“LO DE FRANCO”

 

“Y qué sucedería si cuando fueran a desenterrar a Franco, se encontraran con las puertas de la Basílica cerradas? “Abrid, somos la Comisión que viene a llevarse al Caudillo! ” Y una voz que sonara desde dentro y que replicara: “No, aquí no sois bienvenidos. No vamos a abrir. La posesión de la Basílica y del sepulcro, es nuestra.”

¿Qué hacer ante la negativa del prior? ¿Entrar por la fuerza? ¿Precisaría la Comisión actuante de un orden judicial? Ciertamente el Tribunal Supremo ha dictaminado acerca de la posibilidad de exhumar a Franco y de que se lo lleven del Valle de los Caídos. Pero habitualmente el alto Tribunal no es el órgano que ejecuta las decisiones que haya adoptado. Esto se deja a Juzgados menores, a Juzgados de instancia.

No es por ello inverosímil que el prior o abad,- que dicen es un antiguo falangista-, se erija en defensor de las esencias patrias y niegue la entrada a la comitiva oficial, a menos que vengan con un mandamiento del juez competente y aún así no se le ocurra algún hábil subterfugio.

No sé si la congregación del Valle reunida en una especie de sínodo, habrá calibrado esta posibilidad. Porque claro está que la llave de la entrada del recinto, la tienen estos monjes. Como en otros tiempos, mitad monjes, mitad soldados.

Y en definitiva tampoco sé si la exquisita Carmen Calvo ha considerado esta eventualidad y ha preparado ya la consecuente respuesta.

En cualquier caso a mi y supongo que a millones de españoles el desenlace final, nos es absolutamente igual.

Han pasado más de cuarenta años.

Que hagan lo que quieran.

11 de octubre de 2019

BUROCRACIA. PAPELES Y MÁS PAPELES

 

La burocracia lo inunda todo. Y lo percibimos más, cuando hemos de contratar un servicio, abrir una cuenta o algo semejante. El volumen de papeles es impresionante. Firmas y más firmas. Todo está registrado en el ordenador, pero para asegurar la jugada, conviene que además el papel refleje lo que consta en el mundo digital.

En primer lugar el sacrosanto NIF. Sin este guarismo no eres nadie. No existes. Aunque dispongas de carnet de identidad o pasaporte. Si el NIF no se introduce en la pantalla del programa o aplicación, todo queda bloqueado, no puedes seguir. Yo propongo que a los recién nacidos el Estado ya les dé un NIF. Así, saliendo del vientre materno, para que desde un primer momento el pequeño quede identificado de por vida. Una especie de bautismo, de bendición fiscal.

Y después del NIF, las novedades más importantes de los últimos años, que se llevan la palma del papeleo, de los registros online y de la burocracia en suma, son por una parte las leyes de protección de datos y de blanqueo de capitales. Lo de la protección de datos adquiere dimensiones de escándalo.  Las “autoridades” quieren protegernos y cuidar de nuestros secretos y confidencialidades. Pero de tanto ocuparse de ello y ante las evidencias de las famosas fugas de datos, me pregunto si todos los papeles que firmamos van a servir de algo. Me temo que no.

¿Y en cuanto a las leyes de blanqueo, que decir?. ¿Pero estas leyes no se inventaron para prevenir el comercio de drogas y el terrorismo? Sobre estas bases la inmensa mayoría de ciudadanos estaba de acuerdo. Pero lo que no nos dijeron es que estas leyes propiciarían  una especie de policía administrativa, destinada a convertir en sospechosos a todos los ciudadanos y encargando a bancos, notarios y otros profesionales que hicieran de la denuncia, de la delación, casi un oficio obligado bajo amenaza de multas millonarias, caso de no cumplir con este cometido.

No, no me gusta esta nueva burocracia. Me decía un ejecutivo de banco el otro día: “mira, esta mañana, de productivo nada. He tenido que dedicarme al papeleo, a resolver problemas menores de la clientela con tantos formularios y controles “compliance”. Cierto. Parecería que las nuevas tecnologías están para facilitarnos la vida, la iniciativa y los negocios, “Parecería”, porque en la práctica pienso que no. Por lo menos es la percepción que tengo hoy.

¿Exagero?. No creo.

 

10 de octubre de 2019

PLÁCIDO, PUJOL,TRUMP

 

No lo acabo de comprender. La confesión. La confesión pública de que algo se ha hecho mal. No hoy, ni ayer. Hace muchos, muchos años. Un ejemplo, la confesión de Pujol acerca del legado de su padre. O la confesión de Plácido Domingo. Una afirmación con el sesgo de que ” los tiempos eran otros”. Lo que antes era fruto de la normalidad, hoy no se tolera. Y en cuanto a Trump, naturalmente, confesarse, nunca. Todo lo que publican que pueda perjudicarle es mentira. “Fake news”, que es una máxima, una frase de lo más contundente. Dices, “fake news”. Lo que publican sobre tu persona es falso y te quedas tan ancho.

¿Hay tanta diferencia entre la verdad y la mentira?. Tendría que haber un abismo. Vivimos, tendríamos que vivir, que alimentarnos de la verdad y no de falsedades. Pero las redes sociales lo han envuelto todo en una nube tóxica, que dificulta el conocer lo que hay detrás de la noticia. El que la inventa o la falsea dispone de los mismos instrumentos para divulgarla que quienes intenten contrarrestarlas. ¿A quien creer?.

Seguro que Plácido Domingo se habrá preguntado en alguna ocasión, si su confesión fue necesaria o indispensable. Si se equivocó. Porque de credibilidad, al margen de lo que hubieran sucedido, se supone que Domingo la tenía más consolidada que los anónimos de “me too”. ¿Y con Pujol, que? Pienso que hubiera podido ahorrase la confesión. Por muchas calamidades que le hubieran acaecido a su numerosa familia, dudo que finalmente se le hubiera hecho responsable último de las andanzas de sus hijos.  Habría bastado que siguiendo el símil de Trump, hubiera exclamado, con alguna rotundidad “Fake news”, o en su caso “esto no toca”. Y si no  había confesión, no había nada. Quedaba el resorte judicial, pero con tanto recurso a uno y otro tribunal el asunto se habría diluido bastante.

Total. Ahí esta Trump para negar lo que sea. Ya no se sabe si lo que dice o niega es verdad o mentira. Habrá de todo. Le acusan, pero clama su inocencia. Porque si confesara sus maldades, ya estaría perdido. Nadie le perdonaría. Nadie estaría dispuesto, después de un acto solemne de contrición a olvidar el pecado. 

Porque nadie ha perdonado a Placido Domingo. Ni a Pujol tras su confesión.

Tomemos nota.

 

9 de octubre de 2019

RAJOY / GONZALEZ

 

No es mala idea.  Un gobierno de coalición. PP/PSOE. O a la inversa. ¿Interesa al país?. Sin duda. Estabilidad, normalidad democrática, crecimiento al fin. Y hace falta. ¿Tan complicado?. ¿Porque esto sucede en Alemania y parece imposible en España?. Rajoy y Felipe González han hablado de ello en un reciente encuentro. Y sus posturas no ha estado tan alejadas. Porque  la actualidad política y el futuro que se avecina resulta bastante preocupante.

Un gobierno de coalición consolidaría nuevamente la existencia de dos partidos fuertes. Insisto, no me parece mal. En segundo lugar tendríamos una estabilidad política, sino hay enfados o rupturas prematuras, que podría extenderse al final de la legislatura. En tercer lugar podría afrontarse la crisis económica con una mayor fortaleza y seguridad. Una crisis que sin duda arreciará en los albores del 2020. En cuarto lugar los dos partidos podrían juntos abordar la cuestión catalana, buscando cauces que permitan alguna alternativa digna.

Sin duda lo que han planteado los dos presidentes, es realista. “Realista”, porque es lo que precisa el buen gobierno de esta España. Realista para buscar y para encontrar soluciones. Y esto no es incompatible en que pueda señalar, en que pueda afirmar, que por muy realista que ello sea, no será posible. Realista pero imposible. Esto es, que la salida que se arbitre tras las elecciones de noviembre, lo sea todo menos realista. Que se alumbre un ejecutivo, que por los votos o favores que reciba de unos y otros, sea por su debilidad, incapaz de gobernar con la fuerza y decisión necesarias.

En política, como en otras cosas de la vida, no siempre los deseos, lo que se considera mejor para unos y otros, se acostumbra a transformar en realidad. Y cuando digo “no siempre” quizá mejor decir “casi nunca”. Curiosamente, estos caminos divergen y se apartan.

Es el triste sino que nos acompaña.

 

 

 

7 de octubre de 2019

JUEVES, TRES DE OCTUBRE

 

La televisión alemana ha estado este tres de octubre rememorando imágenes de los meses y semanas que precedieron a la reunificación del país, acaecida este mismo día de 1990.  La “república democrática” del telón de acero, la RDA, la Alemania Oriental , dejaba paso a los “neue Bundesländer”, a los nuevos Estados integrados en la República Federal. El muro de Berlín, que separaba a dos mundos tan alejados desde el fin de la segunda guerra mundial, también había desaparecido como preludio de la unión entre las dos Alemanias.

Puede decirse que con la reunificación se puso punto final a las terribles consecuencias que tuvo el nazismo para el pueblo germano. Lo que había empezado en 1933 con la ascensión de Hitler al poder, tuvo una intensa, larga agonía, con la decisión de las fuerzas aliadas partiendo la geografía alemana en dos mitades. Stalin se quedó con todo el Este, además de someter a Polonia, Checoslovaquia y otros Estado colindantes bajo su tutela y férreo control. Francia, Inglaterra y los Estados Unidos se repartieron el sector occidental y de allí nació la República Federal con Adenauer, el gran político que puso orden al complicado tablero político derivado las cenizas de la contienda.

Uno se pregunta a veces, cómo fue posible que un grupo, un pequeño grupo de iluminados, con Hitler a la cabeza, pudiera en pocos años generar la hecatombe, el tremendo drama que supuso el ascenso del fascismo y el comienzo de las hostilidades que desembocaron en la segunda gran guerra, con tantos y tantos millones de muertos. Ni la mayor parte de alemanes esperaban el desenlace, ni tampoco los políticos de la época con Chamberlain a la cabeza,- con la excepción de Churchill-, creyeron que los diques de contención se rompieran en favor de una conflagración global.

Desgraciadamente en ocasiones, los acontecimientos se suceden, con la absoluta y a veces ingenua creencia, que finalmente no van a producirse. Que va a generarse algún tipo de contención, de freno que evite males mayores. Pero en la Alemania hitleriana esto no fue así. Se dejó que el país funcionara al mando de un loco, de un psicópata, que se había hecho con el poder y que no iba a soltarlo, hasta que con Eva Braun se suicidó en Berlín, cuando ya el ejercito soviético estaba entrando en la ciudad. Peligroso, muy peligroso cuando el poder está en manos de políticos que actúan como dioses, poseídos por la verdad. Hitler no fue, no ha sido una excepción.

He dicho en diversas ocasiones que si no se hubiera asistido al alumbramiento de la revolución bolchevique y al ascenso del partido comunista, el fenómeno fascista no habría existido. Casi con seguridad nos habríamos ahorrado una segunda guerra.

El pueblo alemán fué también el que sufrió las terribles consecuencias del nazismo. Es el recuerdo que queda del tres de octubre. Y la esperanza, el deseo de que aquello no vuelva a suceder.

 

 

 

6 de octubre de 2019