AHORA IRLANDA

Por mucho que se haya reprochado a Irlanda acerca de las ventajas que en el orden del impuesto de sociedades y otras franquicias semejantes, ha estado dispensando a las grandes multinacionales americanas, lo cierto es que por el momento, ha sido la gran beneficiada de este tratamiento fiscal discriminatorio. Y la Union Europea, -cuando ha sido el momento,- no ha dicho nada. Mejor aún , el ministro Paschal Donohoe ha sido elegido presidente del Eurogrupo. Y como presidente, ya ha dicho que se va a oponer a la tasa Google. Y que si acaso sea cada país comunitario el que lo haga. Lógico. Si está acogiendo Irlanda la sede de estas empresas, no va a lanzar piedras sobre su propio tejado.

Y nosotros, como se dice, «más papistas que el Papa». En vez de tratar, -como lo hacen Luxemburgo e Irlanda-, de obtener beneficios de una baja fiscalidad y otras prebendas que incrementan la inversión foránea, nos situamos como los principales valedores de las esencias comunitarias. Y así nos va. No es que en Europa nos lo hayan agradecido. El Presidente de la Comisión, lo fue durante unos cuantos años el luxemburgués Juncker. Y pocos le criticaron que Luxemburgo fuera una especie de paraíso fiscal en la UE, refugio de capitales a la busca de seguridad y paz tributaria. Y ahora sucede con Irlanda. Sin olvidar mencionar también a uno de los «frugales», Holanda, que sigue manteniendo algunos dispositivos que dispensan un favor fiscal en las antiguas colonias.

Conclusión. En términos coloquiales podríamos señalar que «esto es hacer el primo». O el imbécil. Como se quiera.

Y seguimos sin darnos cuenta.

11 de julio de 2020

LA SEÑORA CALVIÑO

La Sra. Calviño, vicepresidenta del Gobierno, no ha salido elegida como presidenta del Eurogrupo. Y ha dicho lo siguiente: «Teníamos garantizados diez votos y como solamente recibimos nueve, es evidente que uno de ellos no ha hecho lo que se había comprometido a hacer.»

Como que el voto era secreto y además se emitía en la distancia, imagino que no fue nada fácil ir seduciendo a los votantes. En cualquier caso tengo que pensar que la Sra. Calviño no se ha llevado una gran sorpresa con este resultado. En otro caso cabría interpretar en su persona altas dosis de ingenuidad y confianza en la actitud del prójimo. Lo cual en política no deja de ser bastante arriesgado.

Supongo,- o seguro-, que habría hablado con unos y con otros y que nadie le habría dicho, así a la cara, «Nadia, no te voy a votar. Y no insistas». Al contrario, todos le habrán contestado que iban, sin duda, a hacerlo a su favor. Porque si decían otra cosa, ¿porque llevarse mal, o enemistarse con la Sra. Calviño?.No, mejor contestarle que sí. Efusivamente. Y además hacer luego lo que mejor convenga al color, al partido o al país que uno representa.

Con un Gobierno de coalición PSOE/PP, esto no habría sucedido. Se ofrecía una posición de fortaleza y de unión frente a las instituciones comunitarias y se aseguraba en la votación del Eurogrupo, el sí de formaciones conservadoras y de izquierda. La debilidad del Ejecutivo ha jugado a Calviño y a Sánchez una mala pasada.

Pero seguro que Sánchez no se da por aludido. Ya ha echado la culpa de lo sucedido al Partido Popular. Como siempre o casi siempre.

Estamos igual.

11 de julio de 2020

BALANCE PROVISIONAL

Se están haciendo ya cuentas de los resultados de la financiación que el Estado ha facilitado a las empresas en estos últimos meses. Quiero recordar que había dicho en esta misma columna que en el asunto del corona virus, los ciudadanos y las empresas no teníamos ninguna responsabilidad. Y que del mismo modo que cuando se produce un siniestro la compañía de seguros es la que paga, la que entrega el dinero para que la situación vuelva a la normalidad, con el Covid 19 el Estado tenía que hacer algo semejante. Esto es, proveer a las empresas y autónomos de los recursos necesarios para que la actividad y la facturación no menguasen.Y añadía también que si el Estado hacía este gesto, en definitiva ello aprovecharía a sus propios intereses. Porque el mantenimiento del tráfico económico, permitiría que los ingresos en el orden fiscal, también pudieran sostenerse en el tiempo.

Claro que lo que digo puede sonar a pura ingenuidad. A lo que uno desea, lejos dela realidad imperante. Pero, no. Resulta que no. Que la Unión Europea, -léase Merkel y Macron- han llegado a la conclusión que una gran parte de los fondos que se arbitren para la reconstrucción, lo han de ser a fondo perdido. Muchos, muchos miles de millones. Gran parte de los 750 mil millones que se proponen. Se juegan en ello la supervivencia del gran proyecto europeo. Finalmente se dieron cuenta de ello y se han puesto manos a la obra, para que Europa no zozobre en esta hora.

Yo creo que el gobierno español, ha sido muy conservador a la hora de arbitrar los recursos financieros a las empresas. La ministra de economía, la Sra. Calviño, ha estado más pendiente de la Prima de Riesgo, de las emisiones de Deuda que se colocaban al Banco Central europeo, que de las urgencias que precisaba el sector privado. Se ha perdido algún tiempo en la aplicación de las medidas. Y hasta ahora el Estado poco dinero ha gastado. La mayor parte de las aportaciones lo han sido en forma de avales. Esto es, si la empresa no paga, un día pagará el Estado. Pero de momento no se sueltan recursos. No está mal, pero habría hecho falta un porcentaje importante de ayuda directa. No de nuevo endeudamiento. Porque resulta que se ofrece a las empresas que se endeuden y carguen por ello este lastre en los pasivos de sus balances. Me preguntaron en una emisión de Radio si creía que estos préstamos con aval del Estado se iban a pagar. Pues, imagino que si, porque será primero el Banco que en caso de mora, ejecutará a la empresa. El Covid19 se habrá resuelto,- o se estará resolviendo en este ámbito económico- con un mayor endeudamiento. Y lo que es más grave, sin saber si esta financiación, a la vista de la coyuntura, va a servir para consolidar la situación futura de la empresa.

Seguimos por ello en un estado de máxima fluidez. De absoluta incertidumbre. No sabemos qué es lo que va a pasar. Ni siquiera lo intuimos. Claro que no renunciamos al optimismo. Pero el lastre que arrastramos de estos meses es enorme y no nos deja ver el horizonte con alguna claridad.

A ver si esto pasa. Algún día. ¿Pronto?. Pues tampoco lo sé. Aunque lo espero.

7 de julio de 2020

UN BALANCE PROVISIONAL

Desde el día 17 de marzo que Pedro Sánchez para asegurar la «liquidez» de las empresas, anunció movilizaría del orden de los 200.000 millones de euros, poca cosa hemos sabido más de cómo se iba repartiendo dicha cifra. De esta cuantiosa suma, creo recordar apuntó, que una parte bastante importante de la misma, unos 80.000 millones debían proceder de fuentes privadas. Y la cuantía mayor sería aportada por el Estado.

Cuando estamos ya a los tres meses del anuncio de estas medidas, ¿Qué balance provisional se puede hacer?.

Pues positivo, la verdad que no. El presidente habló de la «movilización de fondos», esto es, de dinero, de recursos líquidos. Porque si no se refería a ello, no tenía porque expresarse de este modo. Claro que en política todo es posible. Y Sánchez ya nos tiene acostumbrados a distinguir entre el decir y hacer. Digo esto y hago aquello.

De lo que se hablado más, ha sido de los avales del Estado a los préstamos que pidan las empresas para superar las dificultades de la pandemia. Por supuesto de entregas, de transferencias cuya necesidad hace ya semanas yo mismo había mencionado, nada. Sobre las espaldas de las empresas se producirá un nuevo endeudamiento, préstamos de la Banca que en su caso, avalará el Estado. De momento por ello, de dinero público, por lo menos en esta partida, no se ha puesto. Compromiso, sí, líquido no. Que no es lo mismo.

Y en lo que hace referencia a los recursos necesarios para pagar a la multitud de afectados por los ERTOS, tengo que asumir que el Estado financiará estos gastos vía emisión de bonos o deuda que se coloca al Banco Central Europeo. No creo que hasta la fecha las cifras sean superiores a los 25 o 30.000 millones, aún cuando esto es solamente el comienzo de lo que se va a necesitar en un futuro bastante inmediato.

Total, no tengo el desglose de los famosos 200.000 millones. Bruselas aparte. No sé tampoco si lo tiene Sánchez. Porque si no lo tiene,- y bien desglosado- el asunto es preocupante.

Claro que uno más. De los preocupantes, claro.

13 de junio de 2020

INGRESO MINIMO

Está claro que todos queremos que nuestros semejantes tengan unas condiciones de vida aceptables. En esto no debe haber discusión. Elemental. Por ello, durante tantos años se ha luchado, se ha trabajado para acceder a la llamada sociedad del bienestar. Un resultado que no se ha producido por azar o casualidad. Que se ha venido construyendo, pacientemente a lo largo de los últimos decenios.

Pero la verdad es que esta sociedad del bienestar se está desmoronando. Y cada vez la mayoría que disfrutaba de sus bondades se hace más corta. Pensábamos que lo conseguido era para siempre y ahora nos estamos dando cuenta que la conquista era solo temporal, un estado de cierta plenitud sujeto a las convulsiones de un mundo abierto, de la globalización.

Y esta pérdida de oportunidades, de capacidad económica de una mayoría que era sólida, se ha venido acentuando de manera muy rápida en los últimos tiempos. Y su reflejo se ha traducido en las enormes cifras de desempleo. Sobre una población activa en España de algo más de 21 millones de personas, 3,5 millones se hallan en situación de paro y a ello hay que añadir el millón largo, como mínimo que va a generarse tras el paso tan terrible del corona virus. Total, menos de 15 millones de españoles han de mantener a una población de 46 millones. Una proporción que en absoluto es sostenible.

La aprobación del ingreso mínimo para,- según el gobierno- una masa de ciudadanos que puede superar los dos millones, supone, queramos o no, el fracaso de una política económica. O dicho de otra manera, la incapacidad de nuestro sistema de dar trabajo a suficiente número de personas, de manera que dicho ingreso vital, fuera una cuestión innecesaria, accidental y superflua. El ingreso mínimo vital, es realmente una derrota. Ni el sector privado ni el público, son, han sido capaces de generar la suficiente actividad que permita el que la inmensa mayoría de españoles, pueda acceder a los bienes materiales y de la cultura, sin mayores dificultades u obstáculos.

No veo por ello el que la aprobación esta semana por parte del Gobierno de este mínimo vital, sea una «conquista social» a la cual se refería el vicepresidente segundo del Gobierno. No es una conquista social. Constituye en cambio la prueba elocuente de que España se está empobreciendo, de que las cosas no se están haciendo bien, y de que éste no es el camino a seguir.

No es ninguna novedad. Pero sigue siendo una lástima.

3 de junio de 2020