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EL JUICIO

 

¿Que decir?. ¡Tantas cosas! ¿Cómo sintetizarlas?. Ya se ha iniciado, pero el juicio ha empezado a dar algunas pistas. Junqueras enfundado en sus hábitos de monje, lanzando al tribunal encíclicas acerca del supremo triunfo de los buenos. Del amor puro y generoso que se eleva por encima de las veleidades terrenales. Dice que ama a España y a los españoles. Por esto también quiere la independencia. Desea una negociación entre iguales. Él, lejos del pecado, de la malicia. Todo lo que ha hecho es limpio, transparente. ¿Que hay de malo, de perverso en que el pueblo vote? ¿Cumplir con el mandato del pueblo?. Nunca,nunca ha dicho, ha cometido delito alguno.

A Junqueras lo han preservado de los ataques de la Fiscalía, la Abogacía del Estado y de Vox, la acusación privada. El líder debe permanecer ajeno a las querellas  y seguir con la aureola que rodea al líder. Las próximas elecciones han de seguir manteniendo la figura de Junqueras. En cambio Forn ha bajado de las alturas. Se ha sumergido en la contienda de las preguntas y respuestas. La Fiscalía, poco afortunada. Él, muy sobrio, respondiendo con rotundidad. “Todo se hizo de acuerdo con la ley y con los protocolos.” Los Mossos secundaron en todo momento las órdenes de sus superiores según iban avanzando los acontecimientos. “Todo se hizo de forma impecable y siguiendo los reglamentos.” El presidente del Tribunal llamando en alguna ocasión al Fiscal para que centrara las preguntas. Un presidente que ha buscado en todo momento la ponderación y el equilibrio. Ha hecho de presidente y me parece que lo ha hecho bien. Hasta ahora.

Claro que nos podríamos haber ahorrado todo este espectáculo. Una inmensa pérdida de tiempo. Y a ello han contribuido unos y otros. En primer lugar el separatismo, ávido de alcanzar éxitos que dieran satisfacción a su electorado. En segundo lugar un vacilante Rajoy que habría tenido que actuar mucho antes que el río se desbordara. Si lo hubiera hecho, habríamos evitado las heridas que va a seguir abriendo este llamado macro juicio.

Pero la política es así. Bastante imprevisible. Aunque no debería serlo. Porque quienes sufren las consecuencias son siempre los mismos. El pueblo liso y llano.

Veremos como van evolucionando las próximas jornadas. Acusados, testigos,magistrados,abogados, público. Puede llegar a convertirse en algo cotidiano. Y perder el interés, la actualidad.

¿El desenlace?. ¿Va a avivar el proceso la llama del independentismo? ¿O por el contrario vamos a asistir a una decadencia del movimiento?. Es prematuro avanzar pronósticos. Mientras los partidos independentistas mantengan las riendas del poder en Catalunya, se preocuparán de seguir animando al personal. Si perdieran algún día este poder, entrarían en una dinámica muy distinta. Uno se olvida pronto de los que ya no mandan,

Es lo que hay. Ya es bastante.

 

Sábado, 16 de febrero de 2019

TRUMP/ GUAIDO

 

Que Guaidó tiene que dar las gracias a Trump es evidente. Pueden decirse pestes del presidente norteamericano, pero no podrá negarse que tiene arrestos suficientes para tomar decisiones, con los riesgos que ello pueda comportar. Sin Trump Guaidó no podría estar haciendo lo que ahora hace. Ni habrían seguido la estela del reconocimiento de los USA, cuarenta y tantos países. Incluída la Unión Europea que va a hacerlo próximamente.

¡Resulta tan complicado renunciar al poder! Con lo fácil, parece, debería resultar aceptar el fracaso,asumir la pobreza en la que subsiste todo un pueblo, cuando el país dispone de tantas riquezas naturales.¿Tan complejo efectuar un examen de conciencia y aceptar la realidad, el final de una política que ha conducido a la miseria y a la huida de los ciudadanos hacia otras latitudes?

No creo que el actual régimen resista más allá de unas semanas. De unos días, quizá.  Si las puertas del exterior se han cerrado, las cuentas bancarias bloqueadas, la asfixia se va a acelerar a pasos agigantados. ¿Lo ideal, los más conveniente?. Que Maduro llegara a una especie de entendimiento con el nuevo gobierno y el traspaso se llevara a cabo con los menos sacrificios y traumas posibles.

Esto, visto desde la lejanía, sería lo deseable. Aunque imagino que los odios, los rencores, los recuerdos de pesadillas y tragedias personales, van a dejar una huella profunda, de la que va a ser muy difícil que unos y otros se libren.

El retorno a la normalidad, a la democracia, a la libertad y al crecimiento económicos, sin duda los grandes retos.

Y la experiencia vivida de estos últimos años, un mal sueño para no volver a ella.

Por lo menos en una larga temporada.

 

Domingo, 3 de febrero de 2019

LAMENTO

 

Leo en el diario “El Periódico” la entrevista de una periodista del rotativo al conseller Rull, que afrontará a partir del día 12 de febrero las peripecias del macro juicio para decidir el destino de los políticos independentistas que lideraron la causa a finales de 2017.

Rull le dice a la entrevistadora que se sorprendió de la reacción del Estado. Que no esperaba una actuación tan severa y contundente. Que les extrañó la conducta terminante del Estado.

¿Ingenuidad?. Pues sí, sin duda. Y no fué el único. A lo largo de estos meses otros dirigentes del mismo color se han expresado en este sentido. La reflexión a que nos lleva todo ello, es la de que se habían llegado a creer que con el tan manoseado “choque de trenes” se iban a llevar al Estado por delante.  Dicho de otra manera. Que la independencia era absolutamente un objetivo real. Y que por esta razón también, habían estado preparando en los últimos años las disposiciones relativas a la “transitoriedad”, es decir los preparativos, el tránsito hacia la república independiente. Y que la pasividad del gobierno central ante los trabajos que se venían desarrollando, alimentaba la creencia de que la independencia estaba cerca. 

Ciertamente la falta de realismo, el romanticismo, la fibra sentimental alimentaron el ambiente. Porque sin fines, sin objetivos cercanos se hace más difícil convencer al  personal. El pueblo necesita mensajes claros, breves y a ser posible contundentes. Como por ejemplo, “con la república se va a vivir mejor”. Porque si el político pusiera en duda, con un sano ejercicio de responsabilidad, que no puede asumir responsabilidad alguna de que esto pueda conseguirse, este mismo pueblo le diría que no siga, hasta que el mensaje sea claro y diáfano.

De forma imperceptible, pero poco a poco los que creyeron las máximas de los líderes independentistas, despiertan con la evidencia que las promesas que se hicieron o eran erróneas o simplemente falsas. O que se equivocaron en el diagnóstico o que nunca se creyeron el mensaje que estaban vendiendo. Que lo importante era cosechar votos y seguir con las riendas del poder.

Sí es lamentable que uno tras otro,- el último Rull-, confiesen que los cálculos fueron equivocados. O que se diga desde Escocia, que la apuesta y la declaración de independencia era “de farol”. 

No sé que hemos hecho los catalanes para merecer esto. Alguna responsabilidad imagino, debemos tener como colectividad.

¿Vendrán tiempos mejores?. Muy complicado. Pero esperemos que sí.

 

 

Sábado, 2 de febrero de 2019

UN TREMENDO LÍO

 

Ahora se ha lanzado “la crida” , un nuevo movimiento ideado por Puigdemont. Ayer se realizó el primer encuentro o la primera asamblea, ya que se designaron a los máximos dirigentes de la organización  con el ex presidente a la cabeza. De momento nace como asociación, aunque ya han dicho que posiblemente se presenten a unas próximas elecciones.

Si ya tenemos al Pedecat, antigua Convergencia, a Esquerra Republicana, a la Asamblea Nacional y a Omnium, ¿Que más hace falta?. Pues no se sabe bien. Al menos yo, no acabo de interpretarlo. Así a primera vista, puede parecer que Puigdemont no quiere perder protagonismo y se afana por seguir dando munición a los suyos para que no pierdan el entusiasmo. Visto desde otra vertiente, el movimiento puede significar el que se quiera enterrar de manera definitiva a la vieja Convergencia, por estar tan contaminada con porcentajes y comisiones. Ya se intentó con el Pedecat, pero deben haber llegado a la conclusión de que el experimento no acabó de funcionar. Ahora Puigdemont quiere asestarle el golpe de gracia.

Y todo, entorno a una gran máxima: “unidad”. Esto es la unidad del independentismo al que quiere se unan los de Esquerra Republicana. Unidad para ganar en las próximas municipales y hacer más fuerte y diáfano el camino hacia la república. Pero los de Junqueras ya han dicho que de momento no van a cambiar de actitud. Junqueras está en la cárcel y Puigdemont en una mansión respetable, gozando de libertad en Waterloo. Esta es la gran diferencia.

Entretanto la ciudadanía, – estoy convencido que una gran parte de ella-, está contemplando con una creciente perplejidad lo que sucede en este entorno político. Todo lo que se está haciendo, ¿Para qué? ¿Con qué objetivo?. ¿Una nueva declaración de independencia?. ¿La república?. Bueno, esto es lo que el representante del Estado español, el señor Torra está afirmando con mayor énfasis últimamente. Dice que está desempeñando el cargo con la sola motivación de hacer la República. Así va tranquilizando a los suyos y ganando tiempo en el curso de la legislatura.

Claro que todo lo que está sucediendo es un despropósito. Una pérdida de tiempo. Un ir a ninguna parte. Y todos perdemos con ello. Pierde Catalunya, comprometemos nuestro futuro y nos debilitamos como pueblo. La división sigue existiendo, se incrementa y la reconciliación se aleja. Volvemos a los años más aciagos de nuestra historia. No se ha aprendido de ella.

No sé cuando se va a volver a un mínimo realismo. A despertar de este sueño.

No va a ser pronto. Y mientras, ¿quien se va a hacer responsable, quien va a pagar las enormes pérdidas que toda esta infausta aventura está generando?.

Nadie. 

 

 

Domingo, 27 de enero de 2019

EL CELIBATO

 

No había escrito nunca sobre esta materia. Pero el periódico publicó la noticia el pasado domingo que en Montserrat se había producido hace años un episodio de abusos a un menor por parte de un monje ya fallecido. En los últimos meses se han reproducido en la prensa casos semejantes. Sucesos que acaecen en la mayor parte de países con religión católica mayoritaria. Abusos que se callaron durante años y que ahora emergen a la superficie. Y otros que siguen en el silencio y que nunca se conocerán.

¿Y todo esto porque?. ¿Fruto de la debilidad y la flaqueza?. ¿Una consecuencia lógica de un imperativo casi bíblico, incompatible con la propia naturaleza humana?. Pues sí. ¿Y que se gana con ello? ¿Con el celibato y con el voto de castidad?. No se llegó nunca a considerar la tremenda dificultad de someter al cuerpo humano, al propio desarrollo hormonal, a toda una vida de ayunos de la carne?. Irreal, absolutamente irreal. Y además tremendamente perjudicial para la Iglesia, para los creyentes. Porque el daño para su imágen que estos acontecimientos han provocado ha sido enorme. 

Y me pregunto porque el Papa Francisco, que en su tiempo anduvo como sacerdote de a pie, cerca de las inquietudes y problemas cotidianos de la gente, no ha  reaccionado. Con valentía y decisión, impulsando un diálogo en el seno de la Iglesia para llegar a adoptar decisiones históricas. Decisiones que sin duda serían acogidas muy favorablemente. Y que no podrían ser otras que las de admitir el matrimonio de sacerdotes al igual que se produce en el ámbito protestante. Y abolir el voto de castidad que nadie, ni los propios que deben ejercerlo agradecen. 

Después de tantos siglos de austeridades forzadas y flagelaciones inútiles, sería llegada ya la hora de afrontar la realidad misma de la vida. En beneficio como digo, de los creyentes, en beneficio de la Iglesia. En beneficio de los santos, presentes y futuros, que sin estas forzadas ataduras, continuarían siéndolo.

 

Miércoles, 23 de enero de 2019