¿CUÁNTOS? DECIDME CUÁNTOS.

 

En la diatriba diaria sobre la inmigración en la Unión Europea, algunos partidos de la derecha han pontificado : “si queremos mantener Schengen entonces hemos de blindar las fronteras exteriores de la UE. Si esto no es posible o no va a funcionar, se caerá Schengen. Volveremos a las fronteras interiores entre los países miembros.”

Bueno, esta afirmación tiene todo el sentido del mundo. Si la Unión Europea quiere preservar un mínimo futuro de unidad e integración , tiene que asegurar el tránsito por las fronteras exteriores que conforman sus propios limites. No es tan descabellado el raciocinio. Preguntarse simplemente cuánta inmigración puede absorber anualmente la UE. “50, 500, 1000″. “Cuántos? Decidme cuántos“. Exactamente como se hace o debería hacerse en Estados independientes. Y esto significa llegar a acuerdos y que los distintos países miembros lo cumplan. Y que si no lo cumplen sean ellos los que asuman las consecuencias de esta actuación.
El problema es el determinar cómo se blindan las fronteras, que autoridad asume la última responsabilidad y como se financia todo este gasto. 

Algo semejante ocurre también con la llamada “mutualizacion” de la deuda, asunto de carácter recurrente, que se aborda año tras año. También los paises más ricos dicen que la solidaridad aquí tiene un límite. Que cada uno pague lo que debe, lo que ha gastado de más. No sea que unos tengan que asumir las deudas de los otros.

Con la inmigración se presenta una prueba clave para Europa. ¿Pueden las corrientes migratorias indiscriminadas destruir Europa, la Europa de Schumann, de Jean Monnet, de Adenauer? 

Pues podría ser.

8 de julio de 2018

SOLIDARIDAD

 

Estos dos últimos días el asunto estrella ha sido el de la inmigración. O el de los “migrantes” como se les llama ahora, porque nos hemos comido lo de la “in” y nos hemos quedado con la sección final del sustantivo, apelando a que nos referimos a los que “migran”, esto es a los que huyen,a los que van o vienen desesperadamente, para encontrar una casa o un destino.

El otro día almorzando con amigos, alguien me preguntó que como veía esto de la llegada a la Unión Europea de tanta gente. Y le contesté, “la solidaridad tiene un limite.” Está claro que todos somos solidarios y queremos arreglar los males y las injusticias que aquejan a una gran parte de la humanidad. Pero la pregunta que nunca se hace y si se hiciera tendría difícil respuesta es la de si estamos dispuestos a asumir el coste ya sea colectivo o individual que ello supone. Es decir un coste en términos de bienestar de una sociedad que ha tenido que trabajar largos años para llegar al umbral de una mínima satisfacción en términos de renta y derechos sociales.

Porque, nos llenamos la boca de esta “solidaridad”pero con toda seguridad muy pocos estarían dispuestos a que el mal o bien llamado estado del bienestar quebrara o se viera seriamente afectado porque el número de “migrantes” desequilibrara las cuentas de la seguridad social o el déficit presupuestario previsto. Y por supuesto que esta circunstancia se notara o tuviera un efecto en el bolsillo del ciudadano.

Porque, no nos engañemos, el populismo ha llamado a las puertas de la UE por esta cuestión tan elemental o mejor tan esencial. El populismo dice que va a preservar” lo que ya se tiene “y la inmigración descontrolada pone en riesgo. ¿Es esto conservadurismo?.  Bueno, pues sí. Pero en esto de preservar el modo, la calidad de vida ganada con el trabajo de años, seguro que los ciudadanos están en mayoría. En absoluta mayoría. 

Aunque no se diga. Porque no queda bien y esto no se lleva ahora.

Pero es la realidad.

30 de junio de 2018

MAXIMALISMOS

 

Estamos en una época de maximalismos. Los de la manada no tienen que salir de la cárcel. Es igual que se hayan pasado dos años. Que se pasen toda la vida!. ¿Casado? Pues si el máster que hizo tiene alguna rendija de irregularidad de convalidación o lo que sea, pues fuera, que se vaya a hacer de abogado, pero nunca que pueda acceder a presidir el partido popular. Maxim Huerta. ?¿Que hace diez años se las tuvo con Hacienda?. Pues nada, que se vaya a casa. Los de hacienda son intocables y no se pueden equivocar nunca. Rajoy se ha ido al Registro y ahí ha acertado. Porque si el Registro hubiera sido de Madrid,las malas lenguas, que las hay en estos tiempos revueltos ,habrían ya escupido que se había hecho un gran favor al presidente caido. 

Con Urdangarin también ha sonado la hora del clamor popular y de la venganza. A la cárcel. Seguro que la inmensa mayoría de los que vociferan no saben que dice la sentencia. Y si esta se enmarca en el rigor más absoluto. Pero es igual.
¿Ah y Gürtel? ¿No se sabía ya de antemano que la sentencia sería muy dura y que el ponente era un afamado profesional de la izquierda? ¿Había que callar?

¿Es esto una inquisición? ¡No, no que va!. “Esto es justicia”, se exclama. Esta es la justicia del pueblo. Que condena o que absuelve sin apelaciones y recursos. Es lo que se lleva. De manera que si los jueces dicen o sentencia otra cosa, no se entiende, no se comprende. Y entonces se habla de la justicia encadenada a la política.

Esto de la política es como los vientos que soplan de manera sostenida, hasta que no se sabe porque, cambia la dirección y entra otro viento más cálido, menos incómodo, más llevadero.
De momento sigue soplando un viento atlántico, con puntas de fuerza cuatro y cinco.

Espero que amaine. Y que tranquilice mentes y espíritus.

22/6

30 de junio de 2018

UN SOPLO DE ESPERANZA

 

Después de unos días, más bien cortos, de incertidumbre y que reflejé en este blog, he de afirmar con cierta satisfacción que los nombramientos del presidente Sánchez,me están gustando. Seguro que van a contribuir a generar tranquilidad y un -aún- precario optimismo. Las designaciones se han hecho a personas con experiencia, ya curtidas en la vida política y con un talante y una trayectoria muy claras en lo que al futuro de España y a su contencioso con Catalunya se refiere.

Porque, el independentismo se va a encontrar con otros interlocutores, pero con el mismo discurso que ya han oído antes.  Esto es, Constitución y unidad de España. Quizá con otros adjetivos, con menos sequedad, pero con el mismo mensaje. Puigdemont o Torra ya no tendrán la excusa de los populares, carcas y antiguos. ¿Querían un cambio? Pues ya lo tienen. Además votaron a favor, para terminar con Rajoy. Bueno, pues ésta es la respuesta de los socialistas.  ¿Es lo que esperaban?

Además Borrell, el que será ministro de asuntos exteriores, no es un desconocido en Bruselas. Para combatir las andanadas de Puigdemont desde Alemania, no está mal. Hacia falta realmente un refuerzo en el ámbito europeo y de la opinión pública, muy influenciada por las voces independentistas.

¿Quiere esto significar que entramos en una nueva etapa que va a conducir a que unos asuman que la separación no es posible y por otra a una cierta distensión?

No. Ninguna de las dos alternativas va con toda seguridad a producirse. Es pronto, muy pronto aún. Pero sí que ha de decirse, que lo que está sucediendo estos días, con las primeras actuaciones de Sanchez, no va a empeorar la ya muy difícil situación.

Para mí, de momento esto ya me vale.

De momento.

5 de junio de 2018

¿BUENO PARA LA ECONOMIA?

 

Me llama un amigo, instalado en el mundo de la matemática y de su docencia y me pregunta si el cambio político va a ser bueno para la economía. Le contesto con otra pregunta. Le inquiero si estaría dispuesto ahora a invertir sus ahorros, en instrumentos de mayor riesgo que los pagares o los bonos del Estado. Me dice que en el banco le han ofrecido hace unos días colocaciones con unos márgenes superiores a los que ahora está percibiendo. Me habla de renta variable. Esto es, acciones o títulos cotizados en Bolsa. Y después de algún silencio bien elocuente, me dice que se va a esperar. Que de momento, esperar y ver a cómo evoluciona todo.

Pues ya te has contestado tú mismo, le manifiesto. Y lo que vas a hacer,-esto es esperar-,  seguro que lo hacen miles, miles de ciudadanos como tú, que no quieren apostar por más riesgo, mientras el horizonte político no se despeje. Y lo que tu piensas o decides, vale también para los grandes inversores institucionales, fondos de pensiones, que manejan los dineros de los que un día se jubilen. Miles de millones.

Por tanto, concluyo, el cambio que acaba de producirse esta semana, bueno, bueno para la economía no creo que lo sea. Aunque se predique mucho de la regeneración democrática, de la transparencia y de la necesaria pureza de los que se dedican a la política, el 3% de crecimiento, previsto y esperado para este año, con lo que ha sucedido, ya no va a ser tan fácil que se alcance. Porque para que este porcentaje o esta cifra llegara a buen fin, se habían establecido unas previsiones de consumo e inversión, de mantenimiento del gasto público, de estabilidad en el nivel de precios, que con el nuevo gobierno no se sabe si se van a cumplir. Por lo menos hoy por hoy,- aunque optemos por un optimismo, disfrazado de un mayor o menor voluntarismo,- no lo sabemos. Es más, uno se inclina a considerar que el objetivo del 3% queda hoy más lejos de una realidad futura.

En algún periódico he leído que la situación económica actual,- de cierta bonanza-,va a permitir que el país viva un tanto de las “rentas” por lo menos en los próximos seis meses. Dejando que el nuevo gobierno realice una aterrizaje suave y tome las riendas y la iniciativa en los grandes temas de la política económica, financiera o fiscal.

Vamos pues a esperar. Rezando para que no se equivoque. Para que no se produzca una nueva edición de lo que sucedió con Zapatero, Rubalcaba y Solves, en 2009/10/11. Porque del rescate, estuvimos muy, muy cerca.

Aunque la memoria colectiva es corta, fugaz. 

Pero conviene recordarlo. Ahora.

 

3 de junio de 2018