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ABENGOA

Han dado la noticia que la empresa Abengoa finalmente ha presentado concurso de acreedores con un pasivo superior a los seis mil millones de euros. Estadísticamente parece que es la segunda mayor insolvencia presentada en muchos años, recordando las producidas en la crisis inmobiliaria delos primeros años de la década pasada.

También si analizáramos las estadísticas de las empresas que se han salvado después de presentar un concurso, observaríamos que el número de las que salieron a flote, es enormemente exiguo. Por mucho que se diga que el concurso de acreedores,- la suspensión de pagos o la quiebra de antes-, tiene como objetivo buscar una salida a situaciones que amenazan la supervivencia de la empresa, el recurso al Juzgado en pocas ocasiones ha significado la solución al agudo problema que se planteaba. Para Abengoa el concurso supone el que la Banca cierre por una temporada larga sus fuentes de financiación a corto plazo y que los clientes intenten retrasar los pagos. O simplemente no pagar. Con la esperanza de que la empresa finalmente cierre puertas.

Y en cuanto a los acreedores, veremos en cuánto quedan estos seis mil millones. Casi con toda seguridad se harán propuestas de «quitas» de setenta u ochenta por ciento. Si finalmente la cantidad que se acuerde por parte de la junta de acreedores llega a los mil quinientos, podrían considerarse satisfechos. Y naturalmente entre los acreedores existirán las consabidas preferencias, que la ley se ha ocupado de especificar. Los sindicatos que representen a los trabajadores que se vayan a la calle, negociarán con toda seguridad con base a unos despidos improcedentes y con la indemnización máxima que resulte. Y los bancos que tengan préstamos hipotecarios u otras garantías más líquidas también gozarán de claras preferencias. Y al final quedaran los proveedores de material, suministros o servicios, que tendrán que conformarse con un 10% de lo que les deben.

Naturalmente todo lo que estoy diciendo son puras estimaciones. Basadas pero, en la experiencia de muchos años siguiendo estas desventuras en las que empresas, por razón de la coyuntura u otras circunstancias, se ven abocadas al Concurso.

Lo que ahora deberíamos desear es que Abengoa, no haya abierto la puerta a los concursos e insolvencias que por causa de la Pandemia, tanto tememos.

Este es también mi ferviente deseo.

miércoles, 24 de febrero de 2021

INÚTIL LAMENTO

Los empresarios han alzado la voz por los lamentables sucesos acaecidos estos últimos días en Barcelona. Incendios, saqueos, desorden. Han dicho basta desde la patronal y han acusado al gobierno catalán de pasividad, de flaqueza y también al ayuntamiento aunque aquí hayan  centrado sus críticas en la alcaldesa, haciendo una excepción con el representante del PSC.

Pero no creo que les hagan mucho caso. En la Generalitat pocos, muy pocos creen en la empresa, creen en el empresario.Muchos de los que mandan piensan que la empresa es un apéndice en la sociedad, un instrumento al cual es lícito despreciar y marginar.

Ademas el espectro político en Catalunya después de las elecciones refleja que la empresa no tiene valedores en ningún partido.No hay ninguna fuerza política que puede identificarse con los postulados propios del sector privado. Es cierto que de vez en cuando se habla de la defensa de la pequeña y mediana empresa, porque la grande es definitivamente un demonio al que combatir y desterrar. Pero estas afirmaciones de apoyo a autónomos y empresas no son más que afirmaciones hechas cara a la galería, desprovistas del ingrediente ideológico tan necesario para darles fuerza y empuje.

En realidad hoy como ayer sigue estando mal visto en España el defender al empresario. Por mucho que el empresario sea el que crea empleo. Pero no se ve así para una gran parte de la sociedad. Porque esta sociedad está dominada por la izquierda. Por ideologías ya trasnochadas, que la historia enterró pero qué parece resultan más sugestivas, más atrayentes para una parte importante del electorado.

El empresario no lo va a tener fácil si no dispone de resortes importantes que le apoyen políticamente. El sostén, el soporte de la burguesía que antes constituía la base en la que se fundamentaba este apoyo ha desaparecido.Y sin este sostén sociológico, la defensa se hace mucho más compleja.

La borrasca continúa. Y no parece que vaya a amainar.

lunes, 22 de febrero de 2021

BUROCRACIA «SOSTENIBLE»

Ahora que todo el mundo habla de sostenibilidad, de que todo lo que nos rodea ha de ser «sostenible», he amañado también una definición de burocracia y le he añadido el adjetivo siempre grato de «sostenible». O sea, que no vale la burocracia, que no sea sostenible. Y creo que la mayor parte estaremos de acuerdo en que la burocracia que nos invade a derecha e izquierda, tratando de asfixiar nuestra capacidad de sobreponerse a las dificultades, no es «sostenible».

El gobierno que está estas semanas enfrascado con las propuestas y proyectos que ha de mandar a Bruselas, contando con la llegada de los miles de millones de euros prometidos, como agua de lluvia que cae en el desierto, está diseñando también un plan de burocracia «sostenible», que se ha de contener en una «ley del crecimiento empresarial». Con esta iniciativa el gobierno quiere convencer a los ejecutivos de la Unión Europea, que se está tomando muy en serio el objetivo de dinamizar la economía y que esta dinamización empieza por la reducción del papeleo, solicitudes, instancias y además. Así por ejemplo se dice que el documento que se está preparando «aboga por establecer procedimientos que permitan la creación de empresas de forma enteramente digital en un plazo máximo de diez días, apostando por una mayor reducción de las cargas administrativas con sustitución de autorizaciones «ex ante» por «declaraciones responsables» y todo ello para fomentar «la competitividad y la creación de incentivos para que pymes y autónomos apuesten por el crecimiento de su negocio.»

Como grandes objetivos, no está mal. Vamos a ver qué es lo que se lleva a la práctica. Porque hasta el presente se ha ido en la dirección contraria. Se han querido agilizar los trámites y diligencias ante la Administración, pero la realidad ha sido otra. Las Administraciones implicadas en muchos expedientes, -la municipal, autonómica, estatal y comunitaria-, hacen muy complicada la tarea de reducir la resolución de los expedientes, en un tiempo razonable.

En cualquier caso, vamos a ver que va a suceder con esta iniciativa.

Lo seguiremos con atención.

domingo, 21 de febrero de 2021

LO QUE NO SE SABE

Leo en un periódico económico el comentario de un articulista sobre las situación política y los acontecimientos de los últimos días. También sobre las algaradas callejeras . Dice el articulista que «lo que no se sabe es porqué Sanchez soporta las salidas de tono de su vicepresidente segundo».

Bien, la respuesta es muy clara. Muy elocuente. Lo soporta porque lo más importante es conservar el poder. Y el vicepresidente segundo le ayuda a mantenerlo. Si lo cesa, está convencido que ello se interpretaría como una muestra de debilidad del ejecutivo y el principio del fin de la legislatura. Así de sencillo. Por otra parte Sanchez también considera,- o consideraba- que teniendo dentro a los de Iglesias, la calle estaba más controlada. Digo, «consideraba» porque en estos últimos días ya habrá llegado a la conclusión que tampoco la formación morada es una garantía de tranquilidad en las horas vespertinas de las grandes ciudades.

Y mientras el gobierno de coalición se mantenga, se mantendrá también la pugna entre los dos partidos. PSOE y Podemos. Porque los dos luchan por una electorado muy semejante. Y los dos luchan también por un liderazgo. Por ahora el de Sánchez, no admite dudas. Pero ya veremos. Por el momento ya abrió las puertas del Estado a Iglesias. Y sus partidarios tratarán de optimizar su presencia en los distintos organismos públicos. Ya lo están haciendo. Algún día Sánchez se va a arrepentir. Hemos de esperar que no sea demasiado tarde.

El paisaje político en estas últimas semanas se ha ensombrecido. Muchos frentes que acechan de manera simultánea. Seguimos con la pandemia, con los graves problemas económicos derivados de ella y ahora añadimos los interrogantes derivados de las elecciones catalanas y la aspera y violenta protesta en las calles.

Parece como que una especie de larvada impotencia empiece a invadir el ambiente. Y que ello contamine a una gran parte de la ciudadanía. Porque para esta ciudadanía, ya constituye una tarea enorme el combatir el Covid19.

Lo demás es ya demasiado.

viernes, 19 de febrero de 2021

«CITA PREVIA»

Ahora todo va, o todo funciona con «cita previa». Por fortuna aún no para ir al servicio. Pero ya veremos. A mi mujer no se le ha ocurrido todavía. Pero puede dejar de hablarme de uno u otro asunto sin «cita previa». Además si la llamo por teléfono, puede contestar de esta especie: para preguntar para ir a comer, pulse el 1. Para ir al cine el 2, y para cualquier otro tema, espere. Y luego en este último caso, el teléfono seguro que se cuelga.

Lo que estoy diciendo escapa a la pura anécdota. Si vas al banco, por supuesto no te atienden sino es con cita previa. Me ocurrió hace un par de días. La empleada que me asistió, expresó su incomodidad al decirme que en esta oficina no se recibía a la clientela, si antes no habían solicitado la cita previa. Y conste que yo entré en el banco y no había nadie, con lo que me asalta la duda de si las citas previas, no pueden constituir en alguna ocasión una simple excusa o justificación para ordenar el trabajo según la diligencia del empleado en cuestión.

Otro aspecto no menos importante de lo que estoy refiriendo es la absoluta necesidad de dar cuantos detalles le afectan a uno, antes de empezar a hablar. Naturalmente lo que se va a decir va a quedar grabado. Por supuesto dice la voz, «para tu mayor seguridad». Pero no es menos cierto que si al día tienes que ir facilitando datos personales a cuatro, cinco o diez interlocutores, va a ser bastante fácil que algún hacker, se quede con ellos. O sea que sobre la confidencialidad de los datos, mejor no creer demasiado.

Un último apunte, que tiene relación con este mundo digital, tan fantástico y a veces tan indigesto. Descargas una aplicación,- una de las muchas que figuran en Internet- y te preguntan, después evidentemente, de dar los datos,- si eres un «robot». Con cierta sorpresa por ser objeto de tales indagaciones, dices que no en la correspondiente casilla. Pero por lo que se ve, los sabios que han creado la aplicación, no acaban de creérselo, y te someten a continuación a un examen. Este examen lo pasé sin vacilación alguna y oh¡ resulté aprobado. Pero me pregunto, si hubiera fallado y el resultado fuera negativo, ¿que habría sucedido?. Pues para esta aplicación, con mi nombre y apellidos registrados, sería ni mas ni menos que un robot. ¿Que os parece?.

También me pregunto finalmente, si todo va funcionando de este modo, si no llegará un día en que de verdad nos convirtamos en un robot.

Habrá que pensarlo. A lo mejor sale a cuenta.

jueves, 18 de febrero de 2021