BORRELL, EL PUDIENTE

 

Los periodistas han acosado hoy a Borrell para inquirirle sobre la operación bursátil de Abengoa. La multa de la CNMV es ahora firme y tendrá que pagar los 30.000 que se le impusieron. El ministro ya dijo hace semanas que no iba a recurrir la sanción porque se produciría un conflicto de intereses ya que quien tendría que decidir iba a ser una compañera suya del Gabinete.

Pero las respuestas de Borrell a las reiteradas preguntas del mundo de la prensa, han producido cierta contrariedad en algunos medios. Así, ha respondido que la operación investigada, 9.000 Euros, no era más que una suma ínfima si se relacionaba con la totalidad de su cartera. Estas palabras en boca de un ministro de izquierdas, no han sonado bien. En  un programa radiofónico de alcance han dicho que Borrell tenía que haberse ahorrado esta frase. Un desliz. ¿Un ministro del PSOE que afirma poseer una cartera de valores, por lo que se deduce, de cierta importancia, puede continuar al frente de Asuntos Exteriores?. ¿O es que se ha de asumir que los ministros de Sanchez han de ser todos pobres de necesidad?. ¿Y más cuando, por ejemplo, asistimos a manifestaciones a diario, por déficits públicos en servicios esenciales?

Sin duda se está exagerando. Y se está perdiendo el sentido del equilibrio y la mesura. El socialismo de hoy en día, abrazó hace años la economía social de mercado, el juego de la competencia y la iniciativa individual que nos ha transportado a unas cotas de bienestar, impensables hace quince o veinte años. Y es absolutamente legítimo que los ahorros o las ganancias que se obtengan de la actividad profesional o de empresa, puedan invertirse en lo que libremente uno decida. Porque sin estímulo, sin la voluntad de prosperar, de superar las dificultades y de triunfar por parte de muchos ciudadanos, la sociedad, la economía misma pierde fuerza y se detiene. Es el peligro que ahora mismo nos acecha.

También han dicho que la operación bursátil pudo producirse por la existencia de información privilegiada. Borrell era consejero de Abengoa. Bien, no quiero entrar a profundizar en ello. Puede ser. Pero sí decir, que la actuación de la CNMV ha estado caracterizada durante muchos por una absoluta mediocridad. Curiosamente, nunca, ni la CNMV y también el Banco España, han asumido responsabilidad alguna en los escándalos financieros que ocupan los tribunales en estos últimos años. Y en cambio por las funciones que les venían otorgadas, algo tuvieron que ver en todo ello. 

Vivimos tiempos de un cierto desconcierto. Del péndulo que va y viene, de un extremo a otro.

No, no es bueno.

 

 

 

29 de noviembre de 2018

“BIEN VALE UN PEÑON”

 

Dicen las estadísticas que España exportó a Gibraltar, algo más de mil millones de euros anuales. Las importaciones, no se saben. Mejor, se presumen que son cuantiosas, pero no hay datos estadísticos fiables. Los que se conocen proceden de los alijos de contrabando incautados por la Guardia Civil. Tabaco y otras menudencias. Fardos y más fardos que se recogen del mar o de las embarcaciones interceptadas con la mercancía. O sea que a la hora de establecer una balanza comercial de compras y ventas, importaciones y exportaciones, no podemos llegar a conclusiones muy claras.

Todo esto naturalmente viene a cuento, a raíz de las tensiones producidas en estos últimos días acerca de si Gibraltar formaba parte o no del convenio suscrito entre la Unión europea y Gran Bretaña. Sanchez se ha apuntado el gran éxito, al afirmar que se ha logrado introducir unas solemnes declaraciones formales, en las que la UE se compromete a que cualquier asunto que se relacione con Gibraltar, sea España la que tenga la primera y la última palabra. En cambio ayer Theresa May afirmó con mucha rotundidad ante sus compañeros del Parlamento que era ella la que había salido triunfante del embiste. O sea que Sanchez había perdido y todo quedaba tal como se había pactado con los negociadores europeos.

Como que la credibilidad de los políticos está bastante por los suelos y la “posverdad” se ha puesto de moda, no vamos dar mayor credibilidad a uno o a otra. A Sanchez o Theresa May. Porque en el fondo, aunque ambos hayan expuesto su firmeza en la defensa del Peñón, la verdad es que no nos hemos enterado qué es lo que estaba detrás de todo ello. Es decir, qué defendían ambos desde sus opuestas posiciones. Lo de la soberanía, ya se sabe que los ingleses no la van a tocar. Si conviene mandan a la armada. Y en cuanto a lo demás, ámbito personal y comercial, no creo que el asunto permita muchas alternativas. Gibraltar necesita a los andaluces de la zona y que éstos ocupen unos cuantos miles de puestos de trabajo. A España también le interesa que esta ocupación se mantenga en el futuro y exista por ello una fluidez en la frontera. Mucho más Gibraltar no puede ofrecer. Las tensiones en el mar seguirán existiendo y la cooperación no siempre va estar exenta de problemas. Gibraltar piensa seguir siendo un paraíso fiscal y seguro que con el Brexit, esta condición se va a acentuar.

Quizá dentro de algunos años, se presente la ocasión de saber quien de los dos, May o Sanchez, exageró o mintió. Aunque para entonces lo de hoy ya se habrá olvidado. Y es que los políticos viven el hoy.

El mañana está muy lejos. Y a nadie le interesa.

Es lo que creen.

28 de noviembre de 2018

BANKIA, EL JUICIO

 

Bankia. Se ha abierto el juicio. El macro juicio por la cantidad de personas involucradas. El juez ha de decidir si hubo o no engaño en la salida a Bolsa de la entidad que captó más de 3000 millones de euros de inversores.

Complicado. Muy complicado. Aunque yo no creo que hubiera engaño. Sí, un enorme voluntarismo y una especie de huida hacia adelante que hubiera tenido éxito si el banco no se hubiera encontrado desde 2011, con una crisis que sumergió el ladrillo en una larga noche. Los activos inmobiliarios que en un ciclo expansivo hubieran conseguido venderse con ganancia y generar liquidez, con la crisis se convirtieron en invendibles  y depreciados. De ahí el que el Estado tuviera que inyectar más de 20.000 millones de euros para salvar a la entidad. Como que Caja Madrid y Bancaja, los principales impulsores de Bankia, habían invertido siempre en los valores históricamente más seguros, esto es el ladrillo, la hecatombe no tuvo paliativo. ¿Y el consejo, el mismo Rato que hizo? Podía haberse quedado en casa disfrutando de la indemnización que le había facilitado el Fondo Monetario. Pero no advirtió que Bankia nada tenía que ver con aquella institución. Y que si iba a la presidencia del banco se la iba a jugar. Posiblemente nunca llegó a pensar que aquello pudiera salir mal. Y más si el gobierno, el Banco de España y la CNMV bendecían la operación. ¿Llego a pensar que si el asunto caía por la pendiente le dejarían solo? No, ni llego a intuirlo.

Pero Rato, estoy convencido de ello, no se metió en este lío con la conciencia y la voluntad de hacer mal a los que iban a poner dinero en la ampliación. Lo que en derecho se llama actitud “dolosa”, o sea sabiendo que se está cometiendo un delito. Y lo que vale para Rato creo que puede valer para los demás componentes del consejo.Claro que entonces uno puede preguntarse el porqué o quien es culpable de las cuantiosas sumas que tuvo que aportar el Estado para salvar al Banco. Y ahí ya digo que tendríamos que ir a la letra pequeña, a las operaciones voluminosas que se formalizaron en Caja Madrid o en Bancaja. Cómo se tramitaron, quienes fueron los solicitantes, que avales se pidieron y cuál fue el proceso que desembocó en su concesión.  Y ahí seguramente encontraríamos algunas respuestas que arrojarían luz sobre los orígenes del desastre. Y de sus primeros responsables.

Pero este breve artículo ya no da para más.

26 de noviembre de 2018

LO QUE SUBE, BAJA

 

Las grandes tecnológicas que auparon la bolsa neoyorquina, están bajando. Todas han perdido muchos enteros en sus cotizaciones. Apple, Amazon, Google, Facebook, o Netflix.  Los periódicos hablan de 720.000 millones de euros que se han dejado en Bolsa. No está mal.

Desde hacia años la ascensión no había tenido freno. Pero las dudas empiezan a producirse. Llega un momento que se tiene la percepción de que el precio que se está pagando por la acción es desmesurado. Y por otra parte el inversor, el consumidor también se pregunta, qué novedades realmente están aportando de forma continuada las grandes tecnológicas.

El ejemplo más próximo es Apple. He cambiado el móvil, el Iphone dos o tres veces en los últimos cinco años. Pero el modelo de Apple que salió al mercado hace un par de meses ya no lo voy a comprar. El que utilizo no se diferencia demasiado del anterior que aún conservo. En definitiva lo que uno aprecia del teléfono es que siempre se pueda utilizar. En cualquier lugar que uno se encuentre. Y esto no es siempre posible. Por lo de las “coberturas”. Luego está el problema de la batería. Por mucho que te digan que el nuevo modelo posee una batería mucho más duradera, por la noche casi siempre te quedas con muy poca de ella. No puedes por ello olvidarte de conectarlo a la corriente antes de meterte en la cama. Lo que funciona regularmente es el correo, el mail, el llamado whatsup, y el dictado que te permite no tener que ir tecleando a la hora de mandar un mensaje a alguien.

Apple ha mantenido un negocio floreciente con los Iphone, que por lo que se lee, representan un porcentaje superior al 50% de su facturación y también de sus márgenes. Pero la competencia es desde luego, enorme. De los chinos, de los coreanos y de otros fabricantes, que venden a un precio muchísimo menor al de la empresa de Silicon Valley. Y supongo que estar innovando de forma indefinida, es poco menos que imposible. Steve Jobs, ya se murió. Es lógico por ello que los inversores, hayan empezado a pensar que la cotización de Apple estaba muy alta.

¿Y qué decir de las otras tecnológicas?. Pues podríamos referirnos en términos semejantes. Google sigue siendo la líder con el buscador, tan felizmente hallado y tan inteligentemente desarrollado. Pero, no lo olvidemos, su fuente principal de negocio fue y ha sido la publicidad derivada del buscador. Ahí sigue teniendo un liderazgo, Pero esto no excluye que existan algunos nubarrones en las perspectivas de futuro. No todos las actividades que se han estado investigando para diversificar al buscador, pueden dar frutos tan inmediatos. Y la cuestión es preguntarse si Google o Alphabet como así se llama ahora,vale algo así como setecientos veinte mil millones de dólares. Los inversores también han empezado a preguntárselo y el grupo ha perdido del orden de un 15% en Bolsa últimamente.

No sigo con Facebook, Amazon o Netflix. Continuan siendo líderes en su especialidad, pero el mercado también está determinando unos límites en su crecimiento bursátil. Y ya sabemos que en el mercado de valores la “volatilidad” es algo inmanente a su propio funcionamiento. Y nadie nos puede asegurar que los que fueron, han sido y siguen siendo los líderes en capitalización bursátil, pierdan esta aura de intocables a dos o tres años vista. El sector tecnológico funciona a velocidades casi tan inconmensurables, que lo que parecía imposible se convierte en realidad, con la introducción de nuevos protagonistas en este tan revolucionario sector. 

Lo que ha sucedido estas últimas semanas, es sin duda un toque de atención. Aunque cuando se está en una fase alcista, uno pueda pensar que siempre va a ser así, lo que sube, baja algún día. Forma parte del natural de las cosas.

 

25 de noviembre de 2018

…Y BORRELL TENÍA RAZON

 

Borrell, el ministro de Asuntos Exteriores, ha hecho unas declaraciones a un medio británico que han causado entre los naturales del país, una cierta sorpresa. Ha dicho, refiriéndose al tema de la independencia, algo así como que sería más fácil que Escocia se separara del Reino Unido que Catalunya fuera independiente.

También aquí, las frases de Borrell han sido objeto de comentarios de lo más perverso cuando provenían de la facción separatista. Incluso le han dicho en el Parlamento que era un “ministro indigno”, el más indigno de los que la memoria pueda acordarse. Porque decir, o mejor, exclamar que Catalunya no va a ser  independiente por muchos lustros, estableciendo la comparación con Escocia, es algo que no se perdona. Entre otras razones porque echa por tierra los evangelios que anuncian la buena nueva de la tierra prometida para un horizonte no tan lejano.

Creo que el historiador Elliot, que ha escrito un libro denso, estableciendo semblanzas y diferencias entre Escocia y Catalunya,ha prestado un buen servicio a todos los que hayan querido acercarse al problema. Escocia e Inglaterra fueron dos reinos que a lo largo de los siglos, compartieron la paz y la guerra; tiempos en los que los lazos de sangre se imponían a otros intereses y objetivos. Juntos en ocasiones, separados en otras. Finalmente Escocia optó por el pacto integrándose en el Reino Unido, pero la historia queda como testigo de la evolución de unas relaciones marcadas por unos orígenes que de alguna manera explican o podrían justificar la actitud de ingleses y escoceses en el momento presente.

La historia de Catalunya no se parece en nada o en bien poco a la de Escocia. No tuvimos reyes en Catalunya. Ni siglos en los que Catalunya viviera separada de España. Ciertamente tuvimos unas décadas de gloria, allá por los siglos XII o XIII, pero cuando los reyes católicos se unieron para formar lo que se llamaría España, Catalunya se hallaba en plena decadencia. Con toda seguridad no tuvimos suerte en los enlaces dinásticos. Si Fernando el Católico no se hubiera casado con Isabel, aportando al matrimonio el reino de Aragón y Catalunya, posiblemente la historia hubiera transcurrido por otros derroteros. Pero no fue así. Catalunya, los nobles, la iglesia, pactaron con el rey unas normas mínimas de convivencia y éstas son las que permitieron el desarrollo en un contexto de autonomía, de lo que había sido desde sus inicios una marca franca, repartida entre distintas baronías y condados. A lo largo de los siglos, nunca Catalunya se configuró como una estado independiente. Ciertamente la lengua, la literatura, la cultura, determinaban una muy fuerte identidad. Claro que se podía hablar de nación. Pero nunca los catalanes, a lo largo de más de cinco siglos, trataron seriamente de que la nación se convirtiera un día en Estado. Y si no lo hicieron o no lo intentaron, es porque llegaron a la conclusión que no les interesaba. Indudablemente se produjeron tensiones con las monarquías. Solo hace falta releer la historia. Pero el modelo del pacto, con mejor o peor fortuna, nunca dejó de estar presente en el ánimo de los catalanes. Nada que ver con Escocia.

Imagino que Borrell tenía en la cabeza estos recuerdos a la hora de destilar aquellas frases. Sin duda las lecciones de la historia sirven para algo. Y cinco o seis siglos pesan muchísimo. Tanto como para convertir la integridad de España, en algo muy sólido,consolidado. La integridad en la que una gran mayoría cree y está dispuesta a defender.

A esto se refería también Borrell. 

Y tenía razón.

 

22 de noviembre de 2018