto es algún día. Aunque no sepamos cuándo. Porque el tiempo acostumbra a veces a empañar o borrar los peores recuerdos.

domingo, 3 de abril de 2022