¿FUÉ UN ERROR?

No he accedido aún a la resolución del Tribunal de Schleswig Holstein, pero leo en algún periódico que para fundamentar su tesis de la inexistencia de rebelión, los jueces han acudido a la jurisprudencia alemana del Supremo. Y allí se han encontrado con una sentencia que exime de cualquier responsabilidad, y menos naturalmente de rebelión, a los autores o instigadores de las manifestaciones producidas hace algún tiempo, en los aledaños del nuevo aeropuerto berlinés para protestar por los graves problemas producidos en la inversión de aquella infraestructura.

Bueno, o los jueces no acabaron de comprender lo que sucedió en Catalunya, o bien sabiéndolo optaron por cerrar los ojos a la realidad. Mirando hacia otro lado. Porque la sentencia referida a los sucesos en el nuevo aeropuerto berlinés, en nada tienen que ver con lo ocurrido en España. Y en absoluto podían servir para negar la existencia de una rebelión. En la República Federal alemana no ha existido en toda la posguerra un intento, una voluntad de algún dirigente de un Land de proclamar la independencia del resto del país. Si esto se hubiera producido y el Tribunal Supremo alemán hubiera juzgado el asunto, éste sí habría sido un antecedente importante a tener en cuenta. Por suerte para Alemania, esto no ha sucedido. Si se hubiera producido el acontecimiento, no tengo ninguna duda que se hubiera aplicado el artículo del código penal relativo a la rebelión.

Y que también, de producirse la circunstancia en el tiempo, se hubiera aplicado a Puigdemont.

El error judicial también lo trata la jurisprudencia. 

A veces nos olvidamos que la justicia y los que la administran no son infalibles. Son humanos.

11 de abril de 2018

EL PAIS DE JAVIER CERCAS

Leo el artículo de Javier Cercas, en el suplemento de “El Pais” fin de semana del pasado domingo. Habla del diálogo que mantiene con un amigo suyo americano. Y cómo no, se discute sobre la situación en Catalunya. Me detengo en unas frases del enigmático amigo: “no se puede parar un intento de golpe de Estado del siglo XXI con instrumentos del siglo XX o XIX.” ” Lo de Catalunya es una cuestión de fe, no de razones.” “Algo que no ha entrado racionalmente en una cabeza, no puede salir de ella de forma racional.” “Se ha estado preparando un coctel de victimismo histórico, egoísmo económico y narcisismo supremacista aliñado con chorritos de xenofobia, un brebaje letal sobre el que has leído mil veces en los libros de historia.”

El amigo americano reprocha a Cercas que haya escrito en estos últimos tiempos demasiado de política. Y que solamente le haya servido para perder el tiempo. Peor, para perder amigos y ganar enemigos.

Cercas no contesta a las afirmaciones del interlocutor. Las da por buenas. Cercas forma parte de los miles y miles de ciudadanos que nos rebelamos ante lo que está sucediendo. Que nos resistimos a sucumbir y a declararnos impotentes. Que no queremos renunciar a que nuestra voz se oiga,- un canto a la esperanza-, tratando de conciliar mínimamente posiciones que parecen irreconciliables. Porque nos duele,- y mucho-, lo que está sucediendo. Aunque nos digan que perdemos el tiempo. Porque invertir el tiempo en intentar recuperar todo lo que se ha perdido, vale la pena. Porque si no lo hacemos, la responsabilidad como ciudadanos también será nuestra.

Por mucho pues que el amigo americano le haya dicho a Cercas, que “ni tú mismo te crees que con tus argumentos hayan alterado en nada las ideas de nadie”, pienso que el novelista tiene que seguir. Sí, aunque también le haya soltado esto de que, “nada más nefasto que un escritor metido a activista político.” Porque seguro, seguro que Javier Cercas no se ha “metido” a activista político, por una afición, una pasión o una desmesura. Y si el “activista político” es aquel que vive con preocupación la realidad de lo que sucede en su país, tratando con sus escritos y su opinión de influenciar voluntades hacia alguna solución, bienvenido sea.

Sí, necesitamos muchos, muchos Cercas.

 

 

9 de abril de 2018

JUECES DE AQUI Y DE ALLÁ

 

Si me preguntais quien sabe más de lo que ocurrió o pudo ocurrir el uno de octubre, antes y después de este día, os contestaré que Llarena y no los jueces alemanes. ¿Porqué?. Pues simplemente porque Llarena ha tenido más tiempo de estudiarlo, ha dispuesto de más información y ha invertido también más horas para hacerse una idea y llegar a unas primeras conclusiones.

En cambio los jueces alemanes en pocos días, en la frías planicies de Holstein y a casi dos mil kilómetros de distancia de Barcelona, han resuelto con inusitada rapidez, con una digestión inmediata, que lo sucedido en Catalunya no fué rebelión. Esto es, que el suceso se produjo sin violencia. Dicho de otro modo y con un punto de exageración: que no hubo muertos ni armas de fuego. Porque, habrán entendido, decir que existe violencia sin estos testimonios inapelables, resulta imposible.

Claro que los jueces alemanes, ya han llegado al final. Han decidido que la sentencia es ésta.Y ya la han proclamado a los cuatro vientos. Porque aunque esta resolución no sea una sentencia en modo alguno, ya se ha vendido como tal. Sin instrucción, sin declaraciones, sin testimonios, sin apenas nada.

¿Es ésta la formula de la justicia europea? ¿De ejecutar una “euro orden? ¿De meterse en camisa ajena?. Pues sí, todas estas preguntas tienen un sentido. Y me imagino que el juez Llarena se estará preguntando si las euro órdenes lo son únicamente para delitos de poca monta, para cuestiones de drogas, de desfalcos y demás. Pero que cuando el asunto sube de tono, de dimensión y llega a la política, la euroorden, sirve de bien poco.

Lo acabamos de ver.

 

8 de abril de 2018

POLITICA Y JUSTICIA

Parece que en los últimos tiempos estos términos parezcan incompatibles. El independentismo dice no comprender como se pueda encarcelar a unos políticos que han ganado las elecciones y que el pueblo ha bendecido sus acciones. Y ahora está sucediendo algo semejante en Brasil. Lula fue condenado en dos instancias por haber aceptado como soborno un apartamento en un balneario de Guajara, una zona turística, por parte de una constructora. Puede entrar por ello en la cárcel, pero sus admiradores están dispuestos a impedirlo. Las encuestas dicen que en las próximas elecciones a celebrar en octubre Lula da Silva podria contar con el 36 por ciento de los votos y ganar las elecciones. Sus detractores ya han reaccionado para impedir su presencia en la confrontación electoral, entendiendo que resulta incompatible que un ciudadano que tiene deudas con la justicia, pueda competir con otros candidatos limpios de cualquier reproche penal.
Aunque parezca una cuestión absolutamente diáfana no son pocos los que se preguntan en qué medida el favor de los ciudadanos “limpia” de responsabilidades al político que vulneró unas normas. Es como afirmar que la voluntad del pueblo sustituye al juez, y que por encima de todas las cosas, lo que vale es aquella sanción popular. En lenguaje independentista esto equivaldría a entender que como Puigdemont ha ganado las elecciones o mejor dicho es el candidato mejor situado en número de escaños para acceder al cargo de presidente de la Generalitat, sus responsabilidades y obligaciones con la justicia derivadas de sus actos, son una cuestión secundaria o en cualquier caso los electores le han liberado de aquellas cargas. Es decir “la voluntad popular”es lo primero, “la voluntad popular también imparte una forma de justicia.” “La justicia de los jueces es otra cosa. En cualquier caso nunca puede estar por delante de la popular.”
Vistas así las cosas la teoría de la distribución e independencia de poderes en un Estado democrático es pura ilusión, pura fantasía. El político de turno podría realizar los delitos más execrables, contando con la aprobación de sus aliados votantes. Voluntariamente o a la fuerza.  Esto es lo que ya ha sucedido en demasiadas ocasiones en la historia de la humanidad.  Y está claro que no vamos a volver a las andadas.
Aunque a veces la memoria colectiva es corta. Muy corta.
8 de abril de 2018

LOS NÚMEROS DE MONTORO

 

El ministro de Hacienda, Montoro, se ha decidido finalmente a presentar los presupuestos de  este año. Sabe que no tiene mayoría para aprobarlos. Pero se ha lanzado a la palestra  y piensa que como dijo Machado, “se hace camino al andar”. O sea que ya veremos. Porque a lo mejor los vascos, que van a obtener unas sustanciosas regalías en forma de inversiones en el Presupuesto, cambian de opinión. Por el momento dicen, que nada. Que no quieren oír nada de la aprobación de los Presupuestos y que mientras el Estado mantenga el control de la autonomía catalana, no quieren hablar de ningún asunto que suponga una cesión al gobierno.

Pero es evidente que los vascos, que son muy suyos, y que durante todos estos últimos años han ido navegando con fortuna por todos los mares, pueden cambiar de postura. No sería la primera, ni será la última vez. Veremos como evolucionan los acontecimientos en Catalunya y en que medida los vascos mantendrán una posición inalterable ante las contrapartidas tan importantes que se les han ofrecido. En política puede pasar de todo o casi de todo. Y además, los políticos sin inmutarse.

Por lo demás los partidos, en función del color han dicho la suya. Normal. PSOE y Podemos señalando que los Presupuestos son del todo continuistas y sin  tener en cuenta a los sectores más modestos de la sociedad. En definitiva, unos malos presupuestos. Ciudadanos por otra parte se ha adjudicado el mérito, entre otros aspectos, de que los presupuestos hayan contemplado un aumento importante de las pensiones. Esto no ha gustado a Montoro que ha reclamado para sí y para su partido este incremento de aportaciones para los mayores.

Y si me preguntais que pienso yo de todo ello, es decir de los números presentados por el ministro, contestaré, que si tenemos limitado por Bruselas los límites de déficit y por otra parte queremos crecer a algo así, como un 3%, generando más puestos de trabajo y más actividad económica, entonces los Presupuestos posiblemente no puedan ser muy distintos de los que hoy se han presentado a la prensa. Ya sé que no estoy entrando en el detalle,- no lo pretendo en estas pocas líneas-, pero las magnitudes macro económicas están ahí. Como limitación y como objetivo. Y no pueden desdeñarse.

¿Llegaremos a los calores del verano, sin aprobar los Presupuestos?.

Podría ser.

 

 

4 de abril de 2018