DINERO ESCASO

El Banco Central europeo ha vuelto a subir los tipos de interés. Hasta el 2%.Durante muchos años,- seguro que lo recordareis, se resistió a tocar el precio del dinero. En absoluto quería influenciar con una política monetaria de esta naturaleza, la evolución de la coyuntura. Eran tiempos de pandemia y había que hacer lo necesario para que las economías europeas no se derrumbaran. Tampoco en aquellos tiempos los precios habían dado muchos quebraderos de cabeza. Habían pasado tantos años en los que la estabilidad era la norma, la regla en la que se movían las transacciones internacionales, que nada hacia presagiar que por esta vertiente pudieran producirse sorpresas que amenazaran la estabilidad.

Pero luego cuando el Covid fue desapareciendo lentamente de nuestras vidas, amaneció un fenómeno inesperado. Inesperado aunque hubiera podido preveerse. Las circulación de materias primas, de productos elaborados, experimentaron un bloqueo. En puertos, en almacenes, en silos. Fue la consecuencia de la larga enfermedad en la que nos sumergió la epidemia. Al igual que sucede al mortal que se restablece lentamente de un fulminante ataque.

Y ahí empezó el problema. Las dificultades de suministro, de poner en marcha nuevamente la máquina de la producción, causaron las primeras alzas de precios. Cuando el producto escasea y la demanda sigue potente, fuerte, los precios se disparan. ¿Fué un fenómeno pasajero?. Políticos y economistas así lo sentenciaron. Pero no, las alzas en la inmensa mayoria de los bienes de consumo y de inversion vinieron para quedarse.

Y casi si tener tiempo a aligerar la carga que se nos venía encima, Putin invadió Ucrania. Y se desmoronó el sistema, la estructura de costes energéticos básicos. Y de ahí alzas enormes, sin parangón en muchos años, que han amenazado muy seriamente la economía europea y por ende, mundial.

Con todos estos ingredientes, con unas alzas en los precios forzadas por unos elementos externos a la estructura propia del sistema, el Banco Central europeo, se ha encontrado con una gran disyuntiva. ¿Qué hacer?. ¿Actuar, no actuar?. No hacer nada iba a generar críticas y reproches. Pero hacerlo, también. En especial si no se acertaba en la medida. Aunque tampoco la actuación del BCE era garantía de que pudieran obtenerse resultados mínimamente aceptables. Por una parte si el aumento del tipo de interés se realizaba de forma brusca e importante, la decisión podía acarrear influencias negativas no deseadas en la coyuntura. Que poco a poco algunos países de hundieran en la recesión. Por otra si los incrementos eran suaves, tampoco podía asegurarse que el nivel de precios fuera a reaccionar ante aquella medida. El riesgo de causar un mal con el aumento del tipo de interés era superior al de las potenciales ventajas que podía reportar.

Finalmente el BCE se ha decidido por la cautela. Por una parte el alza del tipo de interés no es significativa. Por otra, está dispuesto a rescatar a los Estados que puedan encontrar dificultades en la refinanciación de su deuda.

Aún así, el dinero más caro ya es un aviso en una situación que empieza en España a ser de una cierta precariedad. Por mucho que los ministros de Sanchez se apresuren a afirmar que constituimos un ejemplo en el entorno de la Unión Europea.

La previsión, utilizando el símil climático, es la de una borrasca que no va a amainar. Y que amenaza en causar serios destrozos. Y que no acabamos de encontrar los medios y los instrumentos para guarecernos del temporal.

Por mucho que lo intentemos.

1 de noviembre de 2022

GAS, GAS

En realidad la producción de gas es un oligopolio. Hay muy pocos productores de gas. En grandes cantidades. Rusia, Qatar, USA, Argelia. Y poco más. La fuerza de estos países productores determina en gran parte el establecimiento de los precios en el mercado.

La situación de guerra en Ucrania ha contribuido a que la posición de esta materia prima se haya alterado notablemente. Rusia ha dejado de ser el suministrador básico en países como Alemania y se han tenido que buscar fuentes alternativas. Los precios han alcanzado cotas inasumibles para una economía cuyos costes de energía constituyen un porcentaje determinante del producto final. La UE ha estado analizando estos días cómo, de qué forma puede congelar el precio del gas.

Pero no existen demasiadas salidas. El precio lo fija el productor. A menos que el comprador sea tan potente que influencie con su capacidad de adquisición, el nivel de precios. Esto es, si este comprador no llega a aceptar el precio al cual se le ofrece el gas, el país productor puede llegar a la conclusión que no encontrará otros clientes que se comprometan a adquirir grandes volúmenes, con lo cual estará dispuesto a aceptar un precio más asequible.

Y este es el objetivo de la Comisión europea. Que sea la UE la que compre el gas, en nombre de sus miembros, a fin por una parte, asegurar los suministros y por otra de negociar en las mejores condiciones.

Pero mientras no se consigue que el precio pueda ser digerible para empresas y consumidores, no queda otra alternativa que la subvención, con cargo al presupuesto nacional o comunitario. Aceptar a regañadientes el déficit presupuestario para intentar minimizar los efectos que un alza tan desmesurada de precios en el gas, pueda incidir en la ya débil coyuntura.

Y en esto estamos. Hasta el momento las decisiones llevadas a cabo por la UE han sido un tanto tímidas. Se ha intentado hallar una solución conjunta pero no se ha llegado a un acuerdo. Países como Alemania han adoptado decisiones al margen de Bruselas. 200.000 millones de euros para «pacificar» el asunto del gas. Y sí es cierto que la problemática afecta de manera muy preferente a Alemania aunque sus derivadas se extienden a todos los rincones de la UE.

Algo semejante se trató en época de pandemia con la «mutualización» de los recursos «new generation» de los cuales nos tocaron 160.000 millones. Lo del gas es un caso similar. Las estructuras productivas de muchos sectores básicos pueden empezar a tambalearse.

Naturalmente si la guerra continúa. Y parece que va para largo.

24 de octubre de 2022

«MEGADIVIDENDO»

¿Sabeis lo que es?. Yo no. Aunque puedo imaginarlo. De inmediato sospecho que no es un «dividendo.». Esto es, no responde a un reparto de beneficios, algo habitual para las empresas que ganan dinero y que deciden distribuirlo a los socios.

No, el «megadividendo» es una expresión que algún sabio se habrá inventado para definir un pago de dinero, que nada tiene que ver con lo que una sociedad haya cosechado a lo largo de un año. Y esto lo digo por lo que leo en un periódico económico acerca de la próxima fusión entre Más Móvil y Orange. Ya me he referido a ello en este blog, pero el asunto da más de sí, para seguirlo comentando. Dice la noticia que «para cerrar la operación de fusión al 50% los dos grupos han pactado endeudarse sustancialmente para pagar un megadividendo asimétrico». Sigo leyendo y se indica que de este megadividendo, «Orange cobrará 4.200 millones y los accionistas de Mas Movil 1.650 millones.»

O sea, el «megadividendo»- y además asimétrico- se liquidará previo endeudamiento de los dos grupos por cantidades tan sustanciosas como las antes mencionadas. El «megadividendo» insisto, no es un reparto de beneficios, porque no los ha habido en esta dimensión, sino simplemente la consecuencia del cumplimiento de unos acuerdos, básicamente con los fondos que financiaron todas las compras de Mas Móvil.

Por tanto el «megadividendo» simétrico o no, es un endeudamiento claro y evidente. ¿Porque llamarlo, así?. Pues para quedar bien cara a la galería. Y lo curioso es que nadie, nadie del mundillo financiero ha dicho nada. Han aceptado con silencio la denominación. No han explicado que se está falseando la realidad. No han proclamado que la operación forma parte de una ingeniería financiera, que ya creíamos enterrada en el pasado.

Por último el endeudamiento del grupo, según leo, es de 11.600 millones.

Veremos como termina la historia. Porque muchas veces se repite.

Y no sería ninguna novedad.

20 de octubre de 2022

LA TIRANÍA DEL PROTOCOLO

Es así. Todos dependemos del protocolo. O de la aplicación informática que nos permite navegar,- a veces bastante mal,- por el universo de las nuevas tecnologías. Cualquier acto, cualquier movimiento que uno hace, está sujeto al cumplimiento de un protocolo. Cuando llamas a una empresa de telefonía, de servicios o de restauración, la persona que te atiende sigue las coordenadas del protocolo que le han impuesto. Ya para empezar, te piden según tus necesidades, que digas uno, dos o tres. Por supuesto si no cumples con esta solicitud, no sigas. Luego si te atienden, te van a pedir de inmediato que te identifiques con nombres y apellidos y por supuesto con el número del carnet de identidad, que es como una especie de bautismo civil que te acompaña toda la vida. Posiblemente más tarde, la persona que ha contestado a tu llamada te dirá que será otro departamento quien va a solucionar el problema, si es por eso, por lo que has llamado. A partir de ahí puedes oir una voz que te informe que en este momento todas las líneas estás ocupadas. Mientras, si llegas a tener éxito, has perdido muchos minutos de tu precioso tiempo.

Por supuesto que todo esto se hace por tu bien. Para que estés más cómodo y para que te sientas mejor. Lo oyes en la gasolinera que te explica, te van a gravar para tu seguridad. En banca o en seguros, los protocolos son como la biblia de hoy en día. Ningun empleado se puede saltar el protocolo que tiene en pantalla. Pero es que además aunque quisiera, no podría. Sencillamente porque si no rellena los espacios en blanco que le pide el protocolo,- y esto se hace, tal como establece el cuaderno de instrucciones del mismo,- no va a poder avanzar.

¿Y quién hace, quién crea los protocolos?. Pues sesudos personajes que han tratado en los distintos ámbitos de la actividad económica, cubrir todas las posibles alternativas que se pueden producir en un contexto determinado. Han elaborado un protocolo de uso para los empleados, a fin de facilitar su trabajo, intentando además que quede todo muy controlado. Naturalmente resulta imposible dar respuesta a todos los imponderables que se producen una y otra vez. Y cuando se producen estos imponderables, ya resulta más complicado hallar una respuesta. Si el protocolo te dice que para avanzar, este u otro documento son imprescindibles o deben incluirse unos datos, ya no hay alternativa que valga, si no se dispone de ellos.

Habeis también experimentado que en algunas aplicaciones te piden afirmes si eres un robot. La primera ocasión que me encontré con semejante pregunta, me produjo una cierta contrariedad. Porque en realidad los protocolos están generando una conducta cercana al universo robot. «No hace falta que Vd. piense», se le dice al diligente empleado. Simplemente pregunte al cliente lo que está escrito en pantalla y si no le contestan lo que también está escrito, se acabó el asunto. Cuelgue.

Y así vamos. ¿Avanzamos?. Bueno, dejádmelo pensar. No estoy muy seguro.

19 de octubre de 2022

«PRESUPUESTO FRAUDULENTO»

Nuñez Feijóo, ha estado bastante afortunado con algunas de las frases dichas en relación con el anuncio de los presupuestos del Estado por parte del presidente Sánchez. Recojo aquí algunas de ellas: » El Gobierno confunde el Estado del bienestar con el bienestar del Estado». Esta máxima me parece muy feliz con las políticas que socialistas y podemitas nos están deparando. También ésta: «para un mal gestor, ninguna presión fiscal será suficiente». O bien y para concluir, «el presupuesto se basa en cifras de crecimiento ficticias que no avala nadie», con lo que en resumen el presupuesto que ahora quiere aprobarse en el Parlamento «huele» a fraudulento.

Dicho con otras palabras, Feijóo no cree que el presupuesto pueda llegar a «cuadrarse». En teoría, a la hora de hacer los números, sí. Porque el papel lo aguanta todo. Por tanto, «hago unas previsiones de ingresos y gastos». Las de gastos, con toda seguridad se van a producir. Porque gastar siempre ha sido más fácil que ingresar o ganar dinero. Y en el ámbito de los presupuestos ocurre algo semejante.

Claro que el Gobierno ya ha preparado para el año próximo una batería de medidas fiscales a fin de intentar incrementar los recursos necesarios para atender las partidas de gastos e inversiones. Pero tal como está evolucionando la coyuntura, no creo que las cifras que se recauden permitan cerrar un presupuesto sin un abultado déficit.

¿Solución?. Seguir aumentando la deuda pública que está rebasando con creces el Producto interior bruto de nuestro país. Una deuda pública que estamos refinanciando año tras año y que ahora, con el alza de los tipos de interés, está generando una carga también muy penosa en los Presupuestos.

Cuando Feijóo habla de «fraude presupuestario», está señalando que el gobierno nos engaña. Esto es, que en realidad el ejecutivo no se cree la cifra de ingresos previstos, pero que está dispuesto a venderlo a la ciudadanía, para que ésta lo asuma, lo digiera sin mayores críticas.

La reflexión del partido conservador, repetida una y otra vez en todas las legislaturas, sigue siendo hoy vigente. «Cuando lo populares llegan al poder tienen que poner orden en el caos económico. Los socialistas solamente son útiles para gastar, para dejar las arcas del Estado vacías.» Y esto es lo que Feijóo está pensando que va a suceder ahora. Que cuando llegue al poder,- si es que llega-, la situación de la economía va estar de funeral.

Pero lamentablemente, por el momento, no hay nada hacer.

Y a esperar. Porque nunca se sabe lo que un resultado electoral nos va a deparar.

14 de octubre de 2022